El daño de la educación racista y sus consecuencias
Foto de: golubovy.
Primavera de 2010, 15 años, segunda evaluación. Yo siempre solía sentarme en la primera o segunda fila, pese a no tener amigxs en mi clase. Una clase que, a diario, se mofaba de mi pelo, con un apodo que me ridiculizaba allá donde pasaba. Desde cartas anónimas riéndose de mí a insultos racistas, se podría decir que el instituto hasta ese curso, 3º de la ESO (secundaria obligatoria del sistema educativo español), no fue mi mejor época, pero resistía como podía: unas nuevas amigas que había hecho, evadirme en la música e intentar pasar desapercibida. Hasta que un profesor, concretamente el de Lengua y Literatura de ese año académico decidió en lugar de llamarme por mi nombre, decirme ese apodo que tanta ansiedad me generaba delante de toda la clase. Ahí empezó todo. Dej...




















