La normalización del odio en tiempos de crisis

A pocos días de las elecciones de Madrid, es importante recordar las importantes consecuencias que tiene el ascenso de la derecha en muchas cuestiones sociales, las cuales necesitarían cada una de un artículo. Hoy yo me quiero centrar en una que resulta cada vez más preocupante, que es la generación de odio a los grupos de menores no acompañados.

Cartel electoral de VOX difundiendo bulos.

No es un secreto que en momentos de grandes crisis se refuerce la identidad nacional a base de señalar la otredad – aquella que por no cumplir con la homogeneidad de un territorio ha de carecer de derechos – convirtiéndola en el enemigo.

Tampoco es un secreto que uno de los grupos elegidos por la derecha como “grupo enemigo” ha sido el de menores no acompañados. Es ante todo espeluznante cómo se ha normalizado el señalamiento de niñas, niños y adolescentes como principales responsables de los males que suceden en este país.

Pero, ¿cómo se ha conseguido que buena parte de la población criminalice a menores?

Uno de los factores que me parecería importante reseñar para abordar esta cuestión es la ya señalada con anterioridad: la criminalización de la otredad. En tiempos de crisis, cuando los recursos y los derechos son dados de forma limitada, resulta natural que la clase política señale a un grupo como el culpable de que esos recursos y derechos no lleguen a la totalidad de la población porque hay que repartirlos. Sin embargo, es curioso que tienda a señalarse a quien ya de por sí carece o cuenta con pocos recursos y derechos en lugar de a quien se llena los bolsillos de dinero en tiempos de penurias.

Este tema, por supuesto, ha sido reforzado por muchos medios de comunicación, normalizando a los partidos que promovían el odio hacia los grupos de menores, dando voz a sus discursos de odio e incluso generando el suyo propio, como puede verse cuando señalan en la realización de algún crimen la característica de “inmigrante”, “negro”, “mena”.

La perspectiva de que un grupo genera escasez y miedo en los barrios parece dar carta blanca para que se les pague de esa manera: con escasez y con miedo.

Además, resulta mucho más fácil atacar a un grupo cuando se le despersonaliza, atribuyendo a sus integrantes un mote que obvie todas sus características como individuos, porque han pasado a formar parte de una masa abstracta de criminalidad y depredación. Porque a pesar de que muchas veces la agrupación de individuos permita el tratamiento de problemáticas parecidas, también puede utilizarse a la inversa, generando problemáticas para quienes poseen características similares.

Resulta impactante que la minoría de edad de quienes forman parte de este grupo no sea un límite para el ensañamiento del que son víctimas, pero con su criminalización y despersonalización, unido a una teórica escasez de recursos y derechos, que ha permitido arrebatarles el carné de personas, les ha convertido en el enemigo perfecto de la derecha y sus defensores.

Sin olvidar que el apoyo de los medios de comunicación y la pasividad de la mayoría política ante discursos, manifestaciones y actos de odio hacia estos menores, han facilitado el camino a que a día de hoy se vea como algo normal esta realidad cada vez más racista y discriminadora.

Ante esta situación, se hace necesario establecer un plan que proteja a los menores ante estas situaciones, ejerciendo presión para que las leyes que protegen a los menores se extiendan a la totalidad de los mismos, impidiendo el acoso, el escarnio público y demás acciones de violencia que se les dirige, además de señalar a los partidos, como Vox, como principales responsables de la crispación y retroceso social que a día de hoy vivimos.

Por todo ello, a pocos días de las elecciones de Madrid, se hace necesario recordar la importancia de votar para evitar el ascenso de quienes fomentan políticas que atentan contra la integridad de las personas y votando el día de la democracia por la democracia que tanto nos ha costado conseguir.

Por quienes por fin podemos hablar y por quienes todavía no pueden hacerlo, digamos NO.



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