“A mí me encantaría ir a África”
Esta frase la he escuchado demasiado y siempre me ha parecido igual de ambigua, de hecho, me produce un regusto incómodo. Cuando la dicen se me antojan siempre las mismas preguntas: “¿A sí? ¿Y por qué?”, “¿A sí? ¿Y a dónde?”, “Ah bueno pues, no sé, en algún lugar, es que África debe ser muy hermosa, con esos paisajes, la sabana, su gente….” Y poco más. A veces sale a relucir la idea del voluntariado, de forma mecánica, como si estuviera estrechamente relacionado “¿Te imaginas hacer un voluntariado allí? Debe ser una experiencia brutal”. Mis cuestiones son las mismas otra vez: “¿A sí? ¿Y por qué?”,“¿A sí? ¿Y a dónde?”.
Esas preguntas no son aleatorias y tampoco las respuestas. Desafortunadamente denotan esa persistente idea reduccionista de África en que la a...




















