17 formas para revisar tu racismo

Cuando empecé a escribir una lista, con mirada “argenta”, de cómo la gente blanca podía revisar sus racismos y así, aliviarle un poco la vida a la gente negra, me di cuenta que había cosas que no sólo aplicaban a la idiosincrasia de Argentina, sino que también podían ser llevadas a la realidad latina.  

Así nace esta lista. Una mirada sobre cuestiones que la gente blanca de cualquier lado puede preguntarse y rever; considero que hay un montón de disparadores que son parte de una conversación que está sucediendo en todos lados, al mismo tiempo, con diferentes voces pero que cada vez va tomando más potencia para unirse en un mismo grito. Quizás para las personas de color que la lean, les resulte algo evidente pero, estoy segura que más de una persona blanca que lea esto pensará ¿Esta mina me está llamando racista, a mí? Porque hay una suerte de ceguera que la población blanca tiene con respecto a su propio privilegio y consecuente racismo. Pero eso pasa con el privilegio blanco en general, es fundacional y funcional a la manera en que opera la sociedad, para los privilegiados es simplemente “la manera en que el mundo funciona” (los abanderados del “Solo debes poner esfuerzo y cumplirás todas tus metas”) pero, para nosotrxs es ser oprimidxs y tener que luchar por nuestro lugar en este mundo. 


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Desde la teoría, las personas blancas entienden de las diferencias, pero no pueden internalizar que la experiencia de efectivamente habitar este mundo es muy distinta para las personas negras, de color o indígenas, con respecto a la de ellos. Todo el tiempo, todos los días, desde que tengo memoria, me pregunto: ¿cómo le hago ver a esta persona que está actuando y diciendo esto desde su privilegio blanco? ¿Cómo hago para que tome conciencia que sus palabras discriminan y oprimen? Por eso, si Internet hace su magia, quizás esta lista llegue a gente blanca que esté dispuesta a escuchar y a replantearse un par de cosas. 

Así que, sin más preámbulos, sigamos revisando racismos parte 2: 

  1. Esta te va a doler, pero tomate el tiempo necesario para asimilarla: toda tu experiencia de vida está cubierta por tu privilegio blanco. Repito: toda tu experiencia de vida está cubierta por tu privilegio blanco. Todo lo que tenés -poco o mucho, de acuerdo a la balanza con que peses tu vida- hubiera sido mucho más difícil de obtener u alcanzar si no hubieras nacido con piel blanca. 
  1. Tenes un amigo/a al que apodan “el negro” o “la negra” buenísimo, eso no te avala para extenderlo a cualquier persona de ascendencia afro que conozcas. A menos que, explícitamente tengas la aprobación de la persona, no, no podés decirle de esa forma por más que te parezca “cariñoso”. 
  1. Sumando al punto anterior, tener un amigx racializadx no te exime de ser racista. Generalmente esto viene acompañado de la frase “tengo un amigx negro/asiático/mapuche/ no puedo ser racista”. Lamento informarte que sí se puede.  
  1. Por favor, ni se te ocurra comparar tu experiencia como persona vegana como algo similar al racismo. Suena ridículo, pero me pasó. Ni se te ocurra, hacete el favor, evitá la vergüenza y el ridículo.
  1. No digas “yo no veo colores, veo personas”.  No somos personajes de dibujos animados, el mundo no funciona así y si dices eso, eres una persona que carece de empatía. Pero esa frase queda bien en Instagram ¿no? Vos te evitas la incomodidad que te genera una charla sobre desigualdad e injusticia y al mismo tiempo silencias a las voces de las minorías que se sienten “molestas”.  Te tengo una noticia: el racismo no se va a ningún lado porque a vos te agarre daltonismo racial, a la gente la siguen matando por el color de su piel y tu silencio es cómplice del sistema. 
  1. Al volver de tus vacaciones, evitá mostrarnos tu bronceado exclamando “mirá, estoy del mismo color que vos”. Simplemente, no lo hagas. Porque tendrás mí color pero no el peso ni la carga de todo lo que éste acarrea.
  1. Todos tenemos problemas, independientemente de tu color de piel. Nadie lo niega, nadie te quiere quitar eso y tenes derecho a seguir reclamando por lo que sea tu problema. Esto es 100% real. Ahora, tenés que reconocer que ninguno de esos, han sido por tu color de piel (quizás hubieran sido peor si no fueras blancx). Vivimos atrapados en una rueda histórica que continuamente oprime y aplasta a las personas de color. Entendiendo y partiendo de esa base, es que se articula la conversación sobre el privilegio y el racismo. 
  1. Por favor nunca cuestiones la negritud de alguien porque te parece que su piel no es “lo suficientemente oscura”. Me pasa, me pasó y me seguirá pasando. La gente negra de piel más clara somos conocedores de ese pequeño y mínimo privilegio. 
  1. No nos toques el puto pelo. ¿Te gusta el pelo afro? Admíralo de lejos. No se te ocurriría tocar el pelo de una persona blanca, esas ganas de tocar el nuestro es morbo. No lo preguntes, mucho menos intentes tocarlo sin consentimiento. No lo hagas. No sé cómo enfatizarlo aún más. 
  1. Nunca jamás le preguntes a una mujer negra si su pelo “es de verdad” o la juzgues por su peinado, ya sean trenzas, esté al natural o use una peluca. 
  1. Y refuerzo: tampoco hagas comentarios de mierda como “te quedaría más lindo el pelo lacio” o preguntes “¿alguna vez te lo alisaste? Primero que nadie pidió tu opinión y, segundo, deja de mirar al mundo con el tamiz centro-europeo que pone a la supremacía blanca como la norma de belleza. Volver al punto 1. Gracias.
  1. Hablemos de la sexualización racial: decirle a alguien a quien estás intentado seducir “Nunca me acosté con una persona negra/asiática/indígena, etc.”  – es la forma más efectiva de asegurarte tu parcela en el infierno. 
  1.  Sugerencia: si tenés pensamientos tan fetichistas, ni te molestes en acercarte a una persona de color.
  1.  Si tienes una pareja negrx, aún así puedes ser racista. Y si estás tratando de comenzar una familia de raza mixta, date el tiempo para interrogar profundamente tus intenciones ya que tu responsabilidad debe ser mayor por el bien de tus seres queridos.
  1.  Esta es medio molesta también pero no deja de ser verdad. Ser parte de una minoría, ya sea de clase, LGBTQI+ o ser mujer o discapacitadx, no te excluye de poseer privilegio blanco y, por ende, de tener actitudes racistas.   
  1. No basta con no ser racista. Tenes que ser activamente antirracista. Porque si ves las actitudes discriminativas de un compañero del trabajo y no haces nada o pasas por alto el comentario racista de tu amigo e ignoras la pelea del vecino con el “negro de mierda” de la verdulería, entonces estás avalando. Ser antirracista es un verbo a ejecutar; porque lo que se permite, continúa y eso se transforma en la norma. 
  1.  Luchar contra el racismo no tiene nada que ver ni con vos ni con tus sentimientos. Las mujeres quizás lo entiendan más fácil: piensen en los hombres que se ofenden al quedarse “afuera” en las manifestaciones feministas. Aplica la misma lógica. No, no te estamos llamando racista y no, no tenemos nada en contra tuyo en particular. Por ser blancx tenés privilegio, listo. Lidia con eso como puedas o quieras, pero no te lo tomes personal. Esta lucha es para liberar a las personas de color de un mundo opresivo que busca aplastarnos en cada esquina y nos trata como los “otros” de un sistema funcional blanco. 

Agostina Yannone

Afroargentina, 7ma generación.
Profesional de Relaciones Públicas y Comunicaciones de Marketing. Viajera.
Twitter: agosyannone 


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