Quince formas en que un argentinx puede revisar su racismo

Internet y las listas son como las milanesas con papas fritas o la coca con el fernet, van de la mano y maridan increíblemente bien juntas. Listas sobre el racismo me he cruzado infinitas: cómo una persona puede empezar a cambiar actitudes, comentarios, implementar acciones, inclusive, para hacerle la vida más llevadera a la gente negra. Y siempre que las leía me quedaba un sabor semiamargo o semidulce (depende cómo mires las cosas), porque todas resultan ajenas a la realidad que se transpira en mi país natal, Argentina. Por más inverosímil que le parezca a lxs argentinxs que lean esto, nuestro país tiene racismos aún más profundos que los que tiene la sociedad estadounidense (fuente primordial de estas listas) porque, por lo menos, esta reconoce su racismo estructural e institucional, la argentina no. 

En cualquier de mis círculos, desde amistades, pasando por compañeros de escuela o Universidad, colegas de diferentes trabajos, entre otros, siempre levanté el banderín cuando se estaba cruzando una línea severamente racista – porque admito no tengo la energía para presentarme a todas las batallas de todos los comentarios racistas que escucho diariamente – y las respuestas oscilan entre la defensa, “¡Ay! ¿me estás llamando racista?”  y el ataque “Eso no es racista, además ¿qué te haces?… si vos no sos tan negra”, pero muy pocas veces, casi contadas con los dedos de la mano, alguien vuelve sobre sus dichos para cuestionarse lo que dijo. Ha pasado, pero es la excepción y no la regla. Entonces, como millenial amante de Internet y, sobre todo, como otra mujer negra más que está bastante harta de tener que todos los días andar explicando porqué ese comentario es ofensivo decidí volcar todo en una lista, pero con una mirada “argenta”; porque un país que se constituye bajo la premisa “en Argentina no hay gente negra” tiene todo por cuestionarse. 

La intención de esta lista es lograr que aquellas personas blancas, que lo deseen, tengan un punto de inicio para empezar a revisar lo que entienden por “racismo” (porque, lamentablemente, para la gran mayoría de la gente blanca argentina entiende por racismo contra la población afro a la policía de Estados Unidos golpeando injustificadamente a una persona negra en la calle) y empiecen a darse cuenta que más de una vez, seguramente, han tenido actitudes o comentarios racistas. Y sí, es muy probable que si hay algún argentinx blancx leyendo esto niegue rotundamente ser racista; pero he tenido esta charla cientos de veces con personas de mi más alta estima y, lamento informarte que, en algún momento de tu vida por ser de piel blanca y ser argentinx, caíste en comentarios o actitudes racistas. Y no, no estoy acusando a nadie ser parte del KKK (porque si algo tiene el argentinx es que todo se lo toma a pecho y lo lleva a extremos) si no que, a lo largo de mi vida como afrodescendiente en Argentina, he vivenciado racismos y microracismos – inclusive de personas que considero amigxs cercanxs- los cuales el emisor no tiene idea que está incurriendo y reproduciendo, porque cuando el racismo es estructural, es muy difícil auto percibirlo. Esto se debe a que la narrativa oficial de “en Argentina no hay población negra” creó, en realidad, una narrativa opresiva de supremacía blanca, donde las personas blancas son acreedoras de todos los privilegios que la blanquitud otorga. 

Por eso me gustó la idea de la lista (y porque #millenial). Es un buen puntapié para iniciar una conversación que necesita suceder; busque generar guías que no solo visibilicen sino también ofrezcan algunas pautas de cómo la población blanca argentina además de revisar su racismo (y privilegio) puede hacerle la vida un poco menos densa a lxs afrodescendientes y gente racializada en Argentina. 

Es mundialmente sabido que Argentina es un país de muchas contradicciones y en el cual, toda conversación es política, inclusive las que no lo son. Así que la mejor manera de empezar a darle sentido a esta lista es a través de una afirmación política: Argentina es un país construido en base de la sangre derramada de los pueblos originarios y las personas de África que los españoles arrastraron como esclavos; y sobre sus huesos y olvido, se erige hoy la nación.  

Habiendo dicho esto, a continuación, una breve guía para que las personas blancas revisen sus racismos: 

  1. La más importante que toda persona argentina debería saber y que no se enseña (es más, se niega) en la escuela: en la Argentina, hay población negra. PUNTO.
    Y seguramente los argentinxs que lean esto pensarán en la ola inmigratoria de los últimos 20 años proveniente de América Central o África Occidental (que sí, claramente ya se constituyen como afroargentinos) pero yo me refiero a los que estamos acá desde antes de la invención de la bandera nacional. Argentina tiene población negra descendiente del tronco colonial, de aquellos que fueron arrancados de su tierra y traídos como esclavos, como es mi caso que soy 7ma generación de afrodescendientes. Si me diesen $1 peso argentino por cada vez que en mi vida tuve que responder “soy de acá, nacida y criada y mi familia también” sería millonaria…cotizando en dólares. 
  1. Sabiendo que en Argentina hay población negra, pido por favor que no repitas más “en la Argentina no hay negros” o “toda la población negra se murió con la Conquista al Desierto”: ¡Es chamuyo!  Esta afirmación, por lo general, viene acompañada de una de las frases más repulsivas de todas, “Argentina no puede ser racista porque no tiene población negra”. Simplemente, ¡NO! – Borrá todas estas falsas premisas de tu cabeza. 
  1. Solo porque vos no puedas ver el racismo a tu alrededor, no significa que no está sucediendo. El mundo es mucho más grande que el propio campo de visión. Por favor, entendé y dimensioná que Argentina es racista. Racismo no es únicamente la policía moliendo a palos a una persona en la calle, como sucede en Estados Unidos. Negar a la población negra de forma sistemática, estructural y recurrente, es racismo. El Estado Argentino llevó adelante esta narrativa a la perfección. 
  1. No toda la gente negra comparte la misma mirada acerca de los mismos temas. No somos un frente unido para todo. Somos sujetos individuales, autónomos y únicos, y no “representantes gremiales de nuestra raza”. En definitiva, somos políticamente y socialmente diversos… como la gente blanca.
  1. En Argentina la población afro es muy chica y posiblemente, como me pasó a mí, solo haya una por grupo de personas. Esa persona no es abanderada ni portavoz de toda la población afro, no la atosigues a preguntas o si estás en un salón de clases y se habla de raza, no la mires esperando que tenga la respuesta o busques su opinión sobre situaciones de discriminación que hayan sucedido. Vuelvo al punto anterior: no todos somos iguales. Sin embargo, si esta persona inicia alguna conversación sobre el tema, por favor, escuchala. 
  1. Cuando interactúes con una persona racializada nunca le digas “Vos no sos de acá, ¿no?”. Y más importante aún, evitá intentar adivinar o asumir la raza de una persona. No es un juego. Es nuestra existencia. 
  1. Si hay docentes argentinxs leyendo esto, por favor, hablen acerca de la herencia cultural afro en la Argentina. Por favor, intenten dimensionar lo feo y desconcertante que es para una niña de 9 años estar en un salón de clases con tu profesor diciendo “en la Argentina no hay negrxs” mientras vos tomas apuntes en primera fila.
  1. Año 2021, pero hay que reforzarlo más que nunca: prohibido el “blackface”. No se pinten la cara con corcho. BASTA. Ni en los actos escolares ni en un programa de televisión, ni para una fiesta. Mi raza no es tu disfraz. 
  1. Si una persona racializada dice que una situación, comentario o actitud es racista, creé en su criterio y en lo que te está diciendo. Tomalo como una posibilidad de aprender y ser mejor. Volvemos al punto 3.
  1. Refuerzo al punto anterior: jamás pero jamás quieras explicarle a una persona negra qué es y qué no es racista. Jamás. Es el equivalente que un hombre le quiera explicar a una mujer cómo se sienten los calambres menstruales. 
  1. Esta me pasó hace muy poco (enero 2021): Si alguien te dice “soy afroargentino” no contestes “¡Ay! Nunca conocí a alguien que fuera de ahí” porque, posiblemente, nosotros tampoco. Mi herencia es afro, pero nací en suelo argentino, máquina. Como cuando vos decís “Soy italianx” y no llegas con los papeles para tramitar la ciudadanía. Ya que estamos, tampoco respondas con que fuiste de “safari a Tanzania” o que “viajaste al Mundial de Sudáfrica”: no tiene nada que ver. 
  1. Eliminá de tu glosario frases como: “negro cabeza”, “negros de mierda”, “negros villeros” y, la clásica y peyorativa, que engloba todo el odio y discriminación posible, “negros de alma”. 
  1. Derribando estereotipos: no por ser de raza negra podemos correr más rápido o somos buenos para los deportes, las mujeres somos temperamentales y fogosas y los hombres, sementales. Somos seres humanos, no raza de perros.
  1.  Jamás, pero NUNCA JAMAS, pienses que podés llegar a concebir lo que es experimentar el racismo. No podés. Ese es el quid de la cuestión. 
  1.  Y finalmente: no existe el “racismo al revés”. La gente blanca no puede sufrir racismo por su blanquitud.  Ni porque te ves “demasiado blanco” cuando vas a la playa o sos “tan rubio” que la gente te pregunta si sos extranjero o tenés ascendencia europea. Ser blanco es la “norma” o “tamiz” a través del cual se mira, juzga y estructura la sociedad.

Agostina Yannone

Afroargentina, 7ma generación.
Profesional de Relaciones Públicas y Comunicaciones de Marketing. Viajera.
Twitter: agosyannone 


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