
Esta ola de violencia hunde sus raíces en un racismo profundamente arraigado en la sociedad española. No hace falta irse muy lejos en el tiempo para constatarlo: los graves altercados y agresiones de Torre-Pacheco son una muestra reciente de este tipo de acontecimientos, y algunas personas empezamos a tener miedo. Se está hablando de “cazar inmigrantes; “este hecho es extremadamente grave.

Conviene recordar qué representó la Kristallnacht (la Noche de los Cristales Rotos) en noviembre de 1938: quizá parezca algo exagerado, pero aquel pogromo coordinado por la maquinaria nazi en Alemania, Austria y los Sudetes instauró una violencia de Estado que quemó inmuebles, destruyó vidas y sirvió de antesala al genocidio.
Tragedias contemporáneas y devastadoras como los genocidios en Palestina o en el Congo constatan que la memoria histórica se desvanece y la humanidad tropieza de nuevo en las mismas inercias. Por eso, lo que ocurre en Ceuta exige una alerta máxima: la extrema tensión que se respira en la ciudad puede convertirse en el detonante de una deriva de la que nos sea imposible retornar fácilmente. La falta de articulación y la lentitud institucional no hacen sino empujarnos hacia un atolladero sin salida fácil.
En toda esta gestión queda de manifiesto la notable asimetría entre lo que sucede en las fronteras de Ceuta y Melilla con lo que sucedió con la población ucraniana. España acogió y garantizó derechos inmediatos a más de 264.000 personas desplazadas de Ucrania; hubo incluso ciudadanos que viajaron en sus vehículos particulares a recoger a familias ucranianas.

Mientras tanto, la llegada de personas a la frontera de Ceuta —con cerca de 50.000 cruces en plena crisis humanitaria— desborda y paraliza a las instituciones. Esto no es una “invasión”, por mucho que algunos se obstinen en no entenderlo, aunque cientos de personas malvivan a la intemperie en las playas.
Lo que está sucediendo en Ceuta nos aboca a una deriva alarmante que evoca la tragedia de Lampedusa en 2015. (“Símbolo del fracaso de la política migratoria de Europa”). Existe una desatención institucional severa que omite por completo la situación específica de las mujeres y las niñas: se ignora su estatus jurídico, se obstaculiza el acompañamiento legal y se distancia la labor crucial de las ONGs y redes de apoyo.
El contraste entre la efectividad y los recursos desplegados para la acogida de refugiados ucranianos frente a la respuesta reservada a quienes cruzan la frontera sur ratifica que el valor de los derechos humanos sigue estando subordinado a la jerarquía racial. Ceuta es, indefectiblemente, la materialización de la frontera de color.
Pretender canalizar esta crisis despojando a mujeres y niñas de información accesible y de participación en su propio proceso no solo es inadmisible, sino que inflige un daño emocional devastador sobre personas que ya están al límite.
Cabría preguntarse qué se persigue con esta estrategia: ¿se busca alimentar un incendio de proporciones incontrolables?
Pues la pregunta se responde ante la inacción de los poderes públicos que representa la cara más implacable del desamparo jurídico. Esta dejadez salpica al tejido social y pone de relieve una grieta preocupante: el silencio de un movimiento feminista que no termina de situar esta catástrofe humanitaria en el centro de sus demandas. Negar la información a las niñas y a las mujeres implica negarles su autonomía y su agencia, tanto individual como colectiva. La incógnita política y ética sigue sobre la mesa: ¿qué respuesta se va a dar a las mujeres y niñas que resisten en la frontera?

El contraste entre los recursos desplegados para acoger a las personas refugiadas de Ucrania y la respuesta ante quienes cruzan a Ceuta demuestra que la pertenencia racial sigue dictando el valor de los derechos humanos en la Europa de las fronteras. Ceuta es la materialización de la frontera de color.
A pesar de la gravedad de la crisis, es justo reconocer la solidaridad de muchas personas, empezando por los propios ceutíes, que desean recuperar la normalidad y la convivencia lo antes posible.
Ante un racismo que opera como el principal vector de desestabilización social y una administración incapaz de aportar pedagogía y soluciones, la extrema derecha y sus tentáculos mediáticos alimentan un incendio que amenaza con consumirlo todo.
¿Cuál va a ser la respuesta del resto de la sociedad?
¿Qué os parece si pensáramos un poco más en las condiciones materiales de partida? ¿Qué os parece si pensáramos en las razones que empujan a alguien a preferir la muerte antes que quedarse en su tierra? Las acciones violentas, la deshumanización y el racismo no pueden justificarse bajo ningún pretexto. La lucha debe asentarse en el desarrollo de la justicia social y la dignidad para todas las personas.

Rita Bosaho
Activista afrofeminista y defensora de DDHH.
Primera diputada negra en el parlamento español y Ex-Directora General para la Igualdad de Trato y Diversidad Étnico Racial en el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España.
Si has sufrido racismo, o conoces alguien que lo haya sufrido, contáctanos. Podemos ayudaros a denunciar.
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Exactament, però ja se sap que si no tens la pell blanca i vens d\’un país que ha estat i està explotat i enfonsant pels governs dels països colonitzadors NO TENS CAP DRET COM ÉSSER HUMÀ