El hambre como política en Ceuta y la España que la aplaude
Más de un mes después del cruce masivo de finales de julio, en la playa del Trampolín de Ceuta siguen viviendo más de un millar de personas en tiendas improvisadas sobre la arena. El reparto de alimentos llega una vez al día, tras cuatro horas de espera al sol, y consiste en una bolsa con dos quesitos, un zumo y una pieza de fruta que debe cubrir la jornada entera. Se instalaron treinta duchas. No se habilitó ningún refugio. Las organizaciones que trabajan sobre el terreno llevan semanas repitiendo que esa cantidad de comida no alimenta a nadie.
Conviene decir lo que eso es. A miles de personas se las está manteniendo con hambre en territorio español. Lo llamativo no es la falta de recursos, en un país que ha comprometido trescientos nueve millones de euros para la ciudad hasta fina...




















