martes, junio 9

El mestizaje de usar y tirar

En Extremadura, una de las comunidades autónomas donde Partido Popular gobierna con VOX y ha incluido en su acuerdo de gobierno el principio de «prioridad nacional» —una cláusula que establece que los extremeños de origen español tendrán preferencia sobre los migrantes en el acceso a determinadas ayudas y prestaciones sociales—, la presidenta María Guardiola acaba de anunciar la creación del Instituto Internacional del Mestizaje Extremestiza. El acto tuvo lugar el 5 de junio de 2026 en Medellín (Badajoz), localidad natal de Hernán Cortés, y contó con la presencia del compositor Nacho Cano como figura principal de respaldo.

«Prioridad nacional» es un eufemismo administrativo que jerarquiza a las personas según su origen. Dice, en cristiano, que una persona migrante vale menos que una persona autóctona a la hora de recibir recursos públicos. Es la filosofía de Vox convertida en gestión. Una filosofía que afirma, implícitamente, que la mezcla de culturas, la movilidad humana, la llegada de gente de otros lugares, supone un problema. Pues bien, con esa política activa, con ese vicepresidente de Vox sentado en la Consejería de Desregulación, Familia y Servicios Sociales y aplicando su agenda desde allí, Guardiola elige anunciar un instituto dedicado al mestizaje. Al mestizaje como legado, como marca y, sobre todo, como producto exportable.

Porque mestizaje, en este contexto, no se refiere a las personas que hoy cruzan fronteras, que hoy duermen en pateras, que hoy trabajan sin papeles en invernaderos o, pongamos por caso, que bailan en musicales sin contrato. Mestizaje, en la versión Extremestiza, es un neologismo institucional disfrazado de concepto histórico vaciado de conflicto, higienizado, reconvertido en turismo cultural y diplomacia de marca territorial. Es el mestizaje de los siglos XVI y XVII transformado en recurso institucional para el siglo XXI. Lo que ocurrió entonces —la conquista, la esclavización, la violación sistemática de mujeres indígenas y africanas como mecanismo de producción de la población mestiza— queda fuera del relato. La presidenta lo dejó muy claro cuando afirmó que la historia «no puede ser un ajuste de cuentas» y que Hernán Cortés había sido víctima de «falsedades». Que «ni América ni México serían hoy lo que son sin su huella y su legado».

Tiene razón en algo. México no sería México sin Cortés. Tampoco sin los millones de personas que murieron durante la conquista, ni sin las mujeres indígenas que fueron tomadas por la fuerza, ni sin los africanos esclavizados traídos para reemplazar a la mano de obra indígena diezmada. El mestizaje tiene ese origen. No es un brindis entre culturas que decidieron conocerse.

El presidente de la Asamblea extremeña, Manuel Naharro, fue aún más explícito en el acto de Medellín. Recordó con orgullo los nombres de los extremeños que cruzaron el océano —Cortés, Vasco Núñez de Balboa, Francisco Pizarro, Inés Suárez— y los describió como figuras que viajaron «con el afán de ampliar los horizontes de su tiempo». Una descripción que haría sonrojar a cualquier historiador serio, pero que funciona perfectamente como guión para una asignatura optativa de secundaria. Porque eso también forma parte del paquete. Aula Extremestiza es el nombre de la nueva materia que comenzará a impartirse en 3º y 4º de ESO en el curso 2026-2027, a pesar de las protestas de sindicatos y docentes. Los niños extremeños aprenderán el legado de su tierra antes de que nadie les explique, con la misma rigurosidad, que ese legado incluye genocidio.

Aquí entra Nacho Cano. Afroféminas ya escribió sobre él en 2022, cuando su musical llegó a los escenarios de Madrid. Lo que entonces era un análisis cultural es hoy un análisis político. El Nacho Cano que se sitúa junto a Guardiola frente a la estatua de Cortés es el mismo que, con toda su cara, exigió a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que pidiera perdón a Isabel Díaz Ayuso por el trato recibido durante su visita oficial a tierras mexicanas.

Es ridículo y surrealista. En julio de 2024, Nacho Cano fue detenido acusado de favorecer la migración irregular en España, al haber traído a 17 jóvenes mexicanos para trabajar en su musical sin los permisos de trabajo correspondientes. El caso quedó archivado por presunto delito contra los derechos de los trabajadores, pero tuvo una derivada más en los tribunales. La sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid determinó que el «Curso Regular de Espectáculos» que impartía la academia Jana Malinche no está homologado ni reconocido por las autoridades académicas —en la documentación aportada en sede judicial no existe ningún título con ese nombre que genere derecho de permanencia en España— lo que significa que las prácticas no remuneradas en el espectáculo no otorgaban a los becarios ningún permiso de residencia temporal. La empresa Malinche The Musical Spain SL entró en concurso de acreedores en abril de 2026, incapaz de hacer frente a sus deudas, y el musical cerró sus puertas en IFEMA antes de lo previsto, arrastrando pérdidas sostenidas y años sin presentar cuentas en el Registro Mercantil. Ese es el hombre al que un gobierno que legisla la «prioridad nacional» para los migrantes elige como embajador cultural de su instituto del mestizaje, delante de la estatua de Hernán Cortés. Si no fuera tan grave, sería perfecto como guión de sátira.

Ese es el hombre al que la Junta de Extremadura invita a dar legitimidad cultural a su nuevo instituto del mestizaje. No a un historiador. No a una académica latinoamericana o indígena. No a nadie con autoridad intelectual sobre lo que el mestizaje significó para los pueblos que lo padecieron. A Nacho Cano.

¿Cuánto dinero público se destinará a este instituto? ¿Qué contrato, si existe, vinculará a Cano con la estructura Extremestiza? La comparación con la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid, creada por Ayuso y puesta al frente de Toni Cantó como pago de servicios políticos, es el precedente más cercano en la historia reciente del PP. Chiringuitos institucionales financiados con fondos públicos, cuya utilidad real es discutible, pero cuya función de recompensa política es evidente.

Extremestiza es una marca. Un neologismo torpe que combina Extremadura con mestiza y produce algo que suena a nombre de detergente. Detrás de la marca hay dinero público, hay un currículo escolar que se modifica, hay un instituto con proyección internacional que coordinará intercambios académicos y diplomacia cultural. Todo eso cuesta. Y todo eso se anuncia en un gobierno que también recorta subvenciones a ONG de cooperación internacional y que reduce en un 50% las ayudas a sindicatos, según los términos del mismo pacto con Vox que incluye la «prioridad nacional».

El concepto de mestizaje tiene una historia larga y compleja en América Latina, donde fue utilizado por los Estados nacientes del siglo XIX y XX como relato de cohesión que invisibilizaba a los pueblos negros e indígenas bajo la promesa de una identidad común que, en la práctica, significaba blanqueamiento progresivo. No es un concepto neutral. Está cargado de política. Que la derecha española lo recupere ahora, vaciado de esa historia, convertido en sinónimo de «legado compartido» y presentado como antídoto a la polarización, es una operación de apropiación conceptual. Toman la palabra —mestizaje— y le arrancan el cuerpo. Se quedan con el sonido y descartan el contenido.

Guardiola dijo en Medellín que «en tiempos de batallitas y polarización, Extremadura propone una identidad abierta». Una identidad abierta que cierra la puerta a los migrantes actuales. Una identidad mestiza que prioriza a los nacionales. Una celebración del encuentro entre culturas que glorifica al hombre blanco que llegó con espadas y cadenas.

Llevamos años diciendo que el problema del racismo institucional en el Estado español no es solo la violencia explícita ni el discurso de odio. Es también esto. La estetización del pasado colonial como recurso de imagen pública. La apropiación del sufrimiento histórico de los pueblos racializados para construir narrativas de orgullo regional. El mestizaje como producto de lujo mientras la migración viva se criminaliza o se tolera solo cuando resulta útil —y sin papeles, como en el musical de Cano, para que salga más barata.

El Instituto Internacional del Mestizaje Extremestiza abrirá con fondos públicos, coordinará intercambios académicos y tendrá proyección internacional. Hernán Cortés seguirá en su pedestal en Medellín. Y los migrantes que hoy viven en Extremadura seguirán siendo tratados, según el acuerdo que gobierna esa comunidad, como ciudadanos de segunda.

Ese es su legado.

Afroféminas



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