
Tras nuestra pasada por el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT) 2026, queremos compartir una selección de cinco piezas que hemos disfrutado mucho y han animado conversaciones fuera de las salas. Son películas y cortometrajes que ponen en valor la vitalidad, diversidad y capacidad de innovación de directoras y directores africanos y afrodescendientes contemporáneos.
Como suele ocurrir en festivales de esta naturaleza, muchas de estas producciones pertenecen a circuitos independientes y alternativos, por lo que no siempre llegan a las grandes plataformas de streaming o a las salas comerciales. Precisamente por eso creemos que merece la pena seguirles la pista, estar atentos a futuras proyecciones en cines independientes, filmotecas, centros culturales o incluso proponer su exhibición a través de asociaciones y colectivos locales.
1. Ancestral Visions of the Future (2025), de Lemohang Mosese
Entre las propuestas más hipnóticas y poéticas del festival se encuentra Ancestral Visions of the Future, la nueva obra del cineasta Lesotense Lemohang Mosese. A medio camino entre el ensayo cinematográfico, la memoria personal y la exploración experimental, la película diluye constantemente las fronteras entre realidad, recuerdo y reconstrucción.
A través de imágenes cargadas de simbolismo y relatos fragmentados, Mosese reflexiona sobre el exilio, la pertenencia y la memoria colectiva. Sin buscar respuestas definitivas, el director regresa a los espacios que marcaron su vida para construir una elegía sobre la pérdida, el desarraigo y la identidad. El resultado es una obra profundamente sensorial y poética que reivindica el cine como herramienta para recordar, imaginar y sanar.
Una película exigente, sí, pero también una experiencia cinematográfica difícil de olvidar.
2. L’mina (2025), de Randa Maroufi
Con apenas 26 minutos de duración, L’mina logra condensar décadas de historia social y económica en Marruecos. La directora Randa Maroufi nos traslada a Jerada, una localidad minera donde la extracción de carbón continúa de forma informal pese al cierre oficial de las minas en 2001.
Lo más fascinante de la propuesta es su dispositivo cinematográfico: los propios habitantes de la ciudad participan en la reconstrucción de las actividades mineras e interpretan sus propios papeles dentro de una escenografía creada colectivamente. El resultado oscila entre documental y performance, generando una poderosa reflexión sobre la memoria obrera, la precariedad y la capacidad de las comunidades para narrarse a sí mismas.
3. Memory of Princess Mumbi (2026), de Damien Hauser
El cuarto largometraje del director suizokeniano Damien Hauser nos transporta a Umata, un mundo situado en el año 2094 que utiliza el afrofuturismo para hablar, en realidad, de nuestro presente.
La historia sigue a Kuve, un joven cineasta que decide documentar la llamada Gran Guerra utilizando inteligencia artificial. Durante el proceso conoce a Mumbi, una mujer que cuestiona constantemente el uso de esta tecnología y que terminará convirtiéndose en mucho más que una colaboradora.
Lejos de apostar por un espectáculo futurista convencional, Hauser construye una película íntima y profundamente humana. Habla del amor, la amistad, la guerra, la depresión, el agotamiento emocional y las formas en que las nuevas generaciones intentan relacionarse en un mundo incierto.
La presencia de la inteligencia artificial atraviesa toda la narración, pero no como una promesa tecnológica distante, sino como una herramienta cotidiana que ya forma parte de los procesos creativos y afectivos de muchas personas jóvenes. El filme propone una reflexión crítica sobre sus posibilidades y sus límites sin caer en discursos simplistas.
Visualmente, la película combina imágenes generadas mediante IA con una fotografía orgánica y luminosa inspirada en los paisajes naturales y en referencias estéticas cercanas al universo de Studio Ghibli. El resultado es un mundo futurista sorprendentemente cálido y cercano.
Además, destaca la construcción de Mumbi como personaje femenino: una mujer negra compleja, independiente, divertida, vulnerable y plenamente humana, alejada de los estereotipos que todavía dominan buena parte de la representación audiovisual contemporánea.
4. Guillermina (2019), de Aída Esther Bueno Sarduy
Basada en hechos reales, Guillermina reconstruye la huella que dejó una niñera afrodescendiente en la memoria de un niño perteneciente a una familia acomodada de La Habana durante los años cuarenta.
Aída Esther Bueno Sarduy utiliza la animación y las imágenes de archivo para construir un relato que cuestiona constantemente la manera en que recordamos el pasado. A medida que avanza la narración, los recuerdos individuales se entrelazan con cuestiones más amplias relacionadas con el racismo, la clase social y los silencios históricos.
Con apenas 17 minutos de duración, el documental consigue abrir preguntas complejas sobre la memoria colonial y las relaciones raciales en Cuba y en el conjunto de América Latina.
5. Siempre el mar (2026), de José Arturo Ballester Panelli
Este cortometraje de animación experimental ofrece una mirada poética y conmovedora sobre la migración irregular en el Caribe.
A través de una animación 2D cargada de simbolismo, Siempre el mar explora las memorias, ausencias y esperanzas que quedan suspendidas en las aguas del océano. La pieza combina paisajes marinos, poesía visual, elementos ancestrales y recuerdos fragmentados para reflexionar sobre quienes emprenden travesías marítimas en busca de una vida mejor.
En apenas tres minutos, José Arturo Ballester Panelli logra construir una obra profundamente emotiva que conecta las experiencias migratorias contemporáneas con una perspectiva afrocaribeña y descolonial.
Una pequeña joya que demuestra cómo la animación puede convertirse en una poderosa herramienta de memoria y resistencia.


Zinthia Álvarez Palomino
Periodista, investigadora especializada en migraciones, memoria y enfoque descolonial, doctoranda en Estudios Culturales: Memoria, Identidad, Territorio y Lenguaje por la Universidad de Santiago de Compostela. Diplomado de posgrado pensamiento caribeño y feminismo descolonial por GLEFAS y la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de la Habana.
Impulsora del proyecto Mujeres negras que cambiaron el mundo, comisaria de la exposición A Coruña: Porto Negreiro. Cuenta con experiencia en proyectos culturales y comunitarios vinculados a la memoria urbana y a los procesos de reconocimiento identitario.
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