
La rabia. La rabia. ¿La rabia de las mujeres negras de dónde viene? ¿La rabia de las mujeres negras cuándo empezó y cuándo fue, por primera vez, expresada? Hablo de una rabia que he descubierto dentro de mí misma, dentro de mis primas, dentro de mis tías, dentro de mi madre.
Esta rabia no la causó el racismo, aunque haya hecho su parte. Esta rabia no es consecuencia del feminismo, aunque haya contribuido a liberarla. Para entender su origen hay que bajar hasta el principio del dolor.
Hace cinco siglos, durante la trata trasatlántica de esclavos, nació una marca que dejó una herida profunda en la psique de las mujeres que son evidentemente negras: las que se miran al espejo y no pueden pensar que son otra cosa. Esta rabia ancestral se comparte a través del ADN. Una huella de dolor tatuada en el inconsciente que está esparcida por el mundo.
Esta rabia es hija directa de la tristeza. Y esta tristeza es producto de sostener el silencio. Por eso existe. Es una tristeza que nos obliga a la no comunicación. A no poder expresar lo que se piensa de la forma en que se piensa. A no poder decir lo que una siente de la forma en que se siente. Y estar condenadas a la soledad del silencio.

Entonces nuestras madres; calladas, cabreadas, molestas, indignadas, tristes, en silencio, a través de la leche materna —con sus hijas— la comparten. La rabia de la que hablo es una rabia profunda con la que nos familiarizamos en la crianza. Una rabia que va contra todo y deprime. La rabia de la que hablo por sí sola no sirve. Y a pesar de que ocurran peleas, discusiones, destrucción interna y del espacio público, permanece adentro.
Esta rabia es astuta y se acomoda, encuentra su lugar dentro del alma y se posiciona. Así que no queda otra opción que no sea empezar a parir arte. Escribir y escribir y escribir y pintar y bailar y componer nuevas canciones; nuevas melodías que comuniquen el sufrimiento. Y hacer arte, en esencia significa: gritar un par de verdades para intentar reparar esta herida heredada, para tratar de embalsamar todas las experiencias amargas que vamos guardando.
Esta rabia no es específica de cada una. Es una rabia repartida que se alimenta de la negación de la palabra: Que nos hayan hecho creer que revelar nuestra forma única e individual de pensamiento está prohibido. Y yo les digo, por favor, no les crean. Sean libres y hablen y pinten y bailen y escriban todo lo que tengan para decir, sin miedo.
No, las mujeres negras no somos las eternas víctimas, ni las eternas empleadas, ni el ejemplo perfecto del abuso histórico. Las mujeres negras somos todas las cosas bellas que hay y que existen. Y pensar que, por negras, estamos obligadas —siempre— a hablar de racismo, supone una carga y un desperdicio total de nuestra capacidad intelectual y creativa.

Sí, es necesario que se hable, que se reclame y que se discuta; pero no debemos hacer este tema el centro de nuestra vida y por él ignorar todas las demás cosas bellas que somos. Esto solo nos mantiene dentro de una vorágine de locura en donde el victimismo visceral es capaz de asesinar nuestra confianza.
Las mujeres negras no son simplemente un cuerpo que sirve para el sexo y para después parir más hijas negras cuyo único propósito es la hipersexualización y el racismo y el maltrato y la miseria. Todas las negras mujeres tienen una fuerza y una sabiduría adentro, incluso si no la han descubierto todavía.
Y aunque el silencio pueda ser un ente peligroso que ayude a prolongar la exteriorización de nuestro poder intrínseco. Ese mismo silencio que nos han instalado con tanta autoridad en la garganta y que provoca que estemos en rabia; también puede ser un ente catalizador que nos impulse a transmutar el dolor por medio del arte.
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Phillis Wheatley (1753 – 1784): Primera mujer negra que publicó poesía estando esclavizada en Estados Unidos. Su libro fue titulado: Poems on Various Subjects, Religious and Moral (1773).
ON BEING BROUGHT FROM AFRICA TO AMERICA
‘Twas mercy brought me from my Pagan land,
Taught my benighted soul to understand
That there’s a God, that there’s a Saviour too:
Once I redemption neither sought nor knew.
Some view our sable race with scornful eye,
«Their colour is a diabolic die.»
Remember, Christians, Negros, black as Cain,
May be refin’d, and join th’ angelic train.
Traducción:
SOBRE SER TRAÍDO DE ÁFRICA A AMÉRICA
Fue la misericordia que me trajo de mi tierra pagana,
le enseñó a mi alma ignorante a comprender
que hay un Dios, que hay un Salvador también:
Una vez que la redención no busqué ni conocía.
Algunos miran nuestra raza de azabache con ojos de desprecio,
«Su color es un tinte diabólico».
Recuerden, cristianos, negros, negros como Caín,
pueden ser refinados, y unirse al tren angelical.

Joan Collins
Periodista panameña.
Ha publicado diversos textos en revista Afroféminas (España), periódico Capital Financiero y revista Concolón (Panamá), Global Voice, etc.
Formó parte de la antología poética ‘Sanaré: Sanar juntxs desde la palabra’ (Puerto Rico,
2021).

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