
Querida bell,
Ho, 25 de septiembre, habrías cumplido 74 años. Te escribimos a ti, bell hooks, a la niña Gloria Jean Watkins de Hopkinsville, Kentucky, que creció en un pueblo partido en dos por las vías del tren y que aprendió muy pronto que el mundo tiene un centro y un margen. Te escribimos desde el estado español, desde un lugar que quizá nunca nombraste y que hoy necesita tus palabras más que ningún otro. Se llama Ceuta. Es una ciudad del norte de África, una frontera europea clavada en el continente, y este verano se ha convertido en el espejo donde este país prefiere no mirarse.

Desde finales de julio llegaron miles de personas. Muchas eran niñas y niños. A finales de agosto el Gobierno contaba 1.478 menores en el sistema de protección de la ciudad, y 760 de ellos eran niñas. Tú habrías preguntado enseguida por ellas, porque siempre preguntabas por quienes quedan fuera del relato. Casi nadie habla de ellas. Se habla de cifras, de avalanchas, de invasión.
Tenemos que contarte algo que duele. Niños pequeños han sido agredidos condisparos de perdigones, duermne en las calles y vien en el desamparo. Niñas y niños, bell. Y mientras esto sucede se reparten con total impunidad sprays de gas pimienta entre mujeres ceutíes para que se protejan de los supuestos invasores de piel oscura.
Sabemos lo que dirías de eso. Lo escribiste hace más de cuarenta años en ¿Acaso no soy yo una mujer? y lo repetiste toda tu vida. El supremacismo blanco siempre ha usado el cuerpo de las mujeres blancas como coartada para la violencia contra los hombres racializados. La protección de «nuestras mujeres» es una vieja mentira que protege a la raza y al patriarcado, nunca a las mujeres. Las mujeres ceutíes no necesitan gas pimienta contra chicos que miran el mar. Necesitan lo mismo que las niñas migrantes, una vida libre de violencia masculina y de miedo fabricado. Y esas niñas migrantes, las que nadie se ofrece a defender, también son mujeres.
Nos enseñaste a nombrar el sistema completo. Lo llamabas patriarcado capitalista supremacista blanco, así, de un tirón, para que nadie pudiera separar las piezas. En Ceuta las piezas están todas juntas. Hay una frontera trazada por la historia colonial, hay un mercado que necesita mano de obra barata y la rechaza a la vez, hay una raza que decide quién es vecina y quién es invasor. Por eso tantos colectivos repiten estos días que lo de Ceuta no es una «crisis migratoria». La crisis está en la frontera, en las políticas y en la mirada. La gente que migra no es el problema.
Hablemos de la mirada. Escribiste sobre la mirada opositora, sobre el derecho de las personas negras a mirar de vuelta y a no aceptar la imagen que el poder fabrica de nosotras. Aquí esa imagen se fabrica cada día en televisiones y redes. Los hombres jóvenes aparecen como amenaza, los niños como carga, las mujeres ni aparecen. Mirar de vuelta, en Ceuta, significa preguntar quién hace esas fotos, quién escribe esos titulares y a quién le sirve el miedo.
Hay algo que queremos que sepas sobre esto bell. Tú escribiste desde la experiencia negra estadounidense, y buena parte de quienes hoy sufren el odio en Ceuta son marroquíes, magrebíes, musulmanes, junto a personas negras llegadas del África subsahariana. Tus herramientas viajan bien. El racismo antimusulmán y antimagrebí de España comparte gramática con el que tú desmontaste. Cambian los nombres del miedo y la estructura sigue siendo la misma. Te leemos desde aquí, con acento de aquí, y creemos que eso te habría gustado.

Te confesamos también la rabia. A veces nos piden calma, nos piden matizar, nos piden no crispar. Tú nos diste permiso en Killing Rage para sentir una rabia lúcida ante el racismo, una rabia que no destruye a quien la siente y que empuja a actuar. Tenemos esa rabia. La guardamos para convertirla en palabra, en red y en calle, como hicieron quienes se concentraron este mes en Palma y en Madrid para denunciar la violencia fronteriza y el racismo que sufren las personas migrantes en Ceuta.
Y te contamos la parte que te haría sonreír. En Ceuta también hay gente que ayuda, que acompaña, que traduce, que pone el cuerpo, aun sabiendo que quien ayuda también está siendo señalado. Tú habrías reconocido en esas personas lo que llamabas ética del amor. Para ti el amor era una práctica política, una decisión diaria de cuidar, de responsabilizarse, de respetar y de conocer a la otra persona. En tiempos de odio organizado, amar así es un acto de desobediencia.
Nos enseñaste también que el margen puede ser un lugar de resistencia y de apertura radical, un sitio desde donde imaginar otro mundo. Ceuta es un margen en todos los sentidos. Queremos creer que desde ese margen, desde esas redes de apoyo y desde esas niñas que un día contarán su propia historia, puede nacer algo distinto al miedo.
Firmabas en minúsculas para que importaran tus ideas y no tu nombre. Hoy no celebramos una figura. Celebramos unas ideas que siguen vivas y que hoy tienen una dirección concreta. Recordarte no es citarte. Recordarte es exigir que las niñas de Ceuta sean protegidas, que se investigue cada agresión, que se deje de hablar de invasión y se empiece a hablar de derechos.
Feliz cumpleaños, bell. Seguimos aprendiendo a transgredir.
Con amor y con rabia,
Afroféminas

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