miércoles, febrero 18

7 enseñanzas que nos dejó Audre Lorde

Si leemos el mundo a través de su poesía y su ensayo, comprendemos que el silencio nunca nos protegerá y que nuestras diferencias no son causas de división, sino fuentes de fortaleza. Audre Lorde nos enseñó que la supervivencia no es un ejercicio académico, sino una práctica política diaria para quienes no fueron diseñados para sobrevivir en este sistema. Aquí te damos siete de sus lecciones, para pensar cómo construimos comunidad sin borrar quiénes somos y qué poder reside en nuestra propia voz.

1, El silencio no te protegerá

Lorde nos recuerda que callar por miedo al juicio o a la represalia no garantiza seguridad; solo garantiza que nuestras verdades mueran con nosotras. La transformación real comienza cuando convertimos el silencio en lenguaje y acción, asumiendo la visibilidad como un acto de resistencia frente a un sistema que prefiere que las mujeres negras sean invisibles o mudas.

2. Las herramientas del amo no desmontarán la casa del amo

Esta es quizás su enseñanza más célebre. Lorde sostiene que no podemos alcanzar una liberación verdadera utilizando las mismas lógicas de exclusión, competencia y jerarquía que el patriarcado racista creó. Si intentamos «ganar» siguiendo las reglas del sistema que nos oprime, solo lograremos reformas superficiales que mantendrán la estructura intacta.

3. La diferencia es un recurso creativo

Para Lorde, el problema no es que seamos diferentes (por raza, clase, edad o deseo), sino nuestra negativa a reconocer esas diferencias y examinar las distorsiones que resultan de ignorarlas. La comunidad no significa uniformidad, sino la interdependencia de fuerzas distintas que se potencian entre sí para un objetivo común.

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«Si no me definiera a mí misma por mí misma, me meterían en las fantasías de los demás para mí y me comerían viva» Una niña negra abre los ojos en el Harlem de los años treinta. A su alrededor, un embriagador remolino de transeúntes, bocinas de coches, lámparas de queroseno, la caída de la bolsa, plátanos fritos, historias de la Granada natal de sus padres. Caminando a la escuela pública por las aceras nevadas, se da cuenta de que tiene la lengua trabada, que es legalmente ciega y que sus hermanas mayores la han dejado atrás.

Sigue dando tumbos a través del dolor y la soledad de la adolescencia, pero luego hacia la felicidad en la amistad, el trabajo y el sexo, desde Washington Heights hasta México, siempre cambiando, siempre fuerte. Esta es la historia de Audre Lorde. Un relato arrebatador que alienta la vida, sobre la independencia, el amor, el trabajo, la fuerza, la sexualidad y el cambio. Su primera y única novela, clasificada como una «biomitografía», pues combina el mito, la historia y la biografía para detallar sus experiencias navegando por la vida como lesbiana negra en el Estados Unidos de los años cincuenta.

4. El cuidado personal es un acto de guerra política

Mucho antes de que el «self-care» fuera una tendencia de marketing, Lorde escribió que cuidarse a sí misma no es autoindulgencia, sino autopreservación. Para una mujer negra en un mundo que busca su desgaste y desaparición, dedicar tiempo al descanso y al goce es una forma radical de resistencia y dignidad.

5. Identificar al opresor interno

Lorde nos advierte que hemos incorporado las voces del patriarcado y del racismo dentro de nosotras mismas. Parte de la lucha es desaprender esos prejuicios que nos hacen juzgar a nuestras compañeras o a nosotras mismas bajo los estándares de la norma blanca y heterosexual.

6. Lo erótico como poder

Lorde redefine lo erótico no como algo puramente sexual o pornográfico, sino como una carga de energía interna, un conocimiento profundo del placer y la satisfacción en el trabajo, la creación y la relación con los demás. Recuperar este poder erótico nos permite identificar qué es lo que nos hace sentir completas y rechazar lo que nos aliena.

7. La culpa no es una respuesta útil

Lorde instaba a pasar de la culpa a la responsabilidad. La culpa por el racismo o los privilegios propios no sirve si no se traduce en un cambio de conducta. Su legado nos invita a dejar de pedir disculpas vacías y empezar a realizar el trabajo incómodo de examinar nuestra complicidad con los sistemas de poder.

​Redacción Afroféminas



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