miércoles, enero 28

Ilhan Omar, atacada en Minneapolis

La congresista Ilhan Omar fue atacada el martes 27 de enero de 2026 mientras se dirigía a sus electores en un centro comunitario del norte de Minneapolis, Minnesota. Un hombre de 55 años, identificado como Anthony J. Kazmierczak, se acercó al atril y la roció con un líquido de color marrón mediante una jeringuilla. Según los periodistas presentes, la sustancia desprendía un fuerte olor a vinagre. El agresor fue detenido de inmediato por agentes de seguridad y posteriormente acusado de agresión en tercer grado.

Un hombre agrede a Ilhan Omar, la congresista demócrata de origen somalí habitual blanco de los ataques de Trump

Omar, de 43 años, se negó a abandonar el recinto pese a las súplicas de su equipo para que se sometiera a un examen médico. Continuó su discurso ante el aplauso del público que acababa de presenciar la reducción del agresor. «Aprendí desde muy joven que no hay que ceder ante las amenazas», declaró desde el podio. «Estos malditos idiotas no van a salirse con la suya». La congresista escribió posteriormente en la red social X que estaba «bien» y que un «pequeño agitador» no iba a impedirle hacer su trabajo.

La agresión se produjo mientras Omar exigía la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la dimisión o destitución de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Minneapolis atraviesa un momento de extrema tensión tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales en las últimas tres semanas. Renee Good, madre de tres hijos, fue abatida a tiros el 7 de enero dentro de su vehículo. Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos de 37 años, murió el 24 de enero mientras grababa con su teléfono un operativo migratorio. Los vídeos del incidente contradicen la versión oficial que lo describía como una amenaza armada.

Una historia de supervivencia y resistencia

Omar nació en Mogadiscio, Somalia, en 1982. La guerra civil obligó a su familia a huir cuando ella tenía ocho años. Pasaron cuatro años en un campo de refugiados en Kenia antes de que Estados Unidos les concediera asilo en 1995. Se instalaron primero en Virginia y después en Minneapolis, donde la joven aprendió inglés en solo tres meses viendo la televisión y acompañando a su abuelo como intérprete a las reuniones políticas locales. Se naturalizó estadounidense en el año 2000.

En 2016 derrotó a una veterana de 44 años en las primarias demócratas y se convirtió en la primera mujer somalí-estadounidense en ocupar un escaño legislativo estatal. Dos años después llegó al Congreso federal, donde fue una de las primeras mujeres musulmanas en la historia de la Cámara de Representantes. Su elección obligó a levantar una prohibición de 181 años sobre el uso de cubrimientos de cabeza en el hemiciclo para que pudiera legislar con su hiyab.

El odio sistemático desde la Casa Blanca

El presidente Donald Trump ha convertido a Omar en blanco recurrente de sus ataques desde 2019, cuando le pidió que «volviera a su país» pese a ser ciudadana estadounidense y congresista electa. En diciembre de 2025, durante una reunión de gabinete, la llamó «basura» y añadió que «sus amigos son basura», en referencia a la comunidad somalí. Dijo que Somalia «no sirve para nada» y que no quería a sus ciudadanos en Estados Unidos. El mismo día de la agresión, horas antes del ataque, Trump volvió a nombrarla durante un acto en Iowa para decir que los inmigrantes deben «demostrar que aman al país, no como Ilhan Omar».

La escalada retórica incluye acusaciones sin pruebas de fraude migratorio, insinuaciones sobre un supuesto matrimonio con su hermano y peticiones de deportación, encarcelamiento o destitución. El Departamento de Justicia y la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes han anunciado investigaciones sobre las finanzas de Omar y su marido. Omar respondió en X que Trump está «entrando en pánico» porque su apoyo «se está derrumbando» y le pidió que «saque a sus matones de Minnesota».

Las palabras tienen consecuencias

La agresión a Omar se suma a un patrón creciente de violencia política en Estados Unidos. Días antes, el representante Maxwell Frost, demócrata de Florida, fue golpeado en el rostro durante el Festival de Cine de Sundance mientras un hombre le gritaba que Trump lo iba a deportar. La congresista republicana Nancy Mace, que ha sido una crítica habitual de Omar, condenó el ataque afirmando que «ningún funcionario electo debería enfrentar agresiones físicas» independientemente de las diferencias políticas.

La comunidad musulmana de Estados Unidos observa con alarma una escalada que combina la deshumanización verbal con la acción material. Las palabras del poder tienen un eco peligroso cuando un presidente llama «basura» a una congresista y después un ciudadano la ataca con una sustancia química. Omar, que ha sobrevivido a la guerra civil, a los campos de refugiados, a la xenofobia y a la misoginia institucional, resumió su posición con claridad tras el ataque: «He sobrevivido a la guerra. Definitivamente voy a sobrevivir a la intimidación».

Que una mujer negra, musulmana, refugiada y madre tenga que pronunciar esas palabras desde un podio manchado por el odio es el retrato de una democracia en crisis. Que se niegue a abandonar ese podio es el retrato de la resistencia que sostiene a quienes nunca han tenido el privilegio del silencio.

Redacción Afroféminas


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