Transexualidad migrante. Cuando volver no es posible

Leo muchas cosas sobre las mujeres africanas, las racializadas, sus pelos, los microrracismos y racismos que sufren,… Pero llevo tiempo pensando que la gente del colectivo LGTB no está representada en nuestras reivindicaciones.

Ilustración de @pericalijera para Afroféminas

Vivimos en un mundo donde la diversidad sexual está muy extendida y es muy poliédrica, e intuyo que en nuestro colectivo habrá quien no se sienta identificado porque no se habla de ell@s. De todos es sabido que en Africa la homosexualidad no esta bien vista, no se comprende, no la entienden. Y desde Europa deberíamos acercarles esta realidad que existe.

¿Os habeís parado a pensar cómo debe ser para alguien de nuestra comunidad salir del armario en un ambiente hostil, donde no van a ser comprendidos y mucho menos aceptados?

Yo mientras estudiaba la carrera de magisterio estaba trabajando en una peluquería afro. Allí conocí a gente muy diversa: africanos, latinos, árabes… Gente que se buscaba la vida como podía. Y para mí fue un lugar de aprendizaje: conocí realidades y vivencias que jamás podía haber conocido en otro ambiente, lo que me hizo abrir la mente.Hubo una persona que me marcó, su historia me conmovió y quiero compartirla con vosotras.

A ella  la conocí en su transición  de hombre a mujer. Era de Ghana y llegó a Barcelona siendo pequeña. Vivió con una tía, hasta que esta la echó de casa a los 17 años, porque ella no aceptaba su cuerpo masculino y se vestia y actuaba como una mujer. Llevaba más de 15 años aquí, e hizo lo imposible para cumplir su sueño: estar a gusto con su cuerpo. Venía a la peluquería a ponerse extensiones. El día que venía era una fiesta, se reía a carcajadas, bailaba, nos invitaba a comer, siempre bromeando y hablando con todas las clientas.Recuerdo que cuando se hormonaba para el cambio le cambiaba la voz y a mí que era jovencita, me hacía mucha gracia. Y se reía conmigo.

La primera vez que la vi ya como mujer me quedé impactada. Estaba realmente guapísima, estaba espectacular… Nos hizo un pase de modelos, estaba feliz. Seguía viniendo a ponerse pelo y nos explicaba sus experiencias con su nuevo aspecto. Deciros que se operó entera.

Trabajaba de lo que trabajan muchas de las personas trans y travestis,  y no se jactaba de ello, recuerdo que siempre decía: “¿Cuándo llegará el día que podamos pedir trabajo en una panadería, un bar, o donde sea  y que no tengamos problemas para conseguir ese puesto?”.

Nos presentó a su pareja, para ella nosotras éramos su familia.

Un día vino, y estaba super triste, le preguntamos: “¿qué te pasa hoy, tú que siempre estás alegre y risueña? Nos enseñó una carta que había recibido de su hermana mayor donde le explicaba que su madre estaba enferma y que seguramente no viviría mucho tiempo.

Ella no paraba de llorar, y yo me quedé petrificada porque no entendía su dolor. Y al final me dijo: “No puedo presentarme en Ghana así, (volteando todo su cuerpo) me lapidarían, mi familia no sabe que ahora soy mujer, no saben cómo vivo, solo saben de mí por las cartas y porque les mando dinero cada mes, pero no se preguntan de donde sale ese dinero y lo que me cuesta ganarlo, y jamás ninguno ha venido a visitarme.”

Me quedé helada. Qué tristeza más grande. Qué fácil es aquí en Europa salir del armario, cambiar de sexo, ser gay, lesbiana, bisexual… En África es otra historia, es una sociedad sexista y homófoba.


Judit Raso Eho

Mujer, negra, orgullosa de su etnia, de su cultura y de sus raíces. Maestra de educación infantil.

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