De mujer negra a mujer negra: una entrevista sobre la invisibilidad de las personas negras en México

Cuajinicuilapa en el estado de Guerrero, es el municipio de México con más personas afrodescendientes

Resulta bastante difícil hablar de la presencia afro en un país como México. Cuando eres negrx en México, la gente casi siempre piensa que eres extranjerx. Aunque en mi caso no se equivocan, durante los ocho años que he vivido en este país, pude darme cuenta que la gente negra existe y que muy poco se habla de ella.

Conocí a Scarlet Estrada en la universidad, ella es antropóloga también, afromexicana, estudia periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y se encuentra redactando su tesis de licenciatura sobre la sexualización de las mujeres negras en Ciudad de México.

Scarlet Estrada

El autoreconocimiento como mujeres negras es una experiencia que las mujeres de otros países vivimos de una manera muy distinta, nosotras no tenemos duda de que somos negras porque podemos reconocer a nuestros padres negros, a nuestros familiares negros, nuestros apellidos son negros…

¿Cuándo comenzó tu reconocimiento como mujer afromexicana?

Es difícil decir que hubo un momento, porque constantemente me estoy reafirmando. Y más en México, en donde las poblaciones afrodescendientes están invisibilizadas, entonces este proceso de autoreconocerte es constante. Me acuerdo cuando era chiquita y siempre me preguntaban que de dónde era, yo respondía que era de aquí de la ciudad, “eres de Veracruz, de Oaxaca”, incluso, una señora vecina de Veracruz me decía: “es que tú pareces jarochita, te voy a llevar a mi pueblo, eres jarochita”, y nunca tuve la noción de porqué me decían eso. Siempre me cuestionaban mi nacionalidad. Yo no sabía por qué pasaba esto, simplemente pasaba y ya. Nunca me había puesto a reflexionar hasta que entré a estudiar antropología. Ahí, recuerdo mucho, fue la primera vez que por fin alguien hablaba de lo que me pasaba… Me preguntaba por qué en la adolescencia odiaba mi cabello o por qué me pasan estas cosas que solamente me pasan a mí. En una de las clases de segundo semestre de antropología, el profesor llevó a una chica colombiana que hablaba sobre el cabello afro y el afrofeminismo. La chica comenzó a hablar sobre su cabello, sobre el significado de dejarlo suelto, de dejarlo rizo, dejarlo libre, porque dejarlo libre significaba para ella liberar una parte que estaba oprimida. Ella decía que siempre se había sentido obligada a cambiar su pelo para poder ser aceptada, para encajar en la sociedad. Yo también pasé por esto en la infancia y en la adolescencia. Al final de la charla, me quedé con la duda, porque quería saber más. Eso me sonaba bastante, comencé a investigar más desde la antropología y me encontré con lo afromexicano. Recuerdo a una ocasión que fui a una plática con académicos sobre los diferentes nominativos que tienen para cada población en México, un señor comenzó a hablar de Michoacán, lo cual me hizo mucho ruido porque mi abuelo es de Michoacán, entonces habló de los afropurépechas y me sorprendió bastante. Empecé a reconocer que mi abuelo es afro, y que mi padre también, a pesar de que no lo conozco porque se fue hace muchos años. Así comenzó mi reflexión, más bien, siento que he estado reflexionando sobre esto. Reconocerse es un proceso inacabado. La gente siempre ha hecho una diferencia durante toda mi vida, y esto significa, claramente, que no soy igual a los demás, que tengo algo diferente que no sé qué es. El reconocimiento es aceptar esta diferencia y abrazarla y no decir “odio mis enormes caderas”, ah, porque esa fue otras de las cosas con las que me identifiqué con la otra chica de la charla. Me ha costado mucho trabajo amar mis caderas, siempre hacen chistes “inocentes”, referentes a mi trasero. Aceptar esta diferencia y abrazarla. Este cuerpo es mío y no lo voy a odiar.

¿Así supiste que eras negra?

Creo que siempre lo supe, más bien, nunca lo había nombrado. Veía las caricaturas de Barbie y siempre me identificaba con la más morenita, por el cabello chino. Veía cualquier serie y siempre me identificaba con los personajes negros. Más a fondo, creo que también tuvo que ver cuando la gente afromexicana comenzó a reconocerme… tú sabes lo que eres porque te reflejas en los demás, los otros también forman parte de lo que tú concibes sobre quien eres. Recuerdo que la primera vez que fui a un fandango en una casa enorme en Coyoacán, un chico negro me saludó con mucha familiaridad y entonces, empezó a sonar un son que me gusta mucho, me metí a bailar y el chico que me había saludado, me dijo “yo sé de dónde eres, eres de mi pueblo Tlacotlalpan, Veracruz”. Le dije que no, que era de la ciudad y se sorprendió. Ahí dije: “soy afro”. Tengo las características físicas de otras chicas afro, sé que en lo cultural tengo un gran vacío, porque vivo en la ciudad, porque no tengo las tradiciones de la gente negra de México, es un poco raro, pero está la parte del cuerpo que es súper significativa. Siempre lo sabes, pero lo enuncias hasta que tienes conciencia.

¿Qué significa reconocerte de esta manera en México?

Significa dar cuenta de poblaciones que han sido invisilizadas por muchos años. Puedo ser un poco repetitiva, pero insisto en que se debe abrazar y aceptar la diferencia, empoderarse también. No tratar de acoplar tu cuerpo y demás a bellezas que no te corresponden. Además, creo que reconocerse implica no solo decir que unx es afro, en lo personal, implica también tomar conciencia de las desigualdades, discrimanciones y racismos que se viven, con lo afro y con el resto de las poblaciones indígenas de México. Reconocerme como mujer negra en México es apelar a nuestra presencia y decirle a la demás gente que aquí estamos, que estamos construyendo México, me refiero no sólo a la gente que nacimos aquí, sino también a los migrantes. Hay mucha gente negra que está llegando y hace parte de México. También creo que reconocerse como mujer afromexicana es velar por los derechos de todas y todos.

¿Por qué es importante asumirte así?

Es una forma de decir que aquí estoy, que soy diferente, no soy como las demás, ni tengo porqué hacerlo. Aquí estamos, existimos, hay mucha diversidad, la gente tiene que darse cuenta de eso. Para mí es importante asumirme así porque a partir de que empecé mi reconocimiento empecé a generar cierto cosquilleo en otras personas que no han hecho este proceso. Primero en mi familia, mi familia se logró reconocer. Es importante porque los demás pueden ver en ti que son afrodescendientes, es como un espejo.

Imagen del documental «Somos afromexicanos»

¿Cómo te sientes con esta decisión?

Libre y empoderada. Ya no siento culpa de tener este traserote grande y hermoso, ya no tengo culpas porque mi cabello se rize. Me siento muy liberada, con amor, con amor de tener este cuerpo. A veces me conflictua, pero es genial poder darle nombre a esas violencias que sufrimos específicamente las mujeres negras. Tengo la libertad y el poder de nombrar esas violencias y luchar contra ellas.

¿ En qué iniciativas has participado por el reconocimiento de los pueblos negros de México?

He participado en varios conversatorios, encuentros y coloquios sobre derechos humanos. También en varios eventos académicos que discutían sobre la autodenominación de los pueblos negros para que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía lo tuviera en cuenta para el censo de 2020. También organicé un programa de radio en el que invité a varias personas negras que viven en la Ciudad de México para que hablaran sobre su reconocimiento personal como negros y sobre el racismo que viven en la ciudad.

El esfuerzo que institucionalmente están realizando las personas afromexicanas por el reconocimiento de la “tercera raíz” a nivel nacional corresponde de una manera muy profunda con el proceso personal que cada unx ellxs vive de reconocerse negrx.

Si bien en México, el racismo puede ser evidente de maneras muy explícitas —como cuando se arremete en las redes sociales contra Yalitza Aparicio cada vez que sale modelando en la portada de alguna revista—, también opera de forma muy silenciosa cuando se omite de la historia nacional la participación política, social y cultural de las personas negras. Se dice que en México no hay negros, pero esto no es cierto.

¿Para qué le sirvió el nacionalismo a México sino fue para acallar las voces y negar las pieles negras de las personas esclavizadas que llegaron de África? El silencio y la invisibilidad son violencias que se esconden bajo el embauco del mestizaje y la democracia racial. El mestizaje como biopolítica negó los cuerpos negros de este territorio. Hoy, estos cuerpos rebeldes se levantan, hablan, se reúnen, discuten entre ellos y se organizan para reconfigurar las dinámicas discusivas populares que niegan su presencia. La gente negra de México existe: ¡aquí estamos!


Valeria Angola

Delegada de Afroféminas en México. Afrocolombiana residente en México. Licenciada en Etnología y Artes Escénicas. Profesora de danza.

Twitter e IG @valurulu

Un comentario

  1. En cuanto ser negro, cuando estudiaba, habían en la UNI, paisanos con ascendencia negra pero como eran de piel clara o con pecas, cejas gruesas y cabello ensortijado pero de color rojo. A eso le agregamos labios grueso como su voz, altos con buena estructura muscular. En mi persona si nos enseñaron en casa reconocer nuestra ascendencia negra y yo en forma de broma les decía que eramos negros cuero ‘volteao’.jajajaja. Entonces lo que importa es reconocer nuestra belleza, como de nuestra fortaleza física y mas que todo; la alegría que les traemos al mundo, sumido en una solemne seriedad, que las hace olvidar que estamos vivos. hablenmetodos@hotmail.com (facebook Moreu Insignares)

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