Mujer negra en Polonia

Por lo general estamos acostumbradas a denunciar los prejuicios y las actitudes racistas o estereotipadas de aquellas sociedades en las que hay una coexistencia de diferentes razas/etnias y culturas fruto de una tradición histórica asociada al colonialismo. ¿Pero que ocurre en aquellos píases que no cuentan con dicha tradición? ¿Que sucede en aquellos países por definición mono-raciales y mono-identitários que han estado tradicionalmente exentos de cualquier forma de contacto con otras razas/etnias?

Al hilo de estos planteamientos me gustaría compartir mi experiencia personal tras mas de un año siendo residente en Varsovia, la capital de Polonia. Polonia cuenta con una historia muy particular asociada a su posición geopolítica, considerándose a si mismos el ultimo bastión del «mundo libre» actuando como frontera y barrera defensiva entre Europa, por un lado, y la Rusia comunista, por otro, así como del mundo islámico. También cabe destacar que como nación han desarrollado una identidad muy centrada en replegarse sobre si mismos, como mecanismo de autodefensa ante las múltiples invasiones extranjeras que han sufrido a lo largo de su historia. Polonia nunca ha invadido un país extranjero, pero al mismo tiempo cuenta con una política muy restrictiva respecto a la recepción de personas migrantes/migradas. De hecho, prefieren pagar las multas asociadas a no aceptar las «cuotas de personas inmigrantes» impuestas por la Unión Europea antes que abrir sus fronteras a demasiada «influencia extranjera». Resumiendo, uno de los principales elementos identitários de la cultura polaca y motivo de orgullo nacional es una nula diversidad étnica y un rechazo a todo lo extranjero, pero paradójicamente conviven estos elementos identitários con una fascinación y culto por las personas negras y los elementos que ellos entienden que están asociados. En Polonia ser negro es sinónimo de belleza, de ser «cool», símbolo de fuerza, de predisposición sexual, habilidades amatorias, éxito y toda una retahíla de atributos y misticismos varios que el imaginario colectivo ha ido desarrollando. Todos estos atributos se extienden por igual a las personas blancas que se relacionan con negros, ya sea como pareja o como amigos. De hecho no puede haber nada mejor para la reputación de un polaco que tener una pareja negra. Yo misma lo viví con mi novio de aquel momento siendo exhibida como un trofeo en los clubs de moda y fiestas varias. Los negros están de moda, los negros venden. La gente quiere saber quien eres, tocarte el pelo o hacerse fotos contigo. Los chicos llegan literalmente a acosarte para tener un poco de atención u oportunidad de algo mas, las chicas compiten entre ellas por tu amistad en un intento de reforzar su imagen social. La cultura hip hop exportada de EE.UU ha influido mucho a la hora de desarrollar estos fetiches.

Por otro lado, una de las cosas que mas me llama la atención es la hiperrepresentación de las personas negras en el mundo de la publicidad y el marketing. Para grandes sectores de la población polaca (especialmente los jóvenes), salir del yugo comunista y abrirse a los modelos de consumo capitalista va inevitablemente unido a la adopción de la «cultura negra» como símbolo de estatus y como reclamo para venderte casi de todo. La población negra en Polonia es prácticamente inexistente, pero las calles están repletas de vallas publicitarias con personas negras, lo mismo ocurre en televisión. He llegado a ver en más de una ocasión modelos protagonizando campañas de importantes marcas deportivas que exhibían un aspecto que nada tiene que ver con lo que se espera de alguien que supuestamente practica deporte, estaban allí simplemente por el hecho de ser negros.

Reconozco que en mas de una ocasión me he sentido cómoda con toda esta fascinación, pero no debemos olvidar que se trata de un regalo envenenado, un arma de doble filo cargada de nefastas sinergias que expongo a continuación:

  1. Una apropiación cultural que asume la parte por el todo. Con esto quiero dar a entender que se asumen ciertos rasgos típicos de lo que suponen que es la cultura negra (cultura hip hop estadounidense básicamente), al tiempo que adolecen de una ignorancia total de realidades mas amplias. Y esto nos lleva al siguiente punto.
  2. Invisibilización y desconocimiento del racismo estructural y de las formas en las que opera. Todo ello como consecuencia de asumir como propios ciertos clichés, desconociendo otras tantas características del fenómeno. Es algo así como un «ser negro a la carta», asumen ciertos roles, cierta estética y elementos identitários considerados «cool» pero sin tener que renunciar a sus privilegios como blancos.
  3. Cosificación de las personas negras. Primero ven a un negro y solo después a la persona. Hay que primero superar el filtro de todas las fantasías colectivas creadas en torno a las personas negras antes de que te vean simplemente como una persona. Aquí es donde nos encontramos con los famosos microrracismos, que en el caso de Polonia adquieren dimensiones dantescas. Tengo que explicar muy a menudo que no me gusta el reggeaton ni la salsa, como me cuido el pelo, como reacciona mi piel al sol, que maquillaje utilizo (como si fuera un extraterrestre),etc… Ademas de estos, también he de convivir con los estereotipos asociados a las personas españolas (que son otro capitulo a parte). Con lo cual ando siempre expresándome entre la indulgencia, el tedio, la gracia y la desesperación.
  4. La simpatía hacia lo «exótico» va unido a su excepcionalidad, no hacia el colectivo en si. En el momento en el que los polacos vieran difuminarse su identidad en una sociedad mas diversa estoy segura de que empezarían a surgir brotes de xenofobia y tensiones sociales, dadas sus características culturales. Pero mientras se trate de algo aislado, extraordinario y «exótico» puede seguir gozando de su valor simbólico.

Con todo esto solo he pretendido exponer mi experiencia cotidiana en un país ex miembro del bloque comunista. Creo que es importante desarrollar este tipo de análisis porque permiten establecer lazos y modos de comprensión mutua con países que tradicionalmente han estado blindados política y socialmente, ademas de que entiendo que es completamente necesario dado el ritmo acelerado de los procesos de globalización.


Lidia Cortes

Licenciada en Ciencias politicas y Sociologia por la Universidad de Valencia. Me gusta el arte, viajar y la antropología cultural. Instagram  @lidiacortesdamian

Un comentario

  1. Desgraciadamente partes de una premisa falsa en tu texto. Polonia, ni es ni ha sido un estado monoétnico. Durante la segunda guerra mundial se mataron en Polonia 3 millones de judíos polacos, casi la totalidad de la población judía de Polonia. Tampoco hay que olvidar a la población gitana polaca, por no hablar de los armenios que llevan siglos en Polonia. Hasta la Segunda Guerra Mundial, las minorías étnicas suponían el 30% de la población (tras ella, el 2%). Un saludo.

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