Democratización del riesgo de vulnerabilidad

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Como todos sabemos, en la mayoría de los países la discriminación racial está mal vista. Sin embargo, esto no implica la desaparición de la misma, sino la exigencia de utilizar términos neutros al referirnos a ella. De esta manera, es muy complicado identificar las discriminaciones basadas en estos factores.

Una de las pruebas más determinantes a la hora de comprobar que estas formas de discriminación están todavía vigentes, aunque escondidas bajo el velo de un discurso extremadamente cuidado, es el número de personas encarceladas y los delitos de los que se les acusan. En el primer caso, existen estudios (véase en el libro “El color de la Justicia”) que demuestran que la mayoría de las personas que se encuentran hoy en instituciones penitenciarias son personas negras o pertenecientes a otras minorías racializadas como los latinos. En el segundo caso, también hay estudios que demuestran que la mayoría de estas personas se encuentran privadas de libertad debido a comportamientos delictivos basados en la necesidad económica, como robos o contrabando de sustancias psicoactivas. De esta manera, si los recursos y el interés policial están destinados en su mayoría a la persecución de delitos relacionados con la necesidad económica, las probabilidades de que las personas pobres sean el blanco de la persecución policial es claramente alta.

Sin embargo, debido a la creciente necesidad del sistema de justicia de mostrar un trato igualitario a todas las personas a la hora de impartir justicia, lo ha llevdo a una gran encrucijada. Por supuesto, el opresor necesita oprimidos para poder mantener su posición. A pesar de esto, para poder mantener el poder, se necesita de la credibilidad y sumisión del pueblo para poder ejercerlo. Por desgracia para muchos, el pueblo constituye una amplia mayoría y por tanto, se necesita también de su credibilidad para evitar una rebelión de clases que tambalease su posición. Como la gran mayoría del pueblo está concienciada y sensibilizada en términos de raza dado el gran impacto social que ha supuesto en los años anteriores la práctica indiscriminada de maltrato racial, no se podría mantener este sistema sin efectuar unos cambios.

Los cambios, lejos de erradicar la discriminación, ampliaron los marcos de la misma. Es decir, la persecución policial ya no se centra únicamente en la raza, sino en un conjunto de estereotipos marginales que la sociedad se ha encargado de inculcar para mantener su sistema de control. Por ello, dentro de los grupos perseguidos pueden caber personas blancas o de otras nacionalidades, siempre y cuando cumplan con dichos estereotipos, como lo pueden ser la pobreza, el consumo de estupefacientes, la compañía o incluso la vestimenta. Esta nueva filosofía se denomina democratización del riesgo de vulnerabilidad.

Desgraciadamente, esta nueva filosofía sobre todo es aplicada en aquellos países donde los índices de pobreza son exageradamente altos y que, por tanto, la probabilidad de que personas blancas puedan caer en ella también es mucho alta. Esto es claramente visible en los países de Sur América, lo cual es triste ya que están aplicando medidas occidentales para castigar a su propia gente.

Además, mientras la persecución a personas con escasos recursos ha incrementado, la persecución de crímenes cuyas víctimas coincidían con estas condiciones económicas ha disminuido drásticamente.

En relación a lo último que he mencionado y para cerrar con broche de oro el relato, quería poner como ejemplo una situación que tuve que vivir hace unos años:

Fabio, un amigo brasileño, con 18 años recién cumplidos y morador de la favela actualmente llamada “Villa California” (Belo Horizonte), decide salir a una discoteca con sus amigos un sábado cualquiera. Fabio estuvo toda la noche de fiesta, y al salir de ella, por la confusión que provocó la droga a un viandante que también se encontraba en la fiesta y la permisibilidad de que los jóvenes lleven armas siempre y cuando cumplan con condiciones de pobreza y no las utilicen fuera de sus zonas marginales, se llevó un tiro en el pecho que puso fin a su corta vida.

Mi amigo era pobre, pero ello no le dirigió a la delincuencia como a otros amigos suyos. Cuando la policía recogió el cuerpo, vieron que no portaba ningún arma, por lo que quedaba descartado que hubiese sido una pelea entre bandas donde el menos rápido quedaba eliminado. Pero, a pesar de ello, seguía manteniendo su condición de marginal dada su procedencia, grupo de amigos e ingresos. Por supuesto, jamás se abrió una investigación que persiguiese a los causantes del homicidio. La noticia de que una persona había sido asesinada salió en la televisión, pero no se mencionaron datos significativos sobre la víctima como su nombre, su edad o que no iba armado, sino que únicamente se hizo alusión a su procedencia “la favela”. Esto daba lugar a que la imaginación de los de las clases medias y altas divagase entre diferentes posibilidades estereotipadas generalmente relacionadas con la delincuencia. Tampoco se mencionó la manifestación que se produjo un día después para exigir la investigación y arresto del asesino.

Para finalizar, en conmemoración de Fabio Pereira, el que me ha inspirado a denunciar esto, le dedicó a él y a todas las personas olvidadas este breve poema de Assata Shakur:

“Tú moriste.
Yo lloré.
Y seguí poniéndome de pie.
Un poco más despacio
Y de forma mucho más letal”.

 

 

Sheila Alvarez

 

Sheila Alvarez

@sheilalvarezzz

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