jueves, febrero 19

Palabras que discriminan. Racismo en el Lenguaje

Palabras que discriminan

El  lenguaje cotidiano refleja los valores de nuestra sociedad. Los prejuicios contra cualquier grupo social que se siente desfavorecido, perseguido o proscrito en algún momento de la historia, por razón de su sexo, etnia, o cualquier otro factor, inmediatamente pasan al lenguaje cargando de connotaciones negativas los términos empleados para designarlos.

El habla no es inocente y las palabras a veces, consciente o inconscientemente, están cargadas de dolor  y agresión. No podemos volver la espalda a esta realidad que es una perpetuación de la discriminación y aquí nos proponemos mostrar algunos ejemplos de cómo la presión racial también puede venir de la palabra.

El símil “trabaja como un negro” (lo mismo que su equivalente “como un esclavo”) es un fiel testimonio de la servidumbre y sumisión de los negros llevados al continente americano. Debido a esta fuerte asociación, en español el término negro se ha metaforizado pasando a designar al escritor anónimo que realiza un trabajo para una persona destacada sin que se le reconozca su autoría. También se aplica a quien escribe las memorias de algún personaje. Los ingleses, eluden aquí lo racial y lo llaman ghost-writer (escritor fantasma).

Algunas metáforas contienen referencias más denigrantes. Al negro se le ve como una persona desordenada, sin reglas sociales. La imagen queda plasmada en la frase “una merienda de negros”, empleado como sinónimo de confusión y desorden, y que tampoco encontramos en inglés.

Pero en inglés, la voz negro tiene un matiz más despectivo que en español desde su mismo nacimiento. La palabra black solo empezó a utilizarse a partir del siglo XIX coincidiendo con unos aires más democráticos y liberadores, y hasta entonces no se había aplicado en el sentido de raza. Con el tiempo esta voz serviría para arrinconar y teñir de una fuerte carga negativa a negro, así como a nigger, mucho más peyorativa. Como sucediera con homosexual en inglés, black tiene una connotación más neutra, desprovista de reminiscencias coloniales.

De todos modos la palabra black tampoco es inocente, pues las connotaciones de que son portadores el blanco y el negro en el habla diaria son muy diferentes. La blancura es sinónimo de muchos atributos de carácter positivo: puro, honesto, bello; por el contrario, lo negro es impuro, atemorizante, malévolo, oscuro, difícil. Lo blanco es salvífico; lo negro es generador de mala suerte.

Un estudio que comparaba los sinónimos de white `blanco’ y black `negro’ que aparecen en un conocido diccionario de sinónimos llegó a la conclusión de que whiteness tiene 134 sinónimos, de los cuales 44 tienen una connotación favorable y sólo 10 tienen un matiz ligeramente negativo; y blackness tiene 120 sinónimos, de los cuales 60 son claramente desfavorables, y ninguno de ellos es ni siquiera ligeramente positivo.

En la lengua española existen montones de expresiones idiomáticas que reproducen también esta visión. Hay una “suerte negra” (“tener la negra”, “un día negro”, etc.) que con actitud supersticiosa algunos tratan de inculpar a los gatos de ese color; hay una “mano negra” que corroe muchas instituciones, una mano invisible pero bien fuerte, extendida por personas y grupos con “negras intenciones”; un “mercado negro” y un “dinero negro”, así llamados por su ilegalidad; y un “garbanzo negro”, una “oveja negra”, un “pozo negro” … Todo en negativo. En ninguna de estas expresiones el blanco está presente, y cuando lo está, el contraste es bien significativo: existe una “magia negra” pero, al contrario que la blanca, implica a poderes maléficos e infernales. No es casual tampoco que en el juego del ajedrez las piezas blancas sean las primeras en moverse.

Hay infinidad de términos en español para adjetivar al individuo de raza negra. Los términos son infinitos y esto es común en la lengua española con todos los colectivos a los que se quiere señalar. Son más de dos mil las expresiones empleadas a lo largo de la historia para referirse a las prostitutas, según un recuento del lexicólogo Miguel Casas (1986). Lo mismo ocurre con los homosexuales, drogadictos, etc. las expresiones son innumerables. Beatriz Varela, en su libro El español cubano-americano (1992), ha recopilado un buen número de singulares y pintorescas expresiones, entre ellas charolitos, morenos, pardos, tizones, chocolates, así como otras no menos humorísticas como caimitos, zanates cuscos, monos. I.L. Allen, en un estudio monográfico sobre el tema (The language of ethnic conflict, 1983), ha recopilado 233 alusiones a la raza negra en el inglés de Estados Unidos. Tales designaciones, y las variadas asociaciones a que dan lugar, describen de una manera muy plástica la visión estereotipada que la sociedad blanca tiene de los negros.

“gente de color”, “personas de color”

Todo esto contrasta con lo políticamente correcto. En este caso las expresiones utilizadas son muy pocas, pero no por ello afortunadas. La más conocida la calificación de color (“gente de color”, “personas de color”), y su correlato inglés colored (colored people), que parece ideada para tranquilizar a los bienpensantes. A pesar de la buena intención, su imprecisión y ambigüedad, le restan utilidad.

Otro término muy distinto por sus connotaciones es Afro-American (afro-americano). La premio Nobel de Literatura Toni Morrison, haciéndose eco del sentir de algunos intelectuales negros, decía que no era negra sino afro-americana. Tal expresión proporciona unas referencias etno-históricas positivas, al evocar con orgullo el origen africano de sus antepasados; además se aprovecha de la analogía de formaciones de similar composición como Cuban-american, Latin American, Mexican-American, etc. Su uso es, sin embargo, excluyente, pues sólo puede encontrar aplicación en el contexto norteamericano.

Resulta muy difícil eliminar las expresiones racistas o xenófobas del lenguaje. También las sexistas. Pero es una lucha que nos concierne a tod@s. Poco a poco se puede hacer camino y si no damos concesiones a la intolerancia lo conseguiremos. Las palabras son importantes. También para nosotr@s.


Elvira Swartch Lorenzo

Colaboradora Afroféminas

Granada


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49 comentarios

  • Zaltu

    Yo creo que aquí se magnifica en ciertos aspectos el problema. Digamos que la palabra «negro» primeramente se refiere simplemente al color negro, o más bien a la ausencia de todo color. Otra de las definiciones hace referencia a las personas negras. Pero no tiene porque asociarse siempre cualquier valor negativo que utilice el término «negro» con personas negras. Muchos de los valores negativos que se asocian al negro tiene que ver con una historia mucho anterior al colonialismo y al surgimiento del racismo. Por ejemplo, tener la negra no tiene nada que ver con las personas negras, sino con un método de selección de la Edad Media en el que podía tocarte una alubia blanca u otra negra. Hay, por supuesto, otras expresiones claramente racistas como «merienda de negros» que no hace falta discutir. Pero de ahí a asociar racismo con cualquier uso negativo del término negro hay un trecho. El asociar lo negro (como ausencia de luz) con lo negativo tiene que ver con otros hechos totalmente distintos. Se asocia lo negro con la oscuridad, la noche, que en nuestra especie se asocie con algo negativo tiene que ver con la inseguridad de la noche, somos seres que desarrollamos nuestra actividad de manera diurna. Es una cuestión cultural y antropológica y no tiene nada que ver con la «raza». Es igual que usar ropa negra para el luto (y no en todas las culturas, en la etnia china Han utilizan el blanco). Todo esto tiene más que ver con un uso simbólico de los colores, no es una cuestión racial (fenómeno por cierto que tiene que ver con la época esclavista y colonialista) Hay múltiples estudios sobre el simbolismo del color disponibles en internet para quien le interese. Podría poner más ejemplos, pero queda patente que no todo es una cuestión racial. Si digo que tengo un día negro, no lo asocio con algo negativo porque soy un racista que piensa en la supremacía blanca, sino porque el negro es el color del luto y de la muerte.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Negro_(color)#Simbolismo_y_usos

    • La pregunta es: ¿A las personas se las debe llamar por el color de la piel? A todo un colectivo humano, ¿Se le debe llamar o referirse a él por el color de la piel, justo cuando decimos que «el color de la piel no importa? El color negro puede ser muy «beautiful», muy bonito, muy breillante, pero por eso hemos de llamarnos como si fuésemos COSAS dado que el color es propiedad de las cosas? Somos el único colectivo humano enpamtanado en hablar eternamente sobre el color de la piel…….. Los asiáticos PASSSSSSSSAN de SER o de llamarse AMARILLOS. Aprendamos de ellos.

      • Zaltu

        Toda la razón. Pero precisamente se pone todo el rato énfasis en el color, para diferenciar los privilegiados (blancos) de los no-blancos. Si no existiese racismo la gente se referiría al color de la piel igual que se habla del color del pelo. Es decir, rasgos físicos no racializados.

      • A estas alturas, el color de la piel no debe seguir marcando la diferencia, No es lo que nos identifica. Tenemos otros valores. No debemos ya entrar en el juego de los que llamas «blancos». Son los supremacistas quienes nos impusieron ese «nombre» justo para diferenciarse radicalmente de nosotros y para expulsarnos de la humanidad. Toca alejarse rápidamente del lenguaje del cristianista esclavizador. Asumir su lenguaje es claudicación. De ahí la Campaña Internacional Afrotransición, que intenta ayudarnos a liberarnos del lenguaje cosificador aplicado por nosotros a nosotros mismos y a todo lo que producimos: arte (negro), música (negra), conciencia (negra), memoria (negra)… ¿Es para diferenciar nuestro arte, nuestra música, nuestra conciencia, nuestra memoria, etc. de la de «los blancos»? Es una de las cosas que nos ierde, haber hecho del color de una cosa (la epidermis) nuestro «valor» diferenciador. En esto somos ÚNICOS. Los asiáticos, poe ejemplo, no caen tan bajo. Sus vidas «amarillas» les importan un comino. Y con razón. Aprendamos de ellos.

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