Las Luna son como las flores
Las Luna van rompiendo el viento con sus narices respingadas y sus cachetes colorados…, o morenos…, o pálidos y pecosos. Las niñas no tienen colores equivocados. Las Luna van entredormidas tal vez porque les tocó trasnochar trabajando para la casa, en la casa o haciendo teletrabajo desde sus casas aquí en el campo, vereda Helechales. Dejan para última hora el trabajo académico, (¿cómo dejar de hacer el trabajo, así sienta alfileres en los ojos que se cierran solos; los profesores nunca entienden) que llevan en carteleras con las que se acomodan con trabajo porque se las quiere ganar el peso de un morral que casi no pueden cerrar por el tumulto de libros que a duras penas alcanzan a leer, más la docena de huevos recién puestos para doña Josefa y el kilo de café de don Nicolás. No deja...




















