La tragicomedia de ser una centennial mestiza
Desde bien pequeña, había aprendido mejor que nadie lo que era convivir con la mezcla entre mi españolitis y mis raíces afro. Una mezcla cultural que parecía tener vida propia, como si fuera un personaje secundario al que nadie había invitado, pero que siempre se acababa colando por alguna parte: En fiestas, en reuniones, en actuaciones escolares… Tendría yo unos seis o siete años cuando la famosa e incordiosa pregunta, ¿de dónde eres? Vino a mí con más fuerza que los cuadernillos Rubio en vacaciones.
Yo quería tener una infancia normal. Una infancia donde las preguntas sobre mi color, mi pelo y otras cuestiones (que no le importaban a nadie) no estuvieran presentes. Pero mi mezcla, fiel compañera de vida, se adelantaba. Y no le podía hacer sombra, porque sencillamente vivía en mí y par...




















