
El fuego de los disturbios de Harlem en 1964 le reveló una furia racial que la empujó hacia la militancia, pero fue el amor, radical y pleno, el lenguaje con el que eligió escribir su vida. Esa tensión, entre la rabia justa y la decisión consciente de escribir desde el amor, atraviesa toda la obra de June Jordan.
Nació en Harlem, Nueva York, el 9 de julio de 1936, hija única de una pareja de inmigrantes jamaicanos, Granville Ivanhoe Jordan, empleado de correos, y Mildred Maud Jordan, enfermera a tiempo parcial. Cuando tenía cinco años la familia se mudó al barrio de Bedford-Stuyvesant, en Brooklyn. Su padre le transmitió el amor por la literatura, la animó a leer con disciplina y a memorizar textos clásicos desde niña, y a la vez la golpeaba por el más mínimo error, llegando a llamarla, en sus propias palabras recogidas años después en sus memorias, «maldita niña negra del diablo». Fue en ese hogar contradictorio donde empezó a escribir sus propios poemas, a los siete años.
Asistió a escuelas preparatorias de élite, mayoritariamente blancas, y llegó a Barnard College, donde conoció al estudiante de Columbia Michael Meyer, con quien se casó en 1955, apenas con 19 años. Lo siguió a la Universidad de Chicago, donde cursó estudios de posgrado en antropología, y luego volvió a Barnard. Ahí terminó de confirmar algo que ya intuía, que un plan de estudios pensado desde y para la blanquitud y la masculinidad no tenía espacio real para ella, y dejó la universidad sin graduarse. En 1958 nació su único hijo, Christopher David Meyer. Se divorció en 1965 y lo crio sola.
Los disturbios de Harlem de 1964 marcaron el punto de quiebre. Jordan emergió con fuerza como poeta y activista política justo en el momento en que las autoras negras empezaban, por fin, a ser escuchadas. De esa rabia inicial nació un compromiso que sostuvo durante el resto de su vida, la liberación de las mujeres, los derechos civiles, y el fin de la guerra y las intervenciones militares de Estados Unidos, temas que atravesaron sus ensayos década tras década.

Fue una escritora prolífica y multidisciplinar, con más de veinte libros publicados entre poesía, ensayo, novela, literatura infantil y libretos de ópera. Debutó en 1969 con Who Look at Me, poemas dirigidos a la infancia. Escribió la novela His Own Where (1971) y la biografía Fannie Lou Hamer (1972), dedicada a la activista afroamericana por el derecho al voto. Sus ensayos quedaron reunidos en Civil Wars (1981), On Call (1985) y Technical Difficulties: African-American Notes on the State of the Union (1992). En los años 80 se estrenó su obra teatral The Issue, dirigida por Ntozake Shange, y escribió el libreto del musical Bang Bang Uber Alles. En 1995 firmó la letra y el libreto de I Was Looking at the Ceiling and Then I Saw the Sky. Como columnista, su firma apareció con regularidad en The Progressive, The Village Voice, The New York Times, The American Poetry Review y The Nation.
Jordan defendió con firmeza el inglés negro como forma legítima de expresión cultural, en una época y un mundo académico que lo trataba como un desvío incorrecto del inglés «verdadero». Esa convicción conecta directamente con lo que la poesía negra contemporánea sigue reivindicando hoy, la palabra propia como arma de resistencia frente al lenguaje occidentalizado blanco, y con la tradición de escritoras negras que, como ella, entendieron la literatura como una extensión directa de su activismo.
Empezó a enseñar inglés y literatura en 1967, y más tarde impartió estudios afroamericanos en la Universidad de California, Berkeley, donde luchó por la inclusión de los estudios negros y de estudios del Tercer Mundo en los planes universitarios. En 1991 fundó ahí el programa Poetry for the People, centrado en la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía, y sobre todo en fortalecer el vínculo entre la universidad y la comunidad, en particular con jóvenes en riesgo. El programa se convirtió en libro en 1995, junto con textos de sus propios alumnos, bajo el título June Jordan’s Poetry for the People: A Revolutionary Blueprint.
En el año 2000 publicó sus memorias, Soldier: A Poet’s Childhood, donde volvió sobre la infancia que la formó, con toda su complejidad y sus heridas. Murió el 14 de junio de 2002, en Berkeley, a los 65 años. Su legado quedó institucionalizado en la June Jordan School for Equity, y una sala de conferencias del Eshleman Hall, en Berkeley, lleva también su nombre.
June Jordan escribió desde la rabia y desde el amor a la vez, sin tratarlos como contradicción. Convirtió el inglés negro, la bisexualidad sin disculpas y la poesía como pedagogía comunitaria en herramientas políticas mucho antes de que esas palabras fueran comunes en el activismo contemporáneo. Su obra sigue ahí, esperando ser leída con la misma urgencia con la que fue escrita.
Redacción Afroféminas

Descubre más desde Afroféminas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
