martes, agosto 25

Sonia Pierre, la mujer que el Estado dominicano intentó dejar sin patria

Sonia Pierre Angomás, conocida también como Solange Pierre y apodada «la Cleopatra del Caribe», nació en 1963 en el batey Lechería, del desaparecido ingenio Catarey, en Villa Altagracia, República Dominicana. Sus padres habían llegado desde Haití a finales de los años 50 para cortar caña de azúcar durante la dictadura de Rafael Trujillo. Creció ahí junto a sus diez hermanos, en una comunidad de trabajadores inmigrantes haitianos indocumentados, la misma que décadas después convertiría en el centro de toda su vida política.

A los 13 años organizó una protesta de cinco días exigiendo mejores condiciones de vivienda, herramientas y salarios para los trabajadores de la caña de su batey. La protesta le costó el arresto, y también consiguió suficiente atención pública para que se atendieran las demandas de los trabajadores. Fue el primer gesto de una vida entera dedicada a una sola causa, el reconocimiento de las personas dominicanas de ascendencia haitiana como sujetos plenos de derecho.

Fundó y presidió el Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA), organización que combatió el antihaitianismo y trabajó por los derechos de la población dominico-haitiana. A partir de mediados de los años 90, MUDHA brindó asistencia legal a miles de personas apátridas para ayudarlas a regularizar su situación y obtener documentos de identidad. Pierre solía trabajar hasta la madrugada, haciendo llamadas y conectando a las personas con la ayuda que necesitaban.

En 2005 llevó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos el caso de dos niñas haitianas a quienes el Estado dominicano les había negado el certificado de nacimiento, conocido como «Yean y Bosico vs. República Dominicana», un litigio que puso el problema de la apatridia dominico-haitiana en el radar internacional.

El Estado respondió del modo en que suele responder a las mujeres negras que le exigen cuentas. En 2007, la Junta Central Electoral dominicana puso en duda el acta de nacimiento de la propia Pierre, y el gobierno terminó anulando la nacionalidad dominicana que ella misma había ostentado toda su vida, alegando que había sido obtenida de forma fraudulenta. Ella se puso a disposición de las autoridades para una investigación imparcial, confiando en la justicia de su país. Ese mismo año, la Suprema Corte de Justicia dominicana resolvió que los trabajadores haitianos habían sido considerados «en tránsito», y que sus hijos, por esa razón, no tenían derecho a la ciudadanía dominicana, la misma lógica jurídica que en 2013 desembocaría en la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la que despojó de la nacionalidad a decenas de miles de personas dominicanas de ascendencia haitiana y que sigue siendo, hoy, una de las heridas abiertas más profundas entre ambos países de la isla.

El hostigamiento no se quedó en lo institucional. Funcionarios dominicanos la señalaron como enemiga del país, empresarios la hostigaron y recibió amenazas de muerte. Cuando sus dos hijos mayores cumplieron la mayoría de edad y solicitaron su cédula, sus nombres aparecieron publicados en la prensa en una lista de personas acusadas de fraude y narcotráfico, un intento de difamación dirigido contra su familia para desgastar su activismo.

El reconocimiento internacional llegó en paralelo al acoso local. Pierre recibió el Premio de Derechos Humanos Ginetta Sagan Fund de Amnistía Internacional en 2003, el Robert F. Kennedy Human Rights Award en 2006, entregado por el entonces senador Ted Kennedy, quien la describió como una de las personas más valientes y abnegadas de su generación, y el Premio Internacional al Coraje de la Mujer del Departamento de Estado de Estados Unidos en 2010, de manos de Michelle Obama y Hillary Clinton. El entonces presidente de Haití, René Préval, la condecoró con la orden Honor y Mérito. Ella y MUDHA también fueron nominadas al Premio UNESCO de Educación para los Derechos Humanos en 2002.

Murió el 4 de diciembre de 2011, a los 48 años, de un infarto en su finca de Villa Altagracia, mientras se recuperaba de una segunda cirugía a corazón abierto. En 2016, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos la reconoció de forma póstuma con el Premio Iqbal Masih para la Eliminación del Trabajo Infantil.

Treinta años después de aquella protesta de cinco días en un batey, Sonia Pierre sigue siendo el nombre que hay que pronunciar cada vez que se habla de apatridia, de racismo antihaitiano y de lo que cuesta, en esta orilla del Caribe, nacer negra y reclamar una patria que se empeña en no reconocerte.

Redacción Afroféminas



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