




Hay vidas que se leen, se escuchan y se bailan. Se resisten. Un 28 de mayo, el mundo se quedó un poco más en silencio cuando Maya Angelou decidió mudar de plano, pero nos dejó la partitura completa de lo que significa ser una mujer negra, libre. Una mujer fenomenal.
Ella lo sabía bien. No nació siendo un monumento; se esculpió a sí misma a base de ritmo y coraje.
Still I Rise
You may shoot me with your words,
You may cut me with your eyes,
You may kill me with your hatefulness,
But still, like air, I’ll rise.
Y aún así, me levanto
Puedes dispararme con tus palabras,
puedes cortarme con tu mirada,
puedes matarme con tu odio,
pero aún así, como el aire, me levantaré.
El ritmo de Maya comenzó con un silencio profundo. Tras el trauma de la infancia, las palabras se le escondieron en el cuerpo durante cinco años. Estaba acumulando fuerzas. Cuando el pájaro enjaulado por fin abrió el pico, tronó. Entendió que la herida, cuando se comparte, se vuelve medicina colectiva, porque como ella misma nos advirtió:
“No hay mayor agonía que llevar una historia no contada dentro de ti”.
Supo ser bailarina, cantante, conductora de tranvía, activista junto a Malcolm X y Martin Luther King, poeta de presidentes y, por encima de todo, espejo para nosotras. Nos enseñó que la resiliencia no es aguantar el golpe en silencio, si no es transformar el dolor en un arte tan majestuoso que obligue al mundo a mirarte al caminar. Ella no buscaba encajar en los márgenes de nadie, porque entendía dónde reside la verdadera libertad:
“Solo eres libre cuando te das cuenta de que no perteneces a ningún lugar, que perteneces a todos los lugares, a ningún lugar en absoluto”.
Su legado para las mujeres negras fue un decreto de poder. Nos liberó de la necesidad de pedir permiso o disculpas. En cada verso, en cada carcajada honda que soltaba en las entrevistas, nos recordaba que nuestras caderas, nuestra risa, nuestros misterios y nuestra fuerza son bendiciones, nunca problemas.
Phenomenal Woman
I’m a woman
Phenomenally.
Phenomenal woman,
That’s me.
Mujer Fenomenal
Soy una mujer
fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
esa soy yo.
Su vida fue la prueba viviente de una de sus verdades más absolutas:
“Puede que no controles todos los eventos que te suceden, pero puedes decidir no ser reducida por ellos”.
Hoy, a años de su partida, el pájaro enjaulado ya no canta por su libertad, canta porque la conoce. Y nosotras, Afroféminas, seguimos celebrando ese canto. Nos levantamos sobre sus hombros, caminamos con su orgullo y recordamos que, mientras una de nosotras siga recitando sus versos, Maya Angelou seguirá marcando el compás de nuestra historia.
Porque no hemos sido vencidas. Porque, como el aire, todavía nos levantamos.
Afroféminas

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