El lunes del 23º FCAT nos trajo una pregunta que interpela directamente a cualquier productora de contenido independiente: ¿existe más libertad creativa cuando el presupuesto es escaso? En el Árbol de las Palabras-Aperitivos de Cine, instalado en plena playa de Los Lances de Tarifa, el director sudafricano Devon Delmar lo dejó claro sin rodeos: «Si recibiéramos un millón de euros, nuestras películas serían peores». A su lado, la actriz keniana Shandra Apondi apuntó que trabajar con poco dinero también significa que nadie intenta influir en tu historia, y lanzó al aire una pregunta: cuando la financiación viene de Europa, ¿quién decide qué historias africanas merecen contarse?
El debate reunió además al cineasta keniano-suizo Damien Hauser, director de la película inaugural de esta edición Memory of Princess Mumbi, que exploró cómo se hace ciencia ficción africana desde la escasez y el proceso colaborativo. Y a la actriz angoleña Yohana Selei, protagonista de Las aventuras de Angosat, una sátira musical sobre un presidente que promete un satélite a una población empobrecida. «Somos pobres pero intentamos ser felices, porque vivimos en nuestra cabeza, fuera de la realidad», dijo Selei, y en esa frase hay mucho más que humor.





Este mismo lunes, el artista visual y cineasta puertorriqueño José Arturo Ballester Panelli llegó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz para hablar de afro-indigenismo y arte decolonial a partir de su cortometraje Siempre el mar. La pieza trata un tema desconocido a este lado del Atlántico: cerca de mil personas mueren cada año en el Canal de la Mona, el estrecho que separa la República Dominicana de Puerto Rico. «La travesía de un cuerpo de agua para tener una mejor vida está creando un inframundo bajo el mar», explicó Ballester, cuya cosmología fractal parte de la santería de raíz africana y transforma la relación con ese mar — de tumba a proceso de transformación. FCAT
La retrospectiva Islas nos dejó la proyección de Aimé Césaire – Un homme une terre, documental de Sarah Maldoror, pionera del cine panafricanista y figura clave de los movimientos de descolonización africanos en las décadas de 1960 y 1970. El documental retrata a Aimé Césaire, poeta y político martiniqués, figura central de la negritud y autor del Discurso sobre el colonialismo, que en esta sesión del FCAT se recitó en lingala por primera vez. Un texto que Europa sigue necesitando escuchar. Fcat
En la sección competitiva En Breve se proyectaron cortos que amplían el mapa de lo que significa hacer cine africano hoy, con obras sobre imperialismo religioso en Zimbabue, estructuras patriarcales en el mundo árabe, la diáspora haitiana y las comunidades LGBTQ+ del continente.
Hoy martes 26, el Árbol de las Palabras vuelve a la playa con «El meta-archipiélago: Las resonancias del Caribe», donde participan la antropóloga y cineasta cubana Aída Bueno Sarduy, José Arturo Ballester y nuestra corresponsal Zinthia Álvarez. Un encuentro que profundiza en las islas africanas y afrocaribeñas como territorios de memoria y resistencia, eje de esta edición. Por la noche, proyecciones en la calle Gravina y flamenco en Al Medina cierran la jornada. Quienes no puedan estar en Tarifa pueden seguir el festival a través de Filmin.

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