
El 8 de enero de 2026, las calles de Philadelphia presenciaron una imagen que parecía extraída de los archivos de la historia estadounidense. Hombres y mujeres vestidos con chaquetas bomber negras, boinas ladeadas y el inconfundible logotipo del pantera blanco y negro en sus espaldas se apostaron frente al Ayuntamiento portando rifles de asalto legales. Habían venido a proteger a quienes participaban en las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE por sus siglas en inglés. La escena respondía a un asesinato que había incendiado la indignación colectiva un día antes y a cientos de kilómetros de distancia.
Renee Nicole Good, una escritora y poeta de 37 años, madre de tres hijos y ciudadana estadounidense, fue tiroteada por el agente de ICE Jonathan Ross en Minneapolis la mañana del 7 de enero. Good se encontraba en su vecindario, cerca de su casa, actuando como observadora legal durante los operativos de deportación que el Departamento de Seguridad Nacional había calificado como la mayor operación de aplicación de la ley migratoria jamás realizada en territorio estadounidense. El video del incidente, grabado por testigos y analizado posteriormente por varios medios, muestra a Good girando el volante de su todoterreno Honda Pilot hacia la derecha, alejándose del agente, apenas un segundo antes de que este abriera fuego. Tres disparos en menos de 700 milisegundos. La administración Trump defendió al agente, con el vicepresidente JD Vance afirmando que Ross gozaba de «inmunidad absoluta» y que simplemente «estaba haciendo su trabajo». El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, respondió con otras palabras tras revisar las grabaciones, según recoge The Intercept, afirmando que la versión gubernamental era mentira y exigiendo que ICE abandonara la ciudad.
La muerte de Good se convirtió en el noveno tiroteo perpetrado por agentes de ICE desde septiembre de 2025 en cinco estados y Washington D.C. Cuatro personas más habían sido asesinadas durante operaciones de deportación en ese mismo periodo. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, proclamó el 9 de enero como «Día de Renee Good». En New Jersey, Bruce Springsteen le dedicó «The Promised Land» durante un concierto, denunciando lo que calificó como «tácticas de la Gestapo contra nuestros conciudadanos». Las protestas se multiplicaron desde Oakland hasta Seattle, desde Chicago hasta la propia Philadelphia.
En ese contexto de tensión y luto colectivo, Paul Birdsong, presidente del capítulo de Philadelphia del Partido Pantera Negra para la Autodefensa, declaró a The Philadelphia Inquirer lo que muchos interpretaron como una promesa y otros como una advertencia. Si ellos hubieran estado presentes en Minneapolis, dijo, no habría muerto nadie. «Somos el mismo Partido Pantera de antes», explicó en una entrevista posterior, «pero ahora somos un poco más agresivos». Birdsong, de 39 años y residente en West Philadelphia, comenzó a reclutar miembros tras el asesinato de George Floyd en 2020. Afirma mantener contacto con supervivientes del partido original, quienes le habrían proporcionado asesoramiento y mentoría.
Para comprender la magnitud de esta reaparición hay que retroceder casi seis décadas. En octubre de 1966, dos estudiantes del Merritt College en Oakland, California, fundaron una organización que cambiaría el curso del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Huey P. Newton y Bobby Seale crearon el Partido Pantera Negra para la Autodefensa como respuesta directa a la brutalidad policial contra las comunidades afroamericanas. Influenciados por el legado de Malcolm X, las enseñanzas de Mao Zedong y el pensamiento anticolonial de Frantz Fanon, desarrollaron un programa de diez puntos que exigía empleo pleno, vivienda digna, educación que contara la verdadera historia de las personas negras, el fin de la brutalidad policial y, como resumen de todo lo anterior, tierra, pan, vivienda, educación, vestido, justicia y paz.
Los Panteras organizaron patrullas armadas que seguían a la policía por los barrios negros de Oakland, aprovechando las leyes californianas que permitían portar armas cargadas en público. Estudiaban minuciosamente la legislación para proteger a su comunidad dentro del marco legal. Newton recaudó fondos vendiendo ejemplares del Libro Rojo de Mao a estudiantes de izquierdas en Berkeley a tres veces su precio original. Con ese dinero compraron escopetas. Según relataba Seale, la estrategia era sencilla. Vender libros, conseguir dinero, comprar armas y salir a las calles a proteger a madres, hermanos y a toda la comunidad de los policías racistas.



Los programas comunitarios de los Panteras trascendieron la autodefensa armada. Sus «programas de supervivencia» incluían desayunos gratuitos que alimentaban a 20.000 niños cada día, clínicas de salud, pruebas de detección de anemia falciforme, escuelas propias, asistencia legal y distribución de ropa. El Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana documenta cómo estos programas proporcionaban ayuda concreta a comunidades de bajos ingresos y generaban apoyo popular para el partido. La ironía histórica resultaría brutal. El programa de desayunos escolares gratuitos de los Panteras inspiró la expansión del programa federal de desayunos escolares autorizado en 1975, según recoge la Enciclopedia Britannica. El mismo gobierno que intentó destruirlos terminó copiando sus iniciativas.
J. Edgar Hoover, director del FBI, declaró a los Panteras Negras como «la mayor amenaza para la seguridad interna del país». Bajo el programa de contrainteligencia conocido como COINTELPRO, la agencia federal infiltró, desacreditó y destruyó sistemáticamente al partido. Enviaron cartas falsas para sembrar desconfianza entre los miembros, intentaron desbaratar su defensa legal y reclutaron informantes. El FBI temía especialmente el surgimiento de un «mesías negro» capaz de unificar y electrificar el movimiento nacionalista negro militante. Malcolm X, Martin Luther King Jr., Stokely Carmichael y el propio Huey Newton figuraban en esa lista de objetivos.
El 4 de diciembre de 1969, la policía de Chicago ejecutó una redada antes del amanecer en el apartamento de Fred Hampton, presidente del capítulo de Illinois y vicepresidente nacional del partido con apenas 21 años. Hampton había fundado la Coalición Arcoíris original, una alianza sin precedentes entre los Panteras, los Young Patriots, un grupo de blancos pobres, y los Young Lords, una organización política puertorriqueña. Dispararon entre 90 y 99 balas contra el apartamento. Los Panteras respondieron con una sola. Hampton nunca despertó. Mark Clark, de 22 años, también fue asesinado. Documentos desclasificados posteriormente revelaron que el FBI había proporcionado un plano del apartamento a través de un informante infiltrado, William O’Neal, quien además había drogado a Hampton la noche anterior. Tras la redada, el FBI pagó a O’Neal una bonificación especial por sus servicios.
El legado de aquella represión sistemática nos trae a las calles de Philadelphia medio siglo después. El grupo liderado por Birdsong lleva años distribuyendo alimentos gratuitos en North Philadelphia, en un local que afirman fue sede del capítulo original de los Panteras en la ciudad. Organizan clases de educación política, entrenamientos de autodefensa y seguridad con armas de fuego, y círculos de discusión sobre historia e identidad negra. Residentes mayores del vecindario han comparado estos esfuerzos con los programas de supervivencia que los Panteras históricos implementaron a finales de los años sesenta y setenta.

Birdsong ha querido desvincularse de otras organizaciones que utilizan el nombre Pantera. «El Partido Pantera Negra no es una organización nacionalista negra», declaró en un video publicado en su Instagram tras la atención viral que recibió el grupo. «El Nuevo Partido Pantera Negra puede serlo, el Partido Pantera Negra Revolucionario puede serlo. Pero el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, el que fundó Huey Newton con Bobby Seale, es una organización internacionalista que se posiciona como aliada de los pueblos oprimidos, sin importar su origen étnico o cultural». Sus palabras finales en el video recuperaban la consigna histórica del partido. «Todo el poder para el pueblo, ningún poder para los cerdos».
El contexto en el que reaparecen los Panteras resulta estremecedoramente familiar. Según el American Immigration Council, el número de personas detenidas por ICE aumentó un 75% durante 2025, pasando de aproximadamente 40.000 a principios de año a 66.000 en diciembre, el nivel más alto jamás registrado. Las detenciones de personas sin antecedentes penales se dispararon un 2.450% en el primer año de la segunda administración Trump, impulsadas por tácticas como redadas a domicilio, patrullas itinerantes, operativos en lugares de trabajo y re-arrestos de personas que acudían a sus citas migratorias o a audiencias judiciales. Más personas murieron bajo custodia de ICE en 2025 que en los cuatro años anteriores combinados.
La administración Trump eliminó las restricciones que impedían a los agentes de ICE realizar detenciones cerca de escuelas, hospitales e iglesias. En mayo de 2025, agentes esperaban fuera de los tribunales de inmigración en varias ciudades importantes para detener a migrantes que acababan de salir de sus audiencias obligatorias. Perderse esas audiencias garantiza una orden de deportación automática. Acudir a ellas, como demostró Minneapolis, puede costar la vida.
El fiscal de distrito de Philadelphia, Larry Krasner, emitió advertencias directas a los agentes federales tras el asesinato de Good. «Ni lo intenten en Philadelphia», declaró públicamente. «¿Me escuchan, agentes de ICE? Irán a la cárcel si cometen delitos en esta ciudad». La combinación de derechos constitucionales, resistencia comunitaria y vigilancia ciudadana está configurando a Philadelphia como un bastión contra lo que muchos califican de exceso federal.
La historia de los Panteras Negras demuestra que el Estado estadounidense ha respondido históricamente a la organización negra con una violencia desproporcionada y una persecución sistemática. Fred Hampton fue asesinado a los 21 años porque organizaba desayunos para niños y construía coaliciones multirraciales. Renee Good fue tiroteada a los 37 porque protegía a sus vecinos de agentes federales. Entre ambas muertes median 57 años, pero el patrón de violencia institucional contra quienes defienden a comunidades vulnerables permanece intacto.
Los miembros del capítulo de Philadelphia portan armas legales, como lo hicieron Newton y Seale en Oakland. Organizan programas de alimentación comunitaria, como lo hicieron Hampton y Clark en Chicago. Se posicionan como internacionalistas solidarios con todos los pueblos oprimidos, como establecía el programa original de diez puntos. La diferencia, según Birdsong, es que ahora son más agresivos. La pregunta que flota sobre las calles de Philadelphia es si el Estado responderá con la misma agresividad que desplegó hace medio siglo, o si esta vez la historia tomará un curso diferente.
Tania Castro
Historiadora
Santander (España)


Descubre más desde Afroféminas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
