miércoles, mayo 6

El hantavirus del discurso identitario

El MV Hondius es un crucero de expedición polar operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions. Partió de Ushuaia, Argentina, el 20 de marzo de 2026 con destino a las Islas Canarias, cargando a bordo unos 150 pasajeros de 23 nacionalidades que habían pagado entre 15.000 y 24.000 euros por persona para recorrer la Antártida, las Georgias del Sur y el Atlántico Sur. No es un barco de migrantes. No es una patera. No es una ONG de rescate en el mar. Es un crucero de lujo para turistas de aventura con alto poder adquisitivo, en su mayoría europeos blancos de entre 45 y 65 años, amantes de los pingüinos y los glaciares.

El crucero holandés MV Hondius (atrás), anclado frente a la costa de la ciudad de Praia en la isla de Santiago, Cabo Verde, este lunes 4 de mayo de 2026, después de que tres personas murieran a bordo a causa de un síndrome respiratorio agudo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de un caso confirmado y cinco casos sospechosos adicionales de infección por hantavirus en el buque que navega en el Océano Atlántico. Tres de los afectados han muerto y uno se encuentra actualmente en cuidados intensivos en Sudáfrica. (Cabo Verde, Sudáfrica) EFE/EPA/ELTON MONTEIRO

A bordo viajan 14 ciudadanos españoles. Trece son pasajeros y uno forma parte de la tripulación.

Durante la travesía se detectó un brote de hantavirus variante Andes, una cepa poco habitual fuera de Sudamérica y capaz de transmitirse entre personas por contacto directo y estrecho. Tres personas murieron. Al menos siete resultaron afectadas. Cabo Verde se negó a dejar desembarcar al barco. La Organización Mundial de la Salud intervino y solicitó a España que acogiera al crucero en sus puertos para gestionar la emergencia sanitaria de los pasajeros y la tripulación. El Gobierno español aceptó. El MV Hondius llegará al puerto de Granadilla de Abona, en Tenerife.

Lo que ocurrió a continuación es lo que queremos analizar desde Afroféminas, porque dice más sobre la política española que cualquier programa electoral.

Javier Negre, uno de los comunicadores más activos de la extrema derecha mediática española, publicó en X: «¡Que lo envíen a Marruecos! No somos la ONG ni Hospital de pandemias del mundo.» El mensaje, calcado en su lógica y en su tono al lenguaje que esta misma derecha emplea frente a los cayucos en el Mediterráneo y el Atlántico, fue recibido por miles de personas sin aparente contradicción. Vito Quiles fue más lejos: difundió que el Gobierno traía deliberadamente un «Hantavirus mortal utilizando Canarias para acoger a gente infectada» y vinculó la situación directamente con la llegada de personas migrantes y con el supuesto cierre fallido de fronteras durante el 8M de 2020. El mensaje alcanzó decenas de miles de impresiones.

El portavoz nacional de Inmigración, Interior y Seguridad de Vox, Samuel Vázquez, completó el cuadro al homologar, en sede política, el crucero de lujo con una embarcación de migrantes: «Como si no llegaran todos los días personas con una posible enfermedad contagiosa dentro.» Y acusó al Gobierno de utilizar el episodio para «tapar los apuñalamientos y violaciones diarias» supuestamente cometidos por personas inmigrantes.

Detengámonos aquí un momento.

Estos 14 españoles a bordo del MV Hondius no son migrantes empobrecidos que huyen de la violencia o el hambre. Son turistas pudientes, predominantemente europeos y blancos, que pagaron cifras que superan con creces el salario anual de muchos trabajadores en España para ver pingüinos en la Antártida. Y la respuesta de quienes proclaman día y noche «los españoles primero» ante su situación de emergencia fue, en varios casos, la misma que frente a una patera que llega a Canarias con personas negras y africanas: que no entren, que los manden a otro lado, que no somos ninguna ONG.

El principio de prioridad nacional —esa bandera que agita la derecha y la extrema derecha española para justificar la exclusión de migrantes racializados— se disuelve en el instante en que aplicarlo requiere extender solidaridad real. No es «los españoles primero». Es «nosotros primero». Y «nosotros» tiene un perímetro muy concreto: el de quienes no incomodan, el de quienes no cuestionan el orden establecido, el de quienes sirven de argumento político, no de sujeto de derechos, cuando aparecen en el lugar equivocado.

Lo que ha puesto en evidencia el episodio del MV Hondius es la vaciedad de un discurso que se construye sobre la exclusión del Otro, no sobre la protección genuina de ningún colectivo. Cuando Negre escribe «que lo envíen a Marruecos» está aplicando la misma lógica territorial y deshumanizante que aplica ante cualquier barco que llega al archipiélago canario. El marcador no es la nacionalidad. El marcador es la racialización percibida, el origen geográfico del peligro, la amenaza construida a partir del cuerpo y del recorrido.

Que esa lógica se vuelva hacia ciudadanos españoles y blancos en un crucero de lujo no es un accidente. Es la demostración de que el discurso de «los españoles primero» nunca fue un programa político articulado en torno a derechos ciudadanos. Fue siempre un dispositivo de exclusión. Y los dispositivos de exclusión, cuando se activan, no leen pasaportes. No pararán ahí.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, de Coalición Canaria, rechazó la llegada del crucero y exigió una reunión con el presidente del Gobierno. El PP, a través de su vicesecretaria de Sanidad, Carmen Fúnez, calificó de «inaceptable» la «confusión» en la gestión. El foco de la crítica popular se centró en la comunicación del Ejecutivo, sin cuestionar el principio humanitario de acoger el barco. En ningún caso escuchamos de estos actores una reivindicación explícita de los derechos de los 14 españoles a bordo. Lo que observamos fue la misma oposición refleja, el mismo rechazo visceral a recibir un barco en Canarias, independientemente de quién viaje en él.

Desde Afroféminas llevamos años documentando cómo el discurso de la identidad nacional en la política española funciona como un instrumento de jerarquización racial, no como un principio de protección colectiva. El caso del MV Hondius lo ilustra con una claridad que no admite lecturas caritativas. Cuando la acogida humanitaria y el derecho internacional obligan a abrir el puerto, el mismo sector político que lleva años construyendo Canarias como frontera exterior de Europa, como espacio de contención de los cuerpos racializados que llegan del sur, aplica esa misma lógica de cierre a un crucero neerlandés con turistas europeos de alto poder adquisitivo.

La coherencia está ahí. El problema es que no es la coherencia que proclaman.

Vox ha igualado a estos pasajeros con personas migrantes racializadas. Lo ha hecho para atacar al Gobierno, no para defender a ninguna de las dos partes. Ese gesto revela que para la extrema derecha, el peligro no emana de ninguna patología concreta, emana del barco que llega. De cualquier barco. De la idea misma de que algo exterior entre y requiera una respuesta colectiva del Estado. La xenofobia sanitaria que durante décadas se ha ejercido contra las personas negras y migrantes —acusadas sistemáticamente de traer enfermedades, de ser vectores de contagio, de representar una amenaza biológica— se aplica ahora, sin modulación ideológica, a un crucero de lujo con pasajeros europeos. La lógica es la misma. Solo cambia el objetivo accidental.

España acogerá el MV Hondius en cumplimiento del derecho internacional y de una petición vinculante de la OMS. Los 14 ciudadanos españoles a bordo recibirán la atención que merecen y que cualquier persona en situación de emergencia sanitaria merece, independientemente de su pasaporte, su origen o el precio de su camarote. Eso es lo que hace un Estado. Lo que hace el discurso de la derecha y la extrema derecha española es trazar una frontera que no protege a nadie: ni a los españoles que necesitan ayuda, ni a las personas migrantes a quienes niega sistemáticamente esa misma ayuda.

El naufragio del discurso, a veces, se produce en aguas muy tranquilas.

Afroféminas



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