lunes, enero 5

La «liberación» de Venezuela: cuando el petróleo importa más que los venezolanos

Estados Unidos ha vuelto a hacer lo que mejor sabe. Este 3 de enero de 2026, mientras el mundo despertaba con las imágenes de los bombardeos sobre Caracas y la noticia de la captura de Nicolás Maduro, quienes conocemos la historia latinoamericana sentimos un déjà vu. El patrón se repite con una precisión casi coreográfica. Guatemala en 1954, Bahía de Cochinos en 1961, Chile 1973, Argentina 1976, los contras en Nicaragua durante los ochenta, la invasión de Panamá en 1989, etc. Cada intervención llegó envuelta en retórica humanitaria. Cada una escondía intereses económicos y geopolíticos. Venezuela no es la excepción.

Desde Afroféminas lo decimos con claridad, porque la coherencia editorial no es negociable. No defendemos a Maduro. Nunca hemos callado ante las violaciones de derechos humanos, vengan de donde vengan. Hemos alzado la voz por Gaza, por las mujeres afganas, por Ucrania, por los jóvenes reprimidos en Nicaragua, por los derechos de las personas migrantes. Siempre del lado del pueblo, siempre con el débil y oprimido contra el opresor. Cada una de estas posiciones ha tenido un coste, porque siempre hay alguien que nos llama traidoras, imperialistas, agentes de la CIA o agentes de Cuba, Rusia, Irán. o cualquier otra estupidez. Vivimos en un mundo donde las personas que se expresan en redes son incapaces de mantener una conversación crítica, ni contrastar opiniones.

Entendemos perfectamente a aquellos que hoy se alegran de la captura de aquel que provocó la salida de su país. Más de 6 millones de venezolanos han migrado, Muchos han sufrido persecución y torturas, y lo hemos denunciado. Pero una cosa es criticar a un gobierno, pedir libertad y liberación de los presos políticos, y otra muy distinta es avalar una intervención imperialista disfrazada de liberación.

La rueda de prensa que Trump ofreció ayer desde Mar-a-Lago pasará a la historia como una de las declaraciones más delirantes y terribles de un presidente estadounidense en los últimos veinte años. En pocos minutos dejó claro que le importa poco quién gobierne Venezuela siempre que le proporcione el petróleo. «La gente que está detrás de mí va a estar liderando Venezuela», dijo señalando a sus funcionarios. Anunció que Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del mismo régimen que acaba de bombardear, había sido juramentada como presidenta y que «tuvo una larga conversación con Marco Rubio y dijo: haremos lo que sea necesario». Es decir, el gobierno chavista tutelado, con los mismos actores, a cambio de entregar el petróleo. Y el baño de agua fría para María Corina Machado, la líder opositora que tanto había pedido esta intervención militar y que acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz a pesar de ello. Trump la despachó con un desprecio helador. «No cuenta con apoyo ni respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto», dijo sin pestañear. Como señala el profesor Alan McPherson de la Universidad de Temple, la palabra «democracia» no se mencionó ni una sola vez en toda la conferencia. Rubio habló de derrocar a un hombre fuerte, Hegseth de la letalidad del ejército, y Trump del petróleo. Eso es todo lo que tienen en mente para lo que será la ocupación de un país extranjero.

Hablemos de lo que realmente hay en juego. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Hablamos de 303 mil millones de barriles, aproximadamente el 17% de las reservas mundiales, por encima de Arabia Saudita, según datos del Instituto de Energía de Londres. Esta cifra supera en más de seis veces las reservas petroleras de Estados Unidos. El crudo venezolano es pesado y ácido, crucial para productos como el diésel, el asfalto y los combustibles para maquinaria pesada. El diésel escasea en todo el mundo, en parte debido a las sanciones impuestas al petróleo venezolano. ¿Coincidencia? En su conferencia sobre el ataque, Trump admitió sin rubor que las compañías petroleras estadounidenses «arreglarían» las operaciones petroleras venezolanas. La máscara cayó antes de que terminara de ponérsela.

La coartada elegida esta vez fue el narcotráfico. La Operación «Lanza del Sur» se presentó como una cruzada antinarcóticos. El despliegue incluyó el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald Ford, aproximadamente 15.000 efectivos militares, más de una decena de buques de guerra, aviones de combate F-18 y bombarderos estratégicos. Más allá de la justificación inicial de frenar el narcotráfico, que no requiere de un portaaviones, el nivel y la naturaleza del despliegue militar apuntaban a un objetivo más político y estratégico. Además, Venezuela no se considera una ruta importante para el tráfico de fentanilo, la droga que causa la peor crisis en Estados Unidos. Trump socavó su propio argumento cuando indultó a un expresidente de Honduras que cumplía una condena de 45 años por tráfico de drogas.

La hipocresía alcanza niveles obscenos cuando miramos cómo ha tratado Estados Unidos a los propios venezolanos. Mientras planificaban la «liberación» de Venezuela, deportaban sin misericordia a su gente. Trump instó a deportar a 300.000 venezolanos afirmando que mantenerlos era «contrario al interés nacional». En marzo de 2025, deportaron al menos 238 venezolanos hacia El Salvador acusándolos de pertenecer al Tren de Aragua basándose en detalles tan absurdos como un tatuaje, la forma de una oreja o cómo llevaban afeitada la cabeza. Más de 600.000 venezolanos perdieron su estatus de protección temporal. Venezolanos fueron enviados a Guantánamo en condiciones inhumanas. Un deportado describió su experiencia como «un cuartico chiquito con la cama al lado del inodoro, sin agua, esposados para todo». Si a Estados Unidos le importaran los derechos humanos de los venezolanos, no los trataría como criminales en su propio territorio.

Nuestra posición es clara porque siempre ha sido la misma. Defendemos los derechos humanos y la libertad de expresión en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Hemos criticado las elecciones venezolanas de 2024, que según el Centro Carter carecieron de integridad electoral y no pueden considerarse democráticas. Hemos dado voz a las mujeres afrovenezolanas que enfrentan discriminación en su propio país. Nos preocupa profundamente lo que pueda ocurrirles a las comunidades más vulnerables, incluida la población afrodescendiente venezolana, en medio de este conflicto.

Amamos Venezuela, algunas de nosotras somos venezolanas exiliadas, hijas de venezolanos. Queremos que Venezuela viva en paz y libertad, pero conocemos Trump y a los Estado Unidos.

Y aquí viene el vaticinio que esperamos no se cumpla, aunque la historia nos empuja hacia él. Trump se cansará. Los designios de Trump son inescrutables y pueden cambiar de un día para otro. Una participación militar prolongada pondría en riesgo la coalición política que lo llevó al poder con la promesa de mantener a Estados Unidos fuera de guerras extranjeras. La opinión pública estadounidense es contraria a la intervención, un factor de gran peso que puede limitar hasta dónde decida escalar militarmente. Dado todo lo que ha invertido en este despliegue, Trump no puede replegarse sin ningún resultado porque afectaría su imagen. Trump es un niño caprichoso. Si Venezuela no le da una victoria rápida y fácil, buscará otro objetivo. Ya amenazó a Colombia y a Petro. El patrón de Afganistán, donde Estados Unidos abandonó el país dejándolo hecho un desastre y más inestable que nunca, puede repetirse.

América Latina no es el patio trasero de nadie. La soberanía de los pueblos no se negocia con portaaviones. Los recursos naturales de Venezuela pertenecen a los venezolanos. La solución a los problemas de Venezuela debe ser venezolana, no impuesta por bombas. Desde esta trinchera antirracista y feminista seguiremos observando, denunciando y posicionándonos del lado de los pueblos y los derechos humanos, también de los opositores venezolanos. Porque cuando las bombas caen, siempre caen sobre los mismos cuerpos. Los cuerpos que menos importan para quienes las lanzan. Los cuerpos que más nos importan a nosotras.

Pero una cosa hemos de advertir. No esperen de Afroféminas una posición dócil con nadie. No tememos a nadie, venga de donde venga.

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