La lucha a través del placer

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Me gusta hablar de sexualidad. No es un hecho aislado, ni nada memorable. Sencillamente me gusta el sexo, y hablar de ello, como me gusta hablar de política, productos naturales para el afro o series de Netflix. Me gusta hablar de sexualidad no para escandalizar, ni porque soy la feminista más valiente(Dios me libre de pedestales), sino porque el simple hecho de pronunciar sus letras bien altas, le quita toda la fuerza que el patriarcado y la supremacía blanca, han puesto para estigmatizar nuestros deseos. 

Hablo de sexualidad porque a los cuerpos negros, se nos ha desalojado de esos espacios, haciendo, que sea todavía tabú para nuestra comunidad, el gritar lo divertido y empoderador que es, usar nuestra sexualidad como nos plazca, cuando nos plazca y con quién(es) nos plazca. 

En mi círculo cercano, se siguen llevando la mano a la cabeza cuando hablo del clítoris o de lo importante de no dejar cadáveres emocionales; se llevan la mano a la cabeza, porque en el ideario colectivo, aún es impensable que una mujer negra hable de deseos, de orgasmos, de poliamor. Estos privilegios, siguen en las manos de los hombres y un poco/bastante en las del feminismo blanco hegemónico. 

Pero mi círculo no entiende que aún es común que más de 200 millones de mujeres alrededor del mundo, sean víctimas de la ablación genital femenina, técnica monstruosa,bajo la creencia de que disminuye la posibilidad de relaciones prematrimoniales o extra matrimoniales, y elimina el riesgo para los hombres de criar descendencia que no es suya. Que el planchado de senos, golpeándolos con objetos calientes y punzantes ,sigue practicándose todavía, para que no sean acosadas ni víctimas del deseo masculino. Que en muchos países de América Latina, como Chile, se sigue usando la violación como castigo a las que se atreven a alzarse, a las que se atreven a gritar. Que en Abya Yala, no solo se exterminó a través de la masacre y la colonización mental, sino de la «purificación» católica, de cuerpos que no les pertenecían. 

Nos castigan a través del sexo, como forma de poder y dominación. No se entiende aún que algo tan nuestro, se siga usando como arma para intentar destruirnos. Entonces ¿cómo no hablar de sexualidad? Cuando a mis ancestras se lo tenían prohibido, y aún hoy en día, hay mujeres a las que se les sigue negando. El santo clítoris de todas las mujeres alrededor del mundo, siempre ha estado marcado por las decisiones de los hombres y su miedo a que encontremos en el fondo de sus placenteras terminaciones, la liberación.  Imaginaos si a esto le añadimos la intersecciónalidad y su enramaje. No es necesario, es político. Porque lo personal es político y el manejo de nuestra sexualidad no podía ser menos. 

Aún nos queda tanto por romper y gritar, tanto, que da miedo a veces el largo bastón que le pasamos a las herederas; pero por el camino, y sin temor alguno, tóquense mucho hermanes, exploren sin miedos, exploten de placer, solas o acompañadas, atrévanse a sentir, lean mucho, y cuando no puedan, pregunten. Que el activismo también sea de auto descubrimiento, de búsqueda, que sea orgásmico y libre, con cuerdas, con diálogo, empoderador, catártico, desafiante, negro, con el puño bien en alto y sobre todo nuestro, y de nadie más. 


Dayana Catá

‌Educadora especial y escritora. Ante todo humana, negra, cubana, mujer y activista. Todo en ese orden y con el mismo grado de intensidad.


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