Los disfraces del Tango

Por un tiempo breve en su vida mi madre tomó clases de tango. Jamás la vi bailando, solamente unos pequeños pasos en el espacio estrecho de nuestro salón. Ella iba a un espacioso estudio a cinco minutos de nuestra casa por coche. Las clases eran parte de su vida particular, alejado de su mundo con nosotros sus hijos, mi hermano y yo. En nuestro mundo ella trabajaba duramente, sin tener tiempo para si misma. En el mundo del tango, yo imaginaba que ella podría ser otra persona, alegre, un poco más libre. «Tal vez puedo encontrar a alguien», me decía, y reíamos las dos, como si tuviéramos miedo de una fantasía tan inverosímil.

Una vez mi madre y vimos una película de tango, que estaba llena de pasión y romances no correspondidos. En mis libros de texto de español que hablan del tango, veo imágenes similares, siempre con cuerpos blancos, que muestran cómo el tango expresa el amor, o, más precisamente, el deseo para un amor perdido. Sin embargo, por aquella época, todavía no había comenzado aprender español, así que mi madre y yo leíamos los subtítulos de la película hasta que nos cansábamos y solamente nos fijábamos en el baile, aquellas formas fluidas que los ojos pueden seguir sin ningún esfuerzo. Tal vez por eso a mi madre le gustaba aprender a bailar el tango, porque estaba cansada de constantemente equivocarse en inglés, una lengua dominante y extranjera. Tal vez su cuerpo podría comunicar algo que su lengua no podía, y ella ya no se sentía como una voz torpe.

Como mi madre bailaba para olvidar su dura vida, el tango en sí mismo tiene también historias olvidadas. Aunque ahora el tango es un símbolo global de la cultura nacional de Argentina, realmente tiene sus raíces en la cultura negra rioplatense y la esclavitud. Para cuando Argentina se prohibió la esclavitud en 1853, la palabra tango ya significaba el lugar donde esclavos y personas negras libres se reunían para bailar, quizás para disfrutar de su mundo propio, para imaginar que pudieran moverse en esta manera sin reservas no importa ni el tiempo, ni el lugar.  El movimiento de y para la liberación. A través de la inmigración, ritmos y músicas de culturas diferentes (africanas, europeas, y cubanas) se mezclaban en los bares afro-argentinos de los barrios de clase trabajadora. En medio de estas personas que bailaban por todo lo que dejaron y por todo lo que no podían obtener, en algún momento desconocido nació el tango.

Por estos orígenes, las clases altas de Argentina despreciaban el tango, hasta que los franceses visitaron Buenos Aires y llevaron el baile a París, donde rápidamente llegó a ser un fenómeno global. Así, los poderosos en Argentina acogieron el tango pronto como un símbolo de la singularidad de la cultura argentina. Mientras tanto, la presencia y la historia negras e indígenas eran excluidas en la conciencia nacional. Cuando la actriz afroamericana Josephine Baker llegó a Argentina y preguntó al ministro de sanidad Ramón Carrillo, quién era mestizo, donde estaban las personas de negras, él la contestó: “Hay sólo dos: usted y yo.” De esta manera, el tango, se disfrazó en el lujo y el glamour, se ocultaron sus raíces negras, inmigrantes, y de clase trabajadora, su patrimonio de la esclavitud y de la revuelta, viajó por el mundo hasta que, unos siglos más tarde, llegó al cuerpo de mi madre, una inmigrante asiática en los Estados Unidos que soñaba con otros lugares.

La transmisión de cultura es un proceso de no sólo la creación sino también la pérdida. Mi madre no es ni una aficionada del tango ni una tanguera. Ella no sabe nada de la historia del baile que a ella le encanta. Sin embargo, creo que ella, a través de sus experiencias con la asimilación, entendería cómo el arte es una transición cultural, una actuación de no sólo la memoria sino también del olvido. Que la cultura a veces destruye lo que no quiere, y el arte es perseguido por estos recuerdos extinguidos. Para entender a mi madre inmigrante tengo que ensayar los pasos de su pasado fragmentado: lo que ella ha perdido o ha olvidado por necesidad para aprender lo nuevo. Buscar las historias silenciadas del tango quitaría los disfraces que se pone esta danza etérea, para ver si, por debajo, los espectros están bailando.


Bibliografía

Brown, Susan August. «Argentine Tango: A Brief History.» Tango Argentino De Tejas. Tango Argentino De Tejas, n.d. Web. 23 Sept. 2016.

Ghosh, Palash. «Blackout: How Argentina ‘Eliminated’ Africans From Its History And Conscience.» International Business Times. International Business Times, 04 June 2013. Web. 23 Sept. 2016.

Karush, Matthew B. «Blackness in Argentina: Jazz, Tango, and Race Before Perón.» Past and Present 216 (2012): 215-45. Oxford Journals [Oxford UP]. Web. 23 Sept. 2016.


Emily Sun

Escritora y educadora de arte de Colorado. Ha trabajado en educación para el Museo de La Escuela de Diseño de Rhode Island y el Museo Metropolitano de Nueva York. Actualmente vive en Madrid.


Una respuesta a “Los disfraces del Tango”

  1. Bonito artículo. agradable, personal. Lo único, hay que estar en ÁFRICA y ser pobre allí y mulata para ver la otra cara del amigo, la cara fea, que se parece mucho el ser humano en todas partes. Por esto, me atrevería a decir que más que reunirse para bailar, el tema comercial es pura vida.. y esta hipótesis te la explico: en ndowé, la lengua de mi madre, tango djá, significa cuanto cuesta? qué precio. Estuve grabando algo para UnaSur y había mucho de ndowé en Argentina, Colombia.. Me quedo con lo de Tango/ cuanto.. que era como esas pelis antiguas donde había sitios de mujeres para bailar y después se verá (pagando claro).