Piel negra, faldas cortas y políticas de respetabilidad

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Entendemos por «Política de Respetabilidad» los intentos de los grupos marginados de vigilar a sus propios miembros y mostrar sus valores sociales como  compatibles con los valores dominantes, en lugar de desafiar a la corriente principal. Para las mujeres negras, esto incluye los esfuerzos para distanciarnos de los estereotipos de sonoridad, hipersexualidad, criminalidad, pobreza y falta de educación. Este mecanismo  se utiliza principalmente para fines de supervivencia en el lugar de trabajo y en otros sectores de la sociedad en general.

Cambiar el acento en un llamada telefónica, no llevar nuestro pelo natural al lugar de trabajo o vestir de manera «profesional», sin atuendos o accesorios que nos identifiquen como afrodescendientes, son solo algunos ejemplos de lo que estoy hablando. Seguro que os suena porqué todas lo hemos hecho.

Utilizamos la Política de Respetabilidad, ya que nos permite asimilar y vivir vidas más fáciles en un entorno que a menudo usa estereotipos raciales para aislar, ridiculizar y limitar a los que tenemos la piel negra. No seré yo quien condene a quien utiliza la Política de Respetabilidad para sobrevivir en una sociedad que la rechaza.

Lo que yo rechazó de estas acciones de supervivencia social es el  uso que se hace dentro de nuestra comunidad para vigilar y juzgar a los demás. Particularmente me disgusta el enfoque desproporcionado en las elecciones y la existencia general a la mujer negra. Los estándares de «respetabilidad» están definidos por el grupo más poderoso en cualquier sociedad, y en la mayoría de los lugares estos son los hombres blancos. Cuanto más diferente sea de ese grupo demográfico, más estrictas serán las restricciones en tu existencia para que se te considere respetable.

Por supuesto las mujeres negras somos aquí uno de los grupos más perjudicados. En nosotras la presión se duplica, y nos juzgan no solo por la respetabilidad de nuestra etnia, sino también por  nuestra condición de mujer. El feminismo nos habla de las restricciones desproporcionadas impuestas a la expresión de la sexualidad, los códigos de vestimenta y las opciones de estilo de vida de las mujeres. Se nos dice que nuestro valor y nuestro derecho a la autonomía están dictados por la respetabilidad de estos aspectos de nosotras mismas. Nuestra manera de trabajar e incluso la forma en que nos sentamos, nos levantamos, nos reímos y nuestro sentido del humor está constantemente bajo un intenso escrutinio.

Las mujeres negras en nuestras comunidades han asimilado estos mensajes de tal manera que se convierten en guardianas de la respetabilidad, aunque en muchas ocasiones sobrepasando los límites de lo que es una conducta aceptable.

Por ejemplo yo misma sufrí las restricciones de mi madre, tías y abuela en cuanto a mi vestimenta cuando era más joven. Les aterraba que saliera con ropa corta o enseñase demasiada piel. El razonamiento era comprensible, ya que la mayoría de las mujeres tienen experiencias de primera mano sobre  la atención masculina, muchas veces negativa, que reciben cuando usan este tipo vestimenta.

Además es una realidad que la piel negra es un reclamo para que muchos hombres se crean con el derecho de sobrepasar ciertos límites. la hipersexualización y animalización de las féminas negras nos convierte en un blanco demasiado habitual de las conductas más soeces.

Crecer en un ambiente en el que escuchaba a mujeres negras vigilar los códigos de mi vestimenta  en función de la atención sexual que atraía, hizo mella en mi percepción de las cosas. Es cierto que estos consejos entre mujeres de diferentes generaciones tiene un componente práctico que es importante, pero también refuerza los juicios comunes sobre el carácter y los deseos de las mujeres que eligen vestirse de cierta manera, particularmente cuando se habla constantemente sobre hombres.

El mensaje tácito e implícito recibido por mí es que al vestirme de esa manera estaba «provocando» y que transmitía un mensaje a los hombres que podían desembocar en miradas acosadoras, ataques o incluso violación.

Como feminista negra se lo que es el patriarcado y la base real de esas apreciaciones de esas mujeres, que habían vivido experiencias duras, como casi todas las mujeres.  Pero a pesar de que se que hay cierto tipo de  ropa que atrae la atención masculina indeseada, pienso que es más útil  equipar a las jóvenes con conocimientos sobre que es y como funcionan la misoginia, el racismo y la respetabilidad. estos conocimientos les permitan tomar decisiones informadas sobre cómo vivir mejor su vida.

La Política de Respetabilidad, en  muchos casos, aunque tiene un cierto aire de concesión, puede ser útil para comprender y manejar el mundo en el que vivimos. Lo malo es cuando esa política es practicada sin una visión crítica.

Como mujeres negras, deberíamos poder vestirnos y hacer lo que nos hace felices, pero de una manera consciente de lo que son las estructuras opresivas y los comportamientos que nos coartan.  Podemos ser lo que queramos y como queramos, pero también debemos empoderarnos y darnos la oportunidad de saber. Sin estas herramientas estaremos más indefensas ante un mundo que no nos respeta.


Marián Cortes Owusu

Educadora. En mis ratos libres redactora en Afroféminas

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