Joyce Obregón y el colectivo de arte urbano colombiano RebelArte

Joyce Obregón es una joven estudiante de artes plásticas de la Universidad del Atlántico (Barranquilla, Colombia), y forma parte del colectivo artístico barranquillero RebelArte. Con este grupo, donde es la única figura fémina,  viene desarrollando su talento desde hace tres años .

Ella destaca por sus creaciones enfocadas en resaltar desde su perspectiva artistica los interrogantes sobre el mundo y la posición de las mujeres negras en el mismo. Joyce demuestra gran destreza al momento de tomar pinceles, latas de pintura y brochas y cuando se trata de ir a las calles a compartir, crear e impulsar creaciones y arte ella siempre está dispuesta y animada, con la firme convicción del poder del arte para dar sentido, no solo a las calles, avenidas y muros, sino a conjugar ese sentido con las realidades de su gente barranquillera.

Hoy en Afroféminas traemos este diálogo con la artista barranquillera quien nos habla sobre su experiencia con las artes plásticas y labores sociales.

Afroféminas: Eres estudiante de artes plásticas de la Universidad del Atlántico, ¿cómo y cuándo empezaste a descubrir tu talento y destreza para las artes?

 

Joyce Obregón.: Pienso que todos y todas desde pequeños estamos creando, luego aparecen cosas que nos distraen y lo dejamos de hacer. Creo que fui de los sobrevivientes. Jajajaja.

Ya como a los 14 años empecé a interesarme por eso de pintar en la calle, me daba mucha curiosidad y llegue a todo este mundo gracias a una convocatoria que abrió bellas artes a los colegios. Era sobre murales y grafitis dirigido a la juventud. Allí conocí a un muchacho (Milton ‘Fénix’) que tenía familia en estados unidos y manejaba todo esto del aerosol y lo relacionado con la cultura. Esto fue a mediados del 2008.

– ¿Cómo fue la conformación del colectivo de arte RebelArte en el distrito de Barranquilla y cuál es la misión y objetivo y qué impulsó la creación del mismo?

JO.: Yo entro porque Simón, uno de los primeros graffiteros de la ciudad, me invita a la primera reunión formal de RebelArte. Y obviamente quede muy enganchada. Luego después de un tiempo Lápiz, otro de los componentes de RebelArte, me escribe que está organizando un evento que si quería colaborar. Fue el primer “Killa Street Fest”. A partir de este evento se conformó quienes seriamos RebelArte. Éramos Lápiz, Kenort, Ardilla, La Beba, Matos, Brandon, Bronka y yo.

Al inició RebelArte tenía ideales más de salir a la calle bombardear (impactar), era más una crew de graffiteros. Eso fue cambiando. Lápiz, Kenort y yo empezamos a interesarnos más por la ciudad, el cómo nos relacionábamos con ella y como nuestras intervenciones y la de nuevos graffiteros la afectarían. Entonces RebelArte se convirtió en una plataforma de artistas urbanos emergentes de la ciudad. Queríamos y queremos visibilizar nuevas perspectivas del arte. En relación con el espacio público, el transeúnte, la comunidad, lo intervenido y el que interviene.

– En el proceso de promover el talento de los integrantes del colectivo han participado en diversos eventos culturales y sociales en la ciudad de Barranquilla, el departamento del Atlántico. Cuentanos sobre ellos y cuál ha causado más impacto en ti. 

JO.: En la ciudad hemos llevado a cabo dos versiones del “Killa street fest”. En el marco de la segunda versión de este festival nació Proyecto Murillo derecho, una de las intervenciones significativas que han marcado la ciudad. Esto fue en el 2012. Acababa de suceder el Transmetro y la Avenida Murillo (por donde circula este sistema de transporte masivo) que había quedado totalmente desolada, sin árboles, llena de basura y escombros. Esto produjo unos espacios sobre esta avenida llamados espacios residuales.

En el marco del “Killa street 2” nos tomamos la murillo. Convocamos a los artistas desde temprano. Un día antes habíamos seleccionados unos muros y los preparamos para que quienes llegaran intervinieran. Fueron más de 70 graffiteros muralistas pintando simultáneamente sin ninguna clase de permiso legal o apoyo del estado o de empresas privadas.

Aparte de esto empezamos a enfocarnos en los barrios a dictar talleres. Esto me parece de lo mejor. Lo último que hicimos fue un evento llamado “Échale color”; un espacio alternativo itinerante dentro de la ciudad donde se invitan a dos artistas y un DJ a pintar sobre un lienzo. Al terminar sorteamos los dos lienzos pintados y simultáneamente se exponen otros trabajos de artistas.

-Tus creaciones artísticas dan cuenta de tu conciencia étnica. ¿Qué te llevó a plasmar este legado ancestral de la mujer negra en tus dibujos y grafitis? 

 

JO.: Cuando comencé a darle más a mi trabajo en solitario, empecé por analizar el trabajo de mis compañeros de colectivo. Todos tenían un enfoque o iban por un camino en búsqueda de algo. La pregunta era: ¿y yo sobre qué trabajo?

Como siempre me había interesado por el feminismo, de dónde vengo, quién soy y porque lo soy, unas amigas creamos un colectivo de mujeres llamado “Besacalles”, que finalmente desapareció.

Pero a partir de ese trabajo empecé a enfocar mis intervenciones en la mujer. En sus derechos. Iba a un barrio y la obra no era solo lo que pintaba en el muro: era la interacción con la gente del entorno que se te acercaba y preguntaba o criticaban y por supuesto ayudaban. Esa es la verdadera obra.

Eso de querer llevarle estas preguntas a las comunidades, terminaron haciendo eco en mi cabeza y me las empecé a responder. Yo soy negra, vengo de África, vengo de los indígenas, soy el sol, el mar, el río, la tierra. Yo soy todo esto y acá somos esto. Entonces esto es lo que voy a pintar.

 

– De todas tus creaciones ¿cuál ha sido la más significativa y por qué?

JO.: De lo más significativo que he hecho han sido unos stickers pequeños que decían NEGRA SOY. La gente los veía y preguntaba tú no eres negra. Tú no eres afro. Yo soy más negra que tu, yo soy más afro que tú. Me di cuenta que si funcionaba.

De lo más pequeño a lo más grande. Una intervención en un muro enorme. Tarde una semana en hacerlo. Ha sido de lo más enriquecedor, la obra se llama Negro soy. Fue una semana llena de interacción. Con los indigentes que vivían en el puente al lado del muro, con los habitantes del edificio de enfrente que por lo general eran extranjeros y artistas, con los trabajadores de la empresa dueña de la pared que pintaba, los estudiantes del instituto que quedaba diagonal, con los jóvenes y padres con hijos que pasaban camino a la Plaza de la paz.

Es ver como el arte no es una cosa alejada del espectador. Todos somos artistas. Y ese muro no es mío, ni de la empresa, es de todos los que participaron. A todos los que esas dos negras gigantes les quitan dos segundos de su día.

Una entrevista de Mili Pardo Piñeres para Afroféminas

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