Ventaja competitiva como mujer afro

Haciendo un poco de retrospectiva de hace un año en mi vida, puedo darme cuenta lo mucho que he crecido como persona, en especial como mujer afro. Antes creía que por fin era linda y aceptada entre la gente cuando era una ingeniera en una posición media y con “amigos”, de los cuales recibía muchos ‘likes’ en diferentes redes sociales además de comentarios sobre lo bonita que ahora sí era con mi cabello alisado. Desafortunadamente todo esto estaba costando un alto precio que ignoraba. 

Por fin cuando las constelaciones se alinearon o quizás porque Saturno estaría pasando por la casa de Leo (Cosas en las que no creo del todo) tuve que tomar decisiones radicales en mi vida. Llegó ese punto en el cual sentía que no estaba aportando cosas reales a este mundo, donde cada acción que tomaba hacía parte de prejuicios escondidos y de súplicas por aprobación de los que creía que en verdad me querían por lo que yo era. JA!

Craso error, no que no me quisieran, eso nunca lo dudé. Se que estaba embebidos  con esa versión, digamos… domesticada de Andrea. Pero la verdadera de cabello rizado y rebelde, de opiniones fuertes e, incluso un poco controversiales, no tanto.

Así que terminé por salir de mi zona de comodidad, dejando atrás mi trabajo, mi ciudad de origen, mis comidas caribeñas y aproximadamente 30 centímetros de cabello alisado con tanto químico sintetizado que ya nunca volvería a su origen afro.

Me di cuenta después de cortarme el cabello, que no sólo se trataba de un simple proceso químico para dejar los rizos, sino como dice la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie “El químico en el cabello es como estar en la cárcel: Siempre estás luchando para hacer que tu cabello haga lo que no estaba destinado a hacer”. Que en realidad estaba en una cárcel social donde yo misma había permitido encerrarme. El renunciar a mi cabello natural, había enviado a dormir a mi verdadero ser sólo por tener comodidad y ser una más en la fila de las que siempre son bonitas porque se parecen a la de al lado.

Simplemente no soy ese tipo de mujer, hay días que no quiero maquillarme, ni siquiera tomar una ducha. Por eso decidí estar a contracorriente con aquellos parámetros insulsos que no se relacionan con mi realidad afro. Ya dejaron de importarme los comentarios racistas escondidos bajo “buenas intenciones” y “consejos para sobrevivir” que pueda llegar a recibir, tal como esa señora (de las que nunca faltan) en un bus que me dijo que “por mi bien” debía alisarme el cabello, arreglar mi acento costeño y si fuera posible aclararme el color de piel. “Tan querida la señora…” dirán algunos, pero como ella hay muchos (no los tengo cuantificados y por ahora no es de mi interés inmediato) que piensan que un cabello rizado no es profesional, no luce formal y que todo lo que representa la afrodescendencia es algo que debe ser disminuido.

Simplemente no soy ese tipo de mujer, hay días que no quiero maquillarme, ni siquiera tomar una ducha. Por eso decidí estar a contracorriente con aquellos parámetros insulsos que no se relacionan con mi realidad afro. Ya dejaron de importarme los comentarios racistas escondidos bajo “buenas intenciones” y “consejos para sobrevivir” que pueda llegar a recibir, tal como esa señora (de las que nunca faltan) en un bus que me dijo que “por mi bien” debía alisarme el cabello, arreglar mi acento costeño y si fuera posible aclararme el color de piel. “Tan querida la señora…” dirán algunos, pero como ella hay muchos (no los tengo cuantificados y por ahora no es de mi interés inmediato) que piensan que un cabello rizado no es profesional, no luce formal y que todo lo que representa la afrodescendencia es algo que debe ser disminuido.

Por eso después de seis meses en Bogotá, donde todo se mueve más aprisa pero la mayoría no avanza, he tenido algo de tiempo extra para reflexionar sobre mí misma. Y he llegado a la conclusión…. bueno no tanto como conclusión…digamos como al pensamiento de lo que muchos consideran debilidad o defecto por ser negra y con afro, que en realidad se trata de mi marca y distinción. Soy difícil de olvidar: no hay muchas ingenieras químicas en esta ciudad con mi aspecto y mucho menos que vengan de la costa y mejor aún, que trabajen en temas de sostenibilidad y agricultura ecológica. Estas características las he podido usar como una ventaja competitiva a mi favor para desarrollar cada uno de mis planes. No ha sido fácil, pero me he divertido en el proceso. ¿Y tú querida lectora te has preguntado cuáles son tus ventajas competitivas como mujer afro en el medio en el que estás?

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Autora: Andrea Catalina Fajardo,

Ingeniera Química. (Bogotá Colombia)

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Foto1: hairspiration.blogspot.ca

Foto 2: autobús en Bogotá

Foto 3: urbanna.tumblr.com

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