Fragilidad blanca o por qué a las personas blancas les cuesta tanto hablar de racismo

Fragilidad blanca es la traducción al castellano de la obra de Robin DiAngelo, White Fragility, que fue publicada el 26 de junio de 2018 y trata acerca de la configuración de las relaciones raciales en Estados Unido. La obra acaba de ser publicada en español por la editorial Oriente y Mediterráneo.

Fuente: John McCann para M & G

En el libro DiAngelo concibe el racismo como sistémico en el país norteamericano y perpetuado de manera inconsciente por la sociedad. De hecho, según varias investigaciones que ha desarrollado, los niños mayores de tres años ya consideran que socialmente es mejor ser blanco.

El término fragilidad blanca había sido acuñado siete años antes de la publicación, en The International Journal of Critical Pedagogy, para describir cualquier reacción defensiva que muestra una persona blanca cuando se cuestiona su propia raza. La autora lo ejemplificaba mediante la historia del hombre blanco que acusa a alguien de “jugar la carta racial” o la de una mujer blanca que llora para evitar conflictos. Además, estima que las personas blancas están acostumbradas a verse a sí mismos “sin raza” o como la raza “predeterminada”, y por eso se sienten aislados de los sentimientos de incomodidad racial. Pero su fragilidad se manifiesta en la ira, el miedo y la culpa, y también en comportamientos que incluyen la argumentación o el silencio.

Desde su salida, la obra entra en la lista de los más vendidos del The New York Times y se mantiene en ella durante más de un año. Además, a partir de las protestas por el asesinato de George Floyd en 2020, alcanza el número uno en ventas y su autora es invitada a numerosas entrevistas y conferencias para exponer su opinión ante los graves acontecimientos que se estaban sucediendo en Estados Unidos.


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El texto comienza con un prólogo del académico negro estadounidense Michael Eric Dyson y poco a poco se enfrasca en la visión que las personas de piel blanca han mantenido hacia las causas raciales, especialmente los liberales, a quien DiAngelo critica severamente porque considera que el capitalismo y la idea del sueño americano fomentan el racismo. “No existía el concepto de raza o raza blanca antes de la necesidad de justificar la esclavitud de los africanos”, expone en el libro.

El volumen, además, cuenta una serie de historias que ejemplifica los procesos por los que han tenido que pasar los afroestadounidenses para hacerse hueco en la sociedad a la que pertenecen, como el caso de Jackie Robinson, el primer beisbolista negro en jugar en las Ligas Mayores de Béisbol durante los años cuarenta y cincuenta, o la historia de Emmett Till, que en 1955 fue acusado y asesinado por coquetear con una mujer blanca en Misisipi con tan solo 14 años.

Aunque el libro se publica en 2018, alcanza una gran repercusión a partir del Black Lives Matter en 2020. Portada en la versión en español publicada por Oriente y Mediterráneo.

DiAngelo remarca que la gente tiende a asociar el racismo con ideas extremistas como las de los neonazis, racistas declarados, que infligen algún tipo de daño o condena hacia las personas con un color de piel diferente. Sin embargo, habría otro tipo de racismo, llamado “aversivo”, que evita que el resto de población se plantee sus prejuicios inconscientes y los privilegios o la falta de ellos a los que se ha visto sometida una parte de la sociedad. De hecho, en esa línea de evitar hablar sobre la raza se produce lo que ella denomina “ceguera al color”, que pone cortapisas a la aceptación de las diferencias raciales en el mundo actual.

“Mis padres pueden enseñarme que todos somos iguales, puedo tener amigos negros y nunca contar un chiste racista, pero todavía estoy condicionado por el racismo como miembro de una sociedad que tiene su fundamento en él. Seguiré siendo visto y tratado como blanco, y viviré mi vida basándome en las experiencias de los blancos. Cultivaré una identidad, una personalidad, intereses y proyectos desde una perspectiva blanca. Tendré una visión del mundo y un marco de referencia blancos”, argumenta la autora.

Esta postura puede hacer que muchos de sus lectores u oyentes rechacen su opinión porque se niegan a identificarse como racistas o, lo que para ellos es lo mismo, malas personas. Sin embargo, el objetivo de la autora no es que sus lectores blancos se sientan culpables por su identidad, sino animarlos a entender cómo debe producirse realmente el cambio si queremos avanzar, empezando por cuestionar cualquier aprendizaje que hubieran adquirido durante su infancia, su etapa educativa o, actualmente, a través de los programas de televisión o películas que ven. “Si un criterio conduce de manera consistente y mensurable a la exclusión de ciertas personas, entonces tenemos que ‘desafiar’ el criterio”, expresa. Además, no basta con “sonreír a las personas de color, vamos a almorzar juntos de vez en cuando”, propuso DiAngelo en una de sus conferencias. Finalmente, todo ese proceso no puede ser juzgado sino por personas racializadas, a las que ella considera las únicas capaces de estimar si este proceso de introspección lo estamos haciendo bien.

Tras una infancia complicada y una juventud dedicada a los cuidados y trabajos poco cualificados para subsistir, DiAngelo es hoy profesora titular en Westfield State University, donde se ha especializado en la educación multicultural y el análisis crítico del discurso. Cuando le preguntan cuándo comenzó a cuestionarse sus ideas sobre la raza, responde que fue durante un trabajo en el que contactó directamente con personas racializadas. White fragility es su tercer libro después de What does it mean to be white? Developing White Racial Literacy (2012) y Is everyone really equal?. En 2021 ha publicado un nuevo volumen que trata cuestiones raciales con el título Nice racism. How progressive white people perpetuate racial harm.

Robin DiAngelo comenzó a cuestionarse sus propios privilegios como persona blanca cuando tuvo un compañero de trabajo de raza negra. Fuente: The Guardian

El libro fue publicado en un momento clave para la historia de Estados Unidos, bajo un gobierno que reivindicaba y proclamaba, precisamente, esa hegemonía blanca, y que había surgido para derrocar un modelo de estado que ponía en duda el mantenimiento de sus privilegios. Es más, el presidente Donald Trump prohibió durante las protestas del año pasado el financiamiento desde las agencias federales a los programas de capacitación relacionados con temas de “sensibilidad racial”. Tendremos que observar qué ocurre a partir de ahora con el gobierno demócrata de Joe Biden. De momento, únicamente se ha aprobado reemplazar en los billetes de 20 dólares la figura del expresidente Andrew Jackson por la de Harriet Tubman, activista y defensora de los derechos de los afrodescendientes que escapó de la esclavitud y ayudó a otros esclavos a escapar también. Con respecto a la ausencia de personas de otras razas en los círculos de poder, DiAngelo expone que, aunque es posible encontrarlas, como Colin Powell, Clarence Thomas, Marco Rubio o el expresidente Barack Obama, “ellos apoyan el status quo y no desafían el racismo de ninguna manera lo suficientemente significativa como para ser amenazante”.

Robin DiAngelo comenzó a cuestionarse sus propios privilegios como persona blanca cuando tuvo un compañero de trabajo de raza negra. Fuente: The Guardian

La mayoría de las críticas que se han hecho sobre la obra la destacan como reflexiva o instructiva, diagnóstico de la sociedad en la que fue ideada, pero sin soluciones a los problemas que plantea. The New Yorker expone que su valor radica en la exposición metódica que hace del racismo y su llamada a la humildad y la vigilancia sobre los pensamientos y acciones que llevamos a cabo día tras día. The Guardian, por su parte, expresa que el texto era una especie de charla psicológica que refleja los problemas que se mantienen actualmente y que hay que afrontar de cara al futuro. Pero algunas también han sido negativas, como la de John McWhorter, en The Atlantic, que considera que el libro muestra excesiva condescendencia hacia los afroestadounidenses, a los que llega, incluso, a infantilizar.

Con todo, el texto, que ya podemos adquirir en español gracias a la traducción de María Enguix Tercero para Oriente y Mediterráneo, plasma la idea de que el racismo, más que una cuestión de piel, es un constructo social que se ha forjado a partir de los papeles que han ocupado personas blancas y negras en la historia. Precisamente, una de las claves del libro es que ofrece a la población blanca un consejo sobre la necesidad de otorgar voz a quienes tradicionalmente no la han tenido y, sobre todo, la obligación de no quitarles la atención, una vez que se han conseguido ponerse en el foco.

Natalia Ruiz-González



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