
Escribo «tres años no es nada» con la misma intención con la que intuyo que Gardel cantaba «veinte años no es nada» en el tango Volver. Esto es, lo que en realidad quiero decir es que ha pasado de todo y que lo importante ya existe y es imperecedero.
La tercera edición de la FILMIG tiene lugar entre el 13 y el 18 de abril en Barcelona y albergará a más de sesenta expositores. La Feria Itinerante del Libro Migrante es un proyecto de nombre e intenciones transparentes, profesional, serio y consolidado, pero también descentralizado y autogestionado. A la cabeza está una mujer que es muchas cosas pero que la gente suele describir, cuando la relaciona con la lucha por la cultura y la literatura, como «obstinada» (y hay que serlo mucho para poder ser quien se es y sacar adelante un proyecto de esta envergadura que además no encaja en lo normativo). Sé que cuando canta tiene la voz de la obstinación, de una dulce y sanadora. Una que abre espacio, que es grande y que abarca, pero que abarca para que otras puedan entrar y caigan al canto y se curen en la caída. Y es esa misma función de apertura la que le ha heredado a la FILMIG.
A Quinny Martínez Hernández, la abridora de espacios, la acompaña desde el primer momento Herney Mosquera, y al grupo se le han ido sumando personas que no sólo están presentes en una lista, sino que ponen el cuerpo. Que están ahí. Que ponen la voz. Que mueven la silla. Que toman la foto. Que hacen el plan. Las que acuerpan.

Lo que es una obviedad en las palabras es una dolorosa experiencia para muchas autoras marginalizadas que no encuentran un lugar en la industria editorial normativa, que es cercenadora, castradora y que además tiene una agenda que deja por fuera a un montón de voces que ya dicen, que ya imaginan y construyen, pero que a las que les falta ser amplificadas. Y no es que no se amplifiquen porque carezcan de calidad o profesionalismo.
La feria se presenta como un espacio de resistencia. Y elijo la palabra aún sabiendo que la misma ha sido usada hasta casi desgastarse (y quizás hasta convertirse en «reticencia»). Pero en la FILMIG sucede algo que revaloriza el sustantivo y que lo regresa a su potencia: no está pensada para ser una simple pasarela de compras. Es un espacio de juntanza, sirve para asistir y acompañarse y ser acompañada, para saludar viejas amigas y hacer nuevas, para intercambiar libros, nutrirse en las charlas y conferencias, escuchar cuentos, ver películas, bailar en la clausura y, claro, comprar libros de proyectos que suelen ser marginalizados en las ferias más normativas.
Este año, el país invitado es Colombia, encarnado en Kutusoma, un proyecto editorial afrocentrado, y hay una apuesta importante por la literatura infantil y las niñeces. Asimismo, la FILMIG nos interpela con la pregunta, ¿qué historias no estás leyendo?
La pregunta opera en dos planos. Uno de autoreflexión que busca repasar qué se ha leído y cómo se ha leído. Qué autoras, de dónde, qué tipo de textos. Y, desde ese lugar de reflexión, nos incita a pensar en qué otras historias se pueden leer y qué es en efecto lo que no se está leyendo. Pero el segundo espacio que se abre es interesantísimo y quizás un poco más esquivo, pues podemos disfrutar muy poco de él en otras ferias. Es uno plano comunitario. Es ir a la feria y que la pregunta nos la ayuden a resolver las otras compañeras, las escritoras, las editoras, las periodistas, todas aquellas que al presentar su trabajo no nos muestran una vitrina, sino un espejo para mirarnos y una luz para mirar más allá de nosotras mismas. Un valor incuantificable de la FILMIG radica en lo primero, pero sobre todo en lo segundo, porque lo segundo es lo colectivo, que es donde se da el crecimiento verdadero, surge la resistencia y desde donde se puede aspirar a la libertad y a una justicia social y restaurativa.
Quizás asistir a FILMIG nos permita depurarnos un poco de esa obligatoria identidad neoriberal del narcisismo individualista. Tengo fe en que así sea (y hacer crecer la fe en alguien también es hacer resistencia).

Lina Betancourt
A Lina le gusta el café del mediodía, los días tupidos de cine y el álbum de jazz de Shostakovitch. Es literata de la Universidad de los Andes y tiene un máster en Traducción y estudios interculturales de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado como editora, traductora, florista y profesora. El trabajo creativo de esta escritora bogotana, publicado en inglés y en español, se centra en desentrañar y comprender la experiencia humana.
Instagram: @linamsanchezbetancourt

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