martes, febrero 24

«Gorilla, My Love»: el clásico del feminismo negro que ha tardado cincuenta años en llegar al castellano

Hay libros que llegan tarde al castellano y esa tardanza dice algo. Gorilla, My Love, la primera colección de cuentos de Toni Cade Bambara, publicada en Estados Unidos en 1972 por Random House, acaba de llegar a las librerías españolas de la mano de La Fuga Ediciones en traducción de Leticia Cosculluela Viso. Más de cincuenta años de espera para un libro que nunca dejó de reeditarse en inglés, que se estudia en universidades de todo el mundo y que está considerado uno de los textos fundacionales del feminismo negro estadounidense. Que hasta 2026 no existiera en castellano es un síntoma de qué literaturas se consideran universales y cuáles no.

La propia Bambara dejó escrito, con esa ironía suya, por qué prefería la ficción a la autobiografía: «Escribir ficción autobiográfica no es bueno para nada, porque en cuanto el libro sale a la venta aparece tu madre gritando: ‘¡Cómo has podido!’ […] Así que yo me dedico a la ficción pura y dura, porque valoro a mi familia y a mis amigos. Y sobre todo porque, de todas formas, miento mucho.» Esa declaración de principios condensa perfectamente su universo literario: la vida cotidiana de las comunidades negras de Harlem y el sur de Estados Unidos narrada con una voz que mezcla humor, rabia y una agudeza moral que no tiene nada de ingenua.

Los quince relatos que componen el volumen fueron escritos entre 1959 y 1971, en un período en que Bambara compaginaba la escritura con el activismo en el Movimiento por los Derechos Civiles y el Black Power, la docencia en el City College de Nueva York y la organización comunitaria en Harlem. Bambara nunca concibió la escritura como un ejercicio estético separado de la realidad material de las comunidades negras. Para ella, escribir era también una forma de organizarse.

El cuento que da título a la colección está narrado por Hazel, una niña negra de Harlem cuya voz construye todo el relato con una precisión moral que avergüenza a más de un adulto. La historia arranca con un engaño aparentemente menor: el cine del barrio anuncia una película de gorilas, y Hazel convence a su familia de ir. En la sala proyectan un film religioso. La reacción de Hazel ante esa mentira —que escala hasta incendiar el puesto de golosinas del cine— podría leerse como una rabieta infantil. Bambara no lo escribe así. Lo escribe como un acto de justicia. Hazel argumenta ante su padre, antes de que pueda castigarla, que simplemente actuó conforme a los valores que su propia familia le enseñó: las palabras deben cumplirse, los compromisos se honran. Tiene tanta lógica que el padre guarda el cinturón.

Ese mismo cuento contiene una segunda traición, más íntima. El tío Hunca Bubba —así lo ha llamado Hazel toda la vida— anuncia que se casa con otra mujer. Cuando Hazel le recrimina que había prometido casarse con ella de mayor, él responde que era un juego, que ella es una niña. Bambara toma en serio la indignación de Hazel. No la infantiliza, no la ridiculiza. Con ese gesto narrativo —aparentemente sencillo— articula algo que la literatura de su época rara vez hacía con niñas negras, reconocer la validez de su experiencia emocional y la agudeza de su percepción del mundo. En una tradición literaria que durante décadas convirtió a las mujeres y niñas negras en personajes secundarios, en víctimas o en arquetipos, Bambara las hizo protagonistas de su propia historia.

La narradora Hazel aparece en varios de los quince relatos con distintas inflexiones y edades, creando lo que algunos críticos han leído como un universo de personajes conectados, una suerte de comunidad literaria donde los mismos nombres reaparecen en diferentes momentos de su vida. Esa ambigüedad es deliberada. Bambara construye un tejido comunitario, no retratos individuales. Sus personajes existen en relación con otros, con el barrio, con la historia colectiva.

Uno de los cuentos más estudiados de la colección es «The Lesson», donde Miss Moore, una mujer negra universitaria del barrio, lleva a un grupo de niños desde Harlem hasta la tienda de juguetes de lujo F.A.O. Schwarz en Manhattan. Al ver que un velero de juguete cuesta más de mil dólares —lo que sus padres ganan en un año—, la narradora Sylvia tiene que procesar lo que eso significa. La lección no es solo sobre desigualdad económica. Es sobre quién naturaliza el lujo, quién carga con la culpa de su propia exclusión y quién tiene derecho a la indignación. El lenguaje en ese cuento, como en todos los de Bambara, no cede ni un centímetro a la corrección académica. Sus narradoras hablan en Black vernacular English, el habla coloquial afroamericana, con toda su música, su ironía y su densidad cultural. Esa elección no es un recurso pintoresco. En 1972, la voz literaria dominante en la narrativa breve estadounidense seguía siendo la de escritores blancos. Bambara escribió desde otro lugar completamente distinto, sin disculparse, sin hacer concesiones al gusto del establishment.

Sus influencias declaradas son Langston Hughes y Zora Neale Hurston, dos pilares del Renacimiento de Harlem que también apostaron —con polémica incluida— por el lenguaje vernáculo negro como material literario legítimo. Bambara recoge esa herencia y la lleva al contexto de los años sesenta y setenta, donde el Movimiento de las Artes Negras exigía una literatura que hablara desde adentro de las comunidades negras. La académica Ruth Elizabeth Burks describió la voz narrativa de Bambara como reminiscente de los espirituales negros, con sus ritmos marcados y sus descripciones altamente gráficas. Esa musicalidad venía de que Bambara había estudiado danza, teatro y mimo antes de dedicarse a la escritura, y esa formación corporal está presente en la cadencia de cada frase.

Gorilla, My Love salió en el mismo período en que Bambara editaba The Black Woman (1970), la antología pionera que reunió por primera vez voces de mujeres negras escritoras, académicas y activistas, concebida explícitamente como respuesta a dos silencios simultáneos: el del feminismo blanco, que ignoraba las especificidades de las mujeres negras, y el del nacionalismo negro, que las relegaba a un segundo plano político. Que Toni Morrison —quien entonces ejercía como editora en Random House y que en 1993 sería Premio Nobel de Literatura— eligiera el manuscrito de Bambara para publicarlo no fue casual. Morrison dedicó parte de su trabajo editorial a construir un catálogo de escritoras y escritores negros que la industria ignoraba de forma sistemática. El Chicago Daily News dijo cuando salió el libro: «Bambara te agarra por la garganta. Deslumbra, encanta.»

Que La Fuga Ediciones publique ahora Gorilla, My Love en castellano, en traducción de Leticia Cosculluela Viso, no es solo una buena noticia literaria. Es una corrección. Un clásico que llevaba más de cincuenta años esperando llegar a las lectoras hispanohablantes puede por fin leerse en la lengua en que muchas de nosotras nombramos el mundo. Y en ese mundo, la voz de Hazel —furiosa, exacta, dispuesta a quemar lo que haga falta cuando se le falta al respeto— sigue siendo completamente contemporánea.

Tania Castro

Historiadora

Santander (España)



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