La construcción del término “NEGRO”

El término “negro” surge a partir de diferentes procesos históricos, su simbolismo esta relacionado con la esclavitud, es por eso que negro y esclavo fueron sinónimos debido a su conversión  inseparable en condición jurídica única.

A partir del Siglo XIII los europeos comienzan a extender su poder e influencia sobre Asia y África para terminar a fines del siglo XV incorporando a América a sus mercados y a sus necesidades de consumo. El desarrollo del comercio y la economía europeas aumentaron su necesidad de metales preciosos para acuñar monedas. Este fue uno de los motivos de la expansión. Además querían eliminar los costosos intermediarios y llegar directamente a las fuentes de producción de los valiosos productos orientales, redacto el historiador argentino Felipe Pigna.

En este proceso de expansión, conquista y desarrollo de nuevas actividades comerciales, surgió la necesidad de construir un nuevo modelo social basado en la diferenciación, es por ello que la piel fue el atributo seleccionado para darle estructura, en el que la pigmentación se vuelve la materia prima con la que se fabrica la diferencia y el excedente, regulando así las relaciones coloniales. 

La diversidades que componen las etnias africanas fue reducida y asociadas a un tono de piel, creando en simplificación absurda, la denominación “negro”. En el libro Crítica de la razón negra” del escritor Achille Mbembe  se establece que la asignación a las personas de origen africano como “negros” fue un proceso histórico, el cual tuvo como objetivo la construcción de sujetos de raza y cuerpos de extracción desde el parámetro de la blanquitud occidental y europea. Para este autor la construcción de esta categoría racial se llevó a cabo con éxito a través del principio de raza, que se define como: “Una forma espectral de la división y de la diferencia humana susceptible de ser movilizada con fines de estigmatización y exclusión, de segregación, por las cuales se busca aislar, eliminar y en efecto destruir físicamente un grupo humano”.

Sin embargo, Mbembe también explica que “África y negro” son dos nociones asociadas entre sí debido a que poseen una relación embrionaria debido a que una le da significado a la otra, es por eso que negro y esclavo fueron palabras sinónimas: en ellas un color de piel se volvió inseparable de una condición jurídica. 

Origen epistemológico según Mbembe.

El término negro tiene un origen ibérico, y hace sus primeras apariciones en textos escritos en lengua francesa, justo a comienzos del siglo XVI, pero es en el siglo XVIII a partir del tráfico de personas para someterlas a la esclavitud cuando pasa a ser una palabra de origen corriente.

En el plano epistemológico, “negro” no designa a simple vista una realidad significante, sino un yacimiento de fantasías urdidas por occidente a la categoría “negro” que con el paso de tiempo se estratificó, se transformó en una membrana y terminó por convertirse en una cáscara calcificada. 

A partir del siglo XIX esta cáscara adoptó una existencia autónoma al funcionar indistintamente como un motivo ornamental. Entonces, Desde un punto de vista estrictamente histórico, la palabra “negro” remite en primer lugar a una fantasmagoría. El interés por estudiar esta fantasmagoría reside no solamente en lo que está dice a propósito de aquellos que la fabricaron, sino también sobre la problemática, ciertamente antigua, del estatus de las  apariencias y del comercio que las apariencias entablan con la realidad; la simbología de colores.

Esclavitud como proceso de deshumanización del negro.

La esclavización de personas negras como por parte del sistema de dominación y de conquista tiene distintas etapas. El tráfico de esclavos en África, primero fue dominado por los árabes, millones de africanos habían sido vendidos y transportados en caravanas a través del Sahara o embarcados en el Índico. En el siglo XV los europeos copiaron ese “mercado”, debido a las nuevas necesidades producto de la  conquista de nuevos territorios en el continente americano.

El sistema esclavista, fue imponiendo una imagen distorsionada de las personas negras cuyo objetivo era justificar el esclavismo. La clasificación de los grupos humanos en «superiores» e «inferiores» fue el inicio del racismo evolucionista, que situaba a los negros en lo más bajo de la escala.

Según Mbembe al transformar al africano en esclavo con el objetivo de extraer de él el máximo beneficio posible, no sólo se convierte en objeto a un ser humano, no sólo se marca con una huella indeleble,  lo que se produce es, sobre todo,  el negro, es decir: se produce el sujeto de raza o, inclusive, la figura misma de aquello qué puede ser mantenido a una cierta distancia de sí y de lo que es posible deshacerse en cuanto deja de ser útil.

Asimismo, establece la siguiente diferenciación: “Si hay algo que distingue a los regímenes esclavistas  trasatlánticos de las formas autóctonas de esclavismo en las sociedades africanas precoloniales es, sin lugar a dudas, que estas últimas jamás  pudieron extraer de sus prisioneros una plusvalía a la que se obtuvo en el nuevo mundo.  De modo que el esclavo de origen africano en el nuevo mundo representa una figura relativamente singular del negro, cuya particularidad fue la de ser uno de los engranajes esenciales de acumulación a escala mundial”.

Recuperación y resignificación del término negro según Mbembe.

La palabra “negro” fue recuperada por los movimientos europeos de vanguardia y por los poetas de origen africano, a comienzos del siglo XX, es por ello que el término negro se hace radical,  lo que conlleva a una revaluación de la contribución africana y la historia de la humanidad.  La revaluación de la contribución africana al proyecto de una humanidad nueva tiene lugar en un contexto de renovación de la crítica estética y de la política anticolonial.

Esta crítica anticolonial, es vanguardista y anarquista, y retoma una gran parte de mitos y estereotipos coloniales y se esfuerza por darle la vuelta en donde el “sustantivo negro” ya no remite a la experiencia de un vacío que es necesario llenar, ahora el sustantivo se ha transformado en concepto, y es allí donde el negro pasa a tener el triple aspecto de una anunciación, una transfiguración y una denuncia.


Frantz Fanón  sugiere que el negro es una figura o, inclusive, un objeto inventado por el blanco y fijado como tal a través de su mirada, sus gestos, sus actitudes; una figura urdida por el blanco a partir de mil detalles, anécdotas, relatos. A lo que Mbembe agregó: que el blanco es, en más de un sentido, una fantasía de la imaginación europea qué occidente  se impuso naturalizar y universalizar. Según Fanón  el negro no existe,  al menos no más que el blanco. No obstante, estas dos categorías no remiten más que a un vacío.

La fantasía del hombre blanco frente a la esclavitud, según Mbembe.

A partir de 1709, la composición de la fuerza de trabajo da un vuelco. La cantidad de africanos que son esclavos de por vida superan con creces el número de mano de obra explotable de origen europeo obligado a realizar trabajos forzosos temporales, y que se benefician, al final de su cautiverio, con la liberación

Este proceso va acompañado de una enorme actividad reglamentaria cuyo objetivo es el establecimiento de distinciones netas  entre mano de obra explotable y esclavos africanos por un lado, y mano de obra explotable de origen europeo por otro.  A partir de 1661, el sistema de penas impone una lógica explícitamente racial. A la mano de obra explotable de origen europeo se le prolonga el período de cautiverio. Las relaciones sexuales interraciales son desterradas. La movilidad de los Esclavos se reduce drásticamente, mientras los blancos pobres son encargados de asegurar las patrullas.  Se prohíbe a los negros portar arma, al contrario, a cada blanco emancipado se le suministra  un mosquetón.

 En consecuencia, tres determinantes históricos explican esa fuerza que es la fantasía del blanco,  esta  credulidad fue cultivada, alimentada, reproducida  y diseminada por un conjunto de dispositivos teológicos,  culturales, políticos, económicos  e institucionales. Durante siglos, la  historia y la teoría crítica de la raza dieron cuenta de la evolución y de la consecuencia de esos dispositivos, en donde la función de estos dispositivos fue transformar esta creencia en sentido común.

Desde este punto de vista la fantasía del blanco actúa como una constelación de objetos de deseo y marcas públicas de privilegio.  Estos objetos y marcas involucran tanto el cuerpo como  a la imagen,  el lenguaje y la riqueza  y como cualquier fantasía ánima siempre instituirse en lo real, bajo la modalidad de una verdad social efectiva.  La fantasía del blanco pudo conseguirlo porque se convirtió en un fin, en la marca de un modo occidental de presencia en el mundo, en una capacidad sin igual para el sometimiento y explotación de pueblos extranjeros.

El sustantivo negro y la modernidad según Mbembe.

El sustantivo negro ha cumplido tres funciones esenciales durante la modernidad,  funciones de asignación, interiorización y de giro.  En primer lugar, sirvió para designar, no a personas humanas como todas las demás, sino,  a lo sumo, a  una humanidad aparte, de un género particular; persona que por su apariencia física, sus usos y costumbres y su manera de estar en el mundo parecían dar cuenta de la diferencia en su manifestación más brutal,  somática, afectiva,  estética e imaginaria.  Aquellos a quienes llamamos “los negros”, se nos aparecen inmediatamente como personas que, precisamente por su diferencia onírica, representan hasta la caricatura el principio de exterioridad por oposición al principio de inclusión. En consecuencia, no habría resultado difícil de imaginar porque el único vínculo que podía unirnos a ellos era el vínculo de separación.  Al construir un mundo aparte,  no podían convertirse en sujeto plenos de nuestra vida en comunidad.  Migración, separación, apartamento, es así como el negro vino a significar, esencialmente y más allá de cualquier discurso, el orden de segregación.

Históricamente, aquello que  habían sido bautizados con el apodo negro y,  en consecuencia, habían sido marginados o separados, terminaron por aceptar vivir con él, de modo que el mote pasó a ser de usó corriente.  Sin embargo, otros  aceptaron portar ese patronímico  deshonroso,  símbolo de abyección,  para hacer de él un emblema de belleza y orgullo; para convertirlo en la insignia de un desafío radical, de un llamado a la revuelta, la deserción y la insurrección.  Entonces son estos tres momentos: la asignación, la recuperación e interiorización y el giro e inversión, este último, por otra parte, es el momento que inaugura la recuperación plena y sin concesiones del  estatus de humanidad que había sido suprimido por el hierro y el látigo.

Fuente de este texto: Capitulo II del  libro: “Crítica de la Razón Negra” de Archille Mbembe.


Melina Schweizer

Periodista Dominico-Argentina, ciudadana y libre pensandora


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