Colectiva Katari

El cantautor Argentino Facundo Cabral, tiene un clásico versionado en miles de voces, que reza »No soy de aquí, ni soy de allá».¿Que persona negra y afrodescendiente, nacida en Abya Yala, no se ha sentido alguna vez como el título de esta canción?. La esclavitud y el colonialismo, han fraccionado en tantos pedazos nuestra herencia, que es normal, sentirse perdido en algún momento, y andar en búsqueda constante, de esos retazos de nuestros ancestros, diluidos en el tiempo, y bajo el latigazo del desarraigo cruel del mayoral. Hemos perdido tanto, que en esa perdida, nos reencontramos buscando, quienes somos, para que los que vengan, sepan quienes serán. Se que soy una mujer negra, migrante, descendiente de personas que fueron esclavizadas y nacida en una Isla de del Caribe. Pero a veces en el fragor de mi lucha, se me olvida, que mis primero besos, fueron con los pies enterrados, en esa tierra de mestizajes, herencias y ancestralidades, que sus hijes llaman orgulloses, Abya Yala.

Obra de collage de la artista María Berrio

Por eso, no pude evitar sentirme nerviosa, cuando leí el email, de que Colectiva Katari, quería tejer lazos a través del dialogo, y el intercambio de saberes, con varias comunidades, entre ellas las de las feministas negras y afrodescendientes. Simpatizo con su lucha. Y me meso hipnótica bajo toda la fuerza heredada, que desprenden. Fuerza huracanada y dulce, como las anécdotas que llevan a cuestas, de todas sus ancestras. Pero no puedo evitar pensar que son blancas, que estoy fuera de lugar, y que mi dolor, tan válido como el de ellas, se distancia, bajo la opresión de llevar mi piel negra a cuestas. No puedo estar más equivocada. Y eso hace que entre en conflicto interno, y que el doloroso proceso de decosntrucción, empiece a hacer su trabajo.

Con mucha paciencia, y un coraje infinito, las compañeras de Colectiva Katari, me muestran, ese fragmento de interseccionalidad, que encaja a la perfección con lo que sigo buscando. Y sus dolores y preocupaciones, pasan a formar parte de los míos. Las masacres en Cuba de todos los territorios indígenas que lo habitaban, por parte del colonialismo español, ha dejado muy poca huella, de pueblos que correteaban antaño libres, orgullosos y soberanos. Entonces me sumerjo en el ambiente pacifico y aguerrido que esas mujeres encarnan, y danzo con la imagen  flotando de mis ancestras y las suyas, conviviendo en total armonía, traspasándose pociones y conocimientos.

Se que es totalmente inverosímil. Sin el exterminio de sus antepasadas, las miás no hubieran sido raptadas, en un intento de seguir perpetuando el colonialismo que conocemos hoy. Pero la idea de comunidad que desprenden, me resulta tan maravillosa, que por primera vez en mi vida, desde que hablo con otras feministas blancas latinoamericanas, me siento como en casa.

Las Katari, revindican sus cuerpos-territorios, y transcriben una y otra vez, las huellas invisibilizadas que la historia les arrancó.  A través de manifestaciones en espacios públicos, generan conservatorios, talleres, textiles políticos y apoyan a los eventos de otras colectivas de Abya Yala y el sur en general que radican en Barcelona. La deidad  que las representa, una serpiente que fue llamada por el pueblo Aimara, como Katari, mantiene el equilibrio entre la naturaleza y las personas viajando entre los espacios para sacar a la luz lo oculto.

No somos tan diferentes, muchas de nuestras deidades Orishas, son mujeres aguerridas, con una gran dulzura, que oscilan entre los dolores terrenales y los divinos. La sangre, que tiñe nuestras memorias genéticas, en la otra parte del mundo, en otra época, y en otro espacio, están tan unidas, como las luchas que llevamos a cabo. El cese de todo sistema capitalista, racista, patriarcal y colonial. Sigo pensando que no soy de aquí, ni soy de allá. Pero para que sino, es importante, entre otras cosas, la reivindicación de otros feminismos, sino es para el autoaprendizaje, en sus diferencias, de lo que desconocemos y lo que nos une. 

Soy una mujer negra, migrante, descendiente de personas que fueron esclavizadas, nacida en una Isla del Caribe y ahora, gracias a vosotras, grito que también, orgullosa hija de Abya Yala. 

Gracias compañeras. ¡Muchas gracias!


Dayana Catá

‌Educadora especial y escritora. Ante todo humana, negra, cubana, mujer y activista. Todo en ese orden y con el mismo grado de intensidad.


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