Diario de pandemia 3. Adios Twitter y soñando con Morgan Freeman

Estos días han proliferado las películas de catástrofes en las plataformas y cadenas televisivas, quizás buscando que visualicemos ese final feliz que todos necesitamos como agua de mayo. 

Me he tragado casi todas, mis preferidas son las que tienen que ver con ataques de alienígenas o la llegada de un meteorito que destruye la Tierra. En este subgénero del subgénero del cine de catástrofes, siempre, cuando todo parece perdido, todo el planeta se une para vencer la amenaza, después de un discurso lacrimógeno del presidente de los Estados Unidos (como bien mandan los cánones de la colonización cultural) que puede interpretar Morgan Freeman o un atlético tipo blanco y joven expiloto de las fuerza aéreas.

A mí, el presidente estadounidense que me ha tocado es ese señor naranja llamado Trump, un bufón incapaz. Tampoco tengo interés en que los norteamericanos me salven, más bien parece que en esta ocasión ni siquiera pueden salvarse a sí mismos. Lo que me gustaría es que no nos matásemos entre nosotras.

Cuando entro en Twitter me doy cuenta de que lejos estamos de remar todas en la misma dirección. Solo hay que darse una vuelta por las cuentas de opinadores y políticos para comprobar que no se trata de dar esperanza, sino de restar credibilidad al rival. No solo nuestros ilustres electos, a los que ya conocemos, también periodistas están en este juego de desgaste al adversario buscando que cuando esto pase, tengan la imagen por los suelos y así las siglas a las que se patrocina (incluido los periodistas) recojan los restos del naufragio.

Únicamente sería patético, si no fuera también peligroso. Desviar la atención de la ciudadanía del objetivo único que es salir de esta pandemia, es irresponsable y está lejos de contribuir. La extrema derecha se frota las manos. Sabe que en el previsible escenario de enormes cifras de paro y situaciones económicas calamitosas viene su mejor cosecha de odio y resentimiento removido por el miedo. El ambiente constante de bulos, ataques personales y basura de las redes sociales, especialmente Twitter, solo beneficia a la extrema derecha que se mueve cómoda en ese ambiente. Hacerles el juego les hace crecer.

Estoy viendo Independece Day y llega esa escena donde la humanidad decide contraatacar a los alienígenas. Chinos, rusos, israelíes y árabes unidos, capitaneados por los americanos (es Hollywood) para acabar con la amenaza. La realidad es otra.

Lo que vemos cada día es que los estados, regiones o ciudades compiten por material médico y están en un sálvese quien pueda vergonzoso. Los representantes, mediocres e incapaces, piensan en salvar su carrera política y me temo que harán lo que sea por conseguirlo. Nada nuevo bajo el sol.

No es casualidad la afición de Trump por Twitter. Tengo una cuenta  en esta red social hace cuatro años. Era mi ventana hacia lo que pasaba en las redes. He decidido borrarla y no contribuir a este espectáculo del miedo y resentimiento, mezclado con el odio.

Mientras seguiré soñando con que Morgan Freeman es el presidente de Estados Unidos.


Elvira Swartch Lorenzo

Elvira Swartch Lorenzo

Colaboradora habitual en Afroféminas. He trabajado de todo. Hija de migrantes afrocolombianos.


Desde hoy y hasta que termine la crisis al final de los artículos de Afroféminas encontraréis esta imagen. El enlace da acceso al mapa interactivo de recursos que ha puesto en marcha @CEAntirracista Cualquier ayuda, aporte y recurso es necesario para personas en especial estado de vulnerabilidad. Puedes entrar a través de este enlace:

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