Educación negra

La mayor parte de las Instituciones Educativas en Colombia, especialmente en Santiago de Cali, se han dedicado a narrar una sola historia de la llegada de los africanos a Europa, América Latina y demás países del mundo; esto ha producido en los estudiantes un efecto negativo y desconocedor de resistencia, cultura e identidad de su diáspora africana.

El motivo por el cual hago mención de una de las grandes carencias que tiene el sistema educativo, es por que los directivos, docentes y familiares que lo conforman no han podido, o querido, reconocer que esta indiferencia e ignorancia histórica lleva a que los niños, niñas, adolescentes y algunos adultos afrodescendientes quieran encajar en los estereotipos racistas y burlescos que han sido implementados por algunas personas de tez blanca que desconocen nuestra verdadera historia.

Para contextualizarlos mejor les comentaré la anécdota de un miembro de mi familia; estudia en un colegio privado en Cali, es la única joven de tez negra en su salón de clases, fue víctima de aislamiento de parte de sus compañeros de aula por ser de tez negra y tener cabello afro; este acto de división estaba generando en ella inseguridades. Al buscar refugio y orientación en los brazos de su madre, se da cuenta de que no tiene las palabras adecuadas para guiarla, pero se percata que una de las mujeres de su familia anda con su cabello rizado suelto luciéndolo con poder y orgullo. Al sentarse a dialogar con ella sobre identidad la identidad africana nota que la historia que le han contado las docentes en el colegio sobre el Continente Africano está incompleta y no es la única que existe.

Cuento esto para que puedan visualizar y concluir conmigo que una de las razones por la cual muchos de los niños, niñas y adolescentes negros no se identifican como descendientes de africanos, crecen con complejos y en ocasiones bajo autoestima al momento de buscar encajar en los estereotipos sociales de prosperidad profesional y personal, es porque solo han escuchado en los establecimientos educativos o de los miembros de su núcleo familiar una única historia de África y su diáspora, la cual desde una mirada “blanca” está relacionada con pobreza extrema, guerra, enfermedades y esclavitud; logrando robar nuestra dignidad y dificultar una igualdad humana al momento de solo enfatizar en nuestras diferencias étnicas en vez de las similitudes. 

Este problema informativo va de la mano con el poder de querer ser más grandes que el otro; en el pueblo igbo del sudeste de Nigeria comprende en su dialecto lingüístico el alfabeto latino y define este poder de opresión en una sola palabra “NKAIL”. El mismo que se ve constantemente en las clases de historia cuando solo nos cuentan por ejemplo, que las personas negras llegaron a América latina en barcos como esclavos, y mediante la Ley 70 de 1993 se dio el reconocimiento a las comunidades afrodescendientes en la propiedad territorial de los ríos de la cuenca del Pacífico; estos dos aportes son importantes al nivel de cultura general afro, pero no son suficientes porque dejan a un lado la historia de reconocimiento cultural, política, económica y profesional que han logrado y siguen obteniendo las mujeres y hombres afro durante la historia, con efectos de identidad afro o afrocolombiana en cada infante y ciudadano.

Para concluir les haré mención de dos cosas, la primera es una de las afirmaciones que hace la escritora Nigeriana Chimamanda Adichie en su artículo “El peligro de una única historia”

“Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso”.

La segunda es una recomendación para que guiemos a cada niño, niña, adolescentes y adulto a conocer la historia tan inigualable que rodea a esta hermosa etnia negra, conformada de renuencia a dejar de ser libres, inspiración a ser reconocidos no solo por nuestra tez sino en cada una de las disciplinas profesionales que nos rodea social y políticamente. Yo ya comencé a hacerlo con cada miembro de mi familia independientemente del género, porque las mujeres deben de saber que somos poderosas y valiosa por nuestra intelectualidad, nuestro rasgos fisiológicos y cabello afro, y los hombres para que comprendan que una mujer negra no es solo caderas, glúteos o senos grandes, por el contrario somos una pieza de arte inigualable e incomparable, irremplazable. Es hora bellas mujeres que ilustremos a esta nueva generación negra y enseñemos a amar su diáspora africana.


Karen Yiseth Hinestroza Narváez

Afrodescendiente, feminista, y abogada ; de nacionalidad Colombiana, residente en Santiago de Cali, Valle del Cauca.

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