Sororidad, la supuesta hermandad entre mujeres que esconde otro tipo de opresión

La primera vez que escuché esta palabra fue en una de las movilizaciones de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en la ciudad de Buenos Aires. Ahí, frente al Congreso de la Nación, se acuñaban decenas de vendedorxs con botones y remeras con esa palabra: sororidad. Cuando busque lo que este concepto significaba me pareció bastante curioso como sólo había experimentado esa solidaridad entre mujeres cuando estaba con otras mujeres racializadas y especialmente, en espacios feministas afrocentrados. 

Fui a muchos espacios feministas siendo la única persona racializada; y en la mayoría de ellos siempre era la única afrodescendiente. Era común no sentirme representada por quienes ocupaban determinados lugares de poder, dentro y fuera del movimiento feminista; pero cuando migré no sólo dejé de verme en esas personas, sino que sentí que no era bienvenida en esos espacios y que mi presencia en tanto mujer negra incomodaba. 

¿Cómo podía sentirme entre hermanas cuando me sentía constantemente violentada por ellas? ¿Cómo pensar que eran solidarias conmigo y con mis hermanxs cuando eran incapaces de cedernos espacios e invalidaban nuestras voces incluso si hablábamos de racismo? Pensar en que por el simple hecho de ser mujeres, había algo que unificaba nuestras experiencias y nos hermanaba, en realidad escondía como muchas de nosotras estamos sujetas a otras estructuras de opresión y como, las más privilegiadas en su mayoría, no tienen ningún tipo de interés en reconocer sus privilegios y menos aún, en escuchar a las voces subalternas, oprimidas por relaciones de poder disímiles al patriarcado.

Una vez más la interseccionalidad complejiza estos postulados característicos del feminismo mainstream y visibiliza a quienes somos incesantemente discriminadxs en estos espacios, muchas veces incluso acusándonos de separatistas, en el caso de nosotrxs, por distinguir la categoría étnica como vital en el análisis transversal del feminismo.

En un feminismo, tal como plantea bell hooks en el título de su obra, que es para todo el mundo, lejos de segmentar a una mujer en particular como el sujeto político de su lucha, pueda articular con distintas causas y a partir de esa compresión entienda, como la sororidad es sólo posible si nuestra compromiso en tanto feministas no se reduce a deconstuir las relaciones sexo generizadas sino es capaz de extenderse a luchas que incluso, son ajenas a nuestra identidad. Y que si ese proceso de deconstrucción no nos interpela en tanto sujetx políticx de esas luchas, actuemos como aliadxs y aprendamos a ceder espacios, porque si no nos empoderamos todas sino las más privilegiadas, no hay ningún tipo de emancipación.


Alejandra Pretel

Afrocolombiana radicada en Argentina. Estudiante de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Militante afrofeminista, antirracista y bisexual. 

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