Las exhibiciones humanas, ¿problemas del pasado?

Hace poco encontré una foto  particular. La foto en cuestión se trata de una niña negra con vestido blanco, la cual es alimentada por una mujer blanca a través de una cerca. Dicha foto constituye el resumen del auge de los zoológicos humanos. El anterior es uno de los temas tabú de occidente, y que involucró a países tales como Bélgica, Francia, Inglaterra y  Estados Unidos, entre otros. Hoy día, al ver la fotografía muchos se sonrojarían, denunciando lo nefasto de la situación. Incluso, darían gracias, a cualquier deidad en la que crean, por la supuesta eliminación de estos zoológicos. Sin embargo, en esta ocasión invito a la posibilidad de replantearse esta creencia. 

Consideremos un ejemplo de las exhibiciones humanas, especialmente las de aquellas personas no blancas.  Imaginemos a brazos blancos, que usualmente pertenecen a turistas o a voluntarios, alzando a cuerpecitos negros. Ahora bien, por lo general, las caras blancas sonríen mientras que las negras lucen perplejas. El motivo es que, después de todo, no tienen idea de por qué los están alzando, tocando o abrazando adultos desconocidos, que probablemente ni siquiera pidieron permiso. Impacta la familiaridad de esta escena, ¿no creen? A lo largo de mi vida he visto varias situaciones como estas y he llegado a la conclusión de que si bien en la actualidad ya no hay cercas que separan a los negros de los blancos, y las manos blancas han perdido el miedo, o el pudor, de tocar las pieles negras. La mistificación y objetivización de los cuerpos negros; la creencia de que los cuerpos negros pertenecen a los blancos/blanco-mestizos; y el complejo de salvador blanco, son los principales factores que continúan perpetuando las exhibiciones humanas en la actualidad.

Para empezar, en términos generales, se pueden diferenciar tres tipos de exposiciones humanas desde comienzos del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX: a) Exhibiciones etnológicas de tipo comercial; b) exhibiciones coloniales y, c) exhibiciones religiosas o misioneras. Aunque las exhibiciones mencionadas difieren entre sí, todas se fundamentan en la misma base: la representación de seres humanos considerados exóticos o salvajes con el fin de exaltar las diferencias raciales, entre los individuos blancos y los no blancos (Sánchez-Gómez, 2013), y de esta manera  reafirmar la superioridad de la raza blanca. En otras palabras, estas exhibiciones eran un medio para exacerbar, modificar, y despojar de todo valor cultural el actuar los sujetos no blancos. No con el fin de mostrar lo que «hace», como sería el caso de un artista, sino lo que «es» (Blanchard, 2008), o lo que los blancos pretenden que sea.

En segundo lugar, lo mencionado se logra debido a la creencia de que los cuerpos negros pertenecen a los individuos blancos y, por ende, su único fin es satisfacer, entretener y admirar a los últimos. Lo anterior se evidencia en la cotidianidad de maneras aparentemente inocentes y se refuerza gracias a la exaltación de comportamientos y características que, según los blancos, no concuerdan con sus formas de ser.  A manera de ejemplo quiero que piensen en los momentos en que se han dado cuenta de que:

Los cuerpos negros se pueden tocar, “¿puedo tocar tu pelo?”

Los cuerpos negros son lascivos, “¿es verdad que los negros lo tienen grande?”; “Las negras tienen un culo”

Los cuerpos negros son salvajes, inhumanos, «si no fuera por nosotros los negros vivirían en la mierda».  

Los cuerpos negros tienen como fin entretener, “Baila, baila que las negras lo mueven muy bien”.

En tercer lugar, las representaciones humanas actuales, a saber fotos, videos, documentales, entre otros, tienen como base el complejo del salvador blanco, (les invito a leer el artículo “No necesito que me salves” de la hermana Tania).  El complejo del salvador blanco se caracteriza por la idea de que “el colonizador tiene la obligación moral de civilizar los bárbaros pueblos que conquista, como si de ello no sacara beneficios, por cierto ilícitos y, por cierto, de los modos más sanguinarios. En consonancia con esa idea, el colonizador llega es a ayudar” (Pardo,  2018).  A pesar de que éste complejo es celebrado y aplaudido por muchos, dificulta la posibilidad de generar interacciones genuinas entre las partes. Como consecuencia, los sujetos racializados se convierten en algo para compartir, mostrar y  exhibir. Por lo general, en situaciones supremamente descontextualizadas y en las que el centro de atención es siempre el individuo blanco a pesar de que se pueda creer lo contrario. 

Para finalizar, considero que nos encontramos ante un híbrido de las exhibiciones humanas, las cuales disfrazan su racismo a través de la caridad, en estos casos tan perjudicial como la indiferencia, y que son producto, entre otras, de la mistificación y objetivización de los cuerpos negros; la creencia de que los cuerpos negros pertenecen a los blancos/blanco-mestizos; y el complejo de salvador blanco. Por tal motivo, es importante dejar de celebrar y aplaudir a los actores principales de éste tipo de discriminación que, lejos de diferenciarse de prácticas de otrora y debido al auge tecnológico, se filtran en nuestros hogares. 


REFERENCIAS

Pardo López, A. M. (7 de octubre 2018): El complejo del salvador blanco. Disponible en: https://www.metroflorcolombia.com/el-complejo-del-salvador-blanco/ 

Sánchez-Gómez, L.A. (2013) “Human Zoos or Ethnic Shows? Essence and contingency in Living Ethnological Exhibitions. » Culture & History Digital Journal 2(2): e022. doi: http://dx.doi.org/10.3989/chdj.2013.022.


Paola Palomino

Tengo 23 años y soy de Bogotá, Colombia. Soy Licenciada en Lenguas Modernas. Y soy negra.

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