Estéticas afrodiaspóricas y danza antirracista. Sankofa en Ciudad de México

Sankofa, compañía de danza afrocontemporánea de Colombia, se presentó hace algunos días en uno de los teatros más importantes de la Ciudad de México, el Esperanza Iris.

Sankofa, palabra de origen africano, significa regresar a la raíz… como filosofía es “volver al pasado para comprender el presente y avanzar hacia el futuro”. Rafael Palacios, director de la compañía, encontró en Sankofa el espacio para construir un lenguaje dancístico afro contemporáneo propio.

Rafael nació en Medellín, su papá es chocoano y su mamá antioqueña. La danza fue primordial para su construcción identitaria, para descubrirse como hombre negro:

“Me parecía que Sankofa era lo que siempre me había dado luz, que era conocer el Chocó cuando era pequeño y luego conocer a África para estudiar, no para disfrazarme de chocoano o de africano, sino para entender quien soy como hombre negro que nace en cualquier parte del mundo, pero que tiene muy hondas sus raíces”.

Sankofa, como filosofía de vida, permitió que Rafael Palacios creara una compañía de danza contemporánea negra. Rafael cuenta con una trayectoria dancística impresionante, se formó en París y Senegal, recorrió 18 países de África, regresó a Colombia y fundó Sankofa hace 22 años. Corporación Sankofa es un espacio de investigación corporal e intelectual, de formación y creación coreográfica. Tiene presencia no sólo en la ciudad de Medellín, sino también en las comunidades afro del Pacífico colombiano.

¿Quiénes son los bailarines y bailarinas de Sankofa?

Ellos vienen de las regiones negras de Colombia, en su mayoría. Algunos han nacido en Antioquia, en Medellín, porque sus padres han venido de otras regiones. Son jóvenes que se interesan por autoafirmar su identidad negra, porque están en la ciudad de Medellín. Muchos de ellos ya han bailado en sus pueblos y en sus regiones, o sea, que son bailarines formados en danza tradicional, muchos de ellos en danzas afrourbanas como la salsa choke, el hip hop… Como son todas estas técnicas las que ellos traen, son las que aparecen en el escenario. Algunos no son bailarines profesionales, pero como cotidianamente les gusta bailar, se profesionalizan porque empiezan a recibir más técnica, más conceptos en escena, en fin.

Algo que nos dicen a las personas que estudiamos danza académica es que sin ballet es imposible bailar. En la propuesta corporal de Sankofa, yo no vi puntas de pies, ni posiciones de ballet, ¿qué podrías decirme al respecto de la formación hegemónica en la danza que considera al ballet como una técnica corporal central?

Lo que me estás preguntando tiene que ver con esas heridas coloniales que nos han quedado, con esa manera eurocéntrica de pensar el mundo, el saber y el cuerpo. En la Escuela Nacional de Danza de París estudié ballet clásico, danza contemporánea y danza moderna durante 5 años. El ballet es una técnica muy valiosa, es una técnica que también forma el cuerpo de una manera específica y con unas herramientas muy sólidas, pero el ballet no es más valioso ni más importante que la técnica de la cumbia o que la técnica del abozao o que la técnica del mapalé, es simplemente una técnica más que existe en el mundo, de la cual uno podría aprender y tomar lo que uno quiera o lo que a uno le sirva. Esta mirada eurocéntrica nos hace creer que el ballet clásico es la madre de todas las danzas y eso, es un error. Lo que yo creo es que Sankofa trata de cuestionar el conocimiento establecido, Sankofa recoge el lugar en la sociedad que nosotros nos merecemos, que nos han quitado… además como nos han silenciado nuestro cuerpo, como lo han convertido en algo que no nos pertenece.

¿Cómo se puede crear una danza contemporánea desde las raíces, desde una identidad propia? Sankofa trata de alejarse de ese lenguaje común para podernos encontrar a nosotros mismos y para poder validarnos y no esperar a que nos validen. Entonces, pensando en la estética del cuerpo negro, en la estética de los conocimientos afrodiaspóricos tenemos miles y miles de técnicas importantes a las que podemos apelar para darle sentido, forma y manera a ese cuerpo que baila. A lo que voy es que los ballets folklóricos apelan al ballet clásico para estilizar la danza tradicional, para darle un lugar de alta cultura. Nosotros dialogamos con otras técnicas, preferimos remitirnos a la capoeira, ¿qué elementos de la capoeira podrían formar nuestro cuerpo y nuestra manera de bailar? Nos remitimos a las técnicas de danza afrocolombiana, pero también a las afrocubanas, a las afrobrasileras, africanas tradicionales y afro contemporáneas. ¿Cómo empezar a depurar nuestras propias técnicas, nuestras visiones de ver el mundo y la danza para que en el escenario haya un lenguaje estético muy propio, una voz de autorreferencia? También para crear otras pedagogías y otras metodologías, en donde nuestra danza alcance los niveles que nosotros queremos que alcance y de la manera en que nosotros queremos llegar a ella.

¿Qué puedes decirme sobre el lema de la compañía “queremos bailar para ser escuchados, más que para ser vistos”?

La danza es un lenguaje muy visual, eso ya lo sabemos, pero se ha caído en un estereotipo de la danza negra en donde es muy representada desde lo erótico y desde lo exótico, por una visión capitalista que pide gente negra voluptuosa, ojalá con aceite en el cuerpo para que brille, con poca ropa. Entonces yo no creo que tengamos que negarnos a nuestra esencia sensual, erótica. No, no es eso, pero no podemos dejar que se cuente una sola historia sobre nosotros, ni que nos conviertan en una sola historia… Entonces ahí es muy importante para nosotros entrar al escenario, más que para ser vistos para ser escuchados, para contar una historia con nuestros cuerpos, para narrar una historia, para cuestionar una sociedad, para denunciar injusticias con un cuerpo negro, racializado que tiene mucho que exigirle a esta sociedad, que tiene mucho que aportar. Yo creo que ahí entra el lema, esa frase que nos identifica, porque, definitivamente, tenemos que dejar de bailar para complacer, tenemos que bailar para crear las condiciones políticas reales que nos conviene para avanzar como comunidad.

Hablemos ahora sobre la Ciudad de los otros, ¿cuánto tiempo tiene esta obra? 

La Ciudad de los otros es una obra que tiene 10 años. Lo que le importa a Sankofa es que todos seamos visibles. Si hay una persona del Chocó que trae unos conocimientos, una manera de moverse y de afrontar la vida, mientras que de pronto hay otra persona de Tumaco o de Cali… es decir, todas las luchas son tan valiosas que no hay que homogeneizarlas, hay que amplificarlas. A mí me interesa que el público identifique el currulao, el mapalé… que nos identifiquen como pueblos negros diversos que se unen para dar un discurso, con todas las diferencias que hay antes de construir ese mismo discurso. 

Sobre las opresiones que recaen sobre esos cuerpos negros en la ciudad, yo diría que no es que se adapten, sino que esos cuerpos están ahí encarcelados tratando de defenderse ante la disciplina que tratan de imponerles. Ellos están en esa lucha de resistencia donde pueden aceptar vestirse de esa manera, porque es la manera en la que nos van a dar trabajo. Pero eso no quiere decir que nosotros nos hayamos asimilado a su cultura, nosotros venimos y trabajamos desde lo que nosotros sabemos. Hay unas barreras grandes que se rompen en el escenario, específicamente, con las tablas. Ahí es donde entran las historias que nosotros mismos nos contábamos durante el proceso de creación y que recaían una y otra vez en el mismo lugar común de exclusión, de discriminación. Esas tablas las significamos de una manera no tan metafórica si no más literal, más contundente, para que el público entienda de qué estamos hablando. Pero por supuesto, hay mucho en toda la historia que contamos, el público tiene el derecho a pensarlo y analizarlo de sus propias maneras. Nos han dicho cosas que, como coreógrafo, yo no las había pensado así y que, desde luego, enriquece mucho la puesta en escena.

Para Sankofa son muy valiosos los momentos que consideramos femeninos, en los que la mujer es la que tiene la voz y la pauta. Yo creo que esos momentos son importantes porque, precisamente, son los que nos ayudan a romper con esos estereotipos que tiene la sociedad sobre la gente negra y sobre todo, sobre las mujeres en el escenario. Todo eso conforma las historias que ustedes leen, con las cuales llegan a identificarse. Es ahí cuando el público es partícipe activo de una historia que está recibiendo.

¿Cómo crees que este trabajo contribuye a la lucha antirracista y anticapitalista?

Es ingenuo pensar que a través de la danza vamos a cambiar las cosas en el mundo, pero yo sí creo que desde cualquier punto de apuesta a la vida que tengamos como gente negra, tenemos que decirle a la sociedad que somos conscientes de lo que está pasando y que necesitamos transformarla en conjunto, que no sólo es un trabajo nuestro, nosotros no podemos ganar la lucha solos, ellos también tienen que unirse a nuestras luchas y sumar su manera de pensar. Entonces yo creo que la danza sí aporta en la medida que, por ejemplo, si hay algún estereotipo sobre la gente negra, por ejemplo, que la gente negra de por sí baila, si existe una ideología racista que dice que “los negros llevan el baile en la sangre, que eso no es disciplina, que no es fácil”, pero si ven unas puestas en escena que hablan de política, donde el hombre y la mujer están representados de la manera que nosotros consideramos que es digna, que la sensualidad y el erotismo se reemplazan por un discurso político serio, pues yo creo que el espectador sí sale cuestionado, sea un espectador blanco, blanco-mestizo o negro, quien sea que nos vaya a ver.

Nuestra hermana Valeria Angola junto a Rafael Palacios

Rafael espera regresar el próximo año. Para él es fundamental trabajar con otras compañías de danza para visibilizar el tema afro en México. Él habla de la importancia de tener un diálogo con bailarines afromexicanos, que a través de encuentros, talleres y clases, se generen vínculos para que converjan las luchas de los pueblos negros en la Diáspora.


Valeria Angola

Delegada de Afroféminas en México. Afrocolombiana residente en México. Licenciada en Etnología y Artes Escénicas. Profesora de danza.

Twitter e IG @valurulu

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