Chile no necesita una educación inclusiva, necesita una educación antirracista

Podríamos empezar por analizar el término de “inclusión” dentro de lo que es la práctica en los colegios hoy día. Se cree, que con celebrar el 18 de septiembre e incluir los bailes típicos de Haití, Colombia o República Dominicana, ya se les está educando a los niños para ser seres capaces de aceptar las “diferencias culturales” en la adultez. Pero demos un retroceso, la migración en Chile no empieza sobre el 2004 con los “afrocaribeños” como añaden algunos textos, la migración de manera sistemática en Chile empieza sobre el año 1850 con la llegada de alemanes y la idea de “mejorar y blanquear la gran raza chilena”, y que hasta el momento este hecho se hace ver en el imaginario colectivo de lo que es ser chileno.

La “educación inclusiva” permite que un “otro” pueda desarrollarse en la cultura de un país receptor en este caso Chile, muchas veces sin la urgente necesidad de entrar a un diálogo de orígenes. Conversando con una docente de un colegio en la región metropolitana, en donde gran parte de los matriculados son afrodescendientes, me decía que la estrategia del colegio era que el 18 de septiembre ponían palabras en kreyol, y que los niños de cada nacionalidad hacían sus bailes, para que no se sintieran excluidos. Sin embargo, me quedé pensando que esta reproducción cultural no es más que un exotismo sobre las personas afrodescendientes. Ahora, es importante mencionar que cuando hablo de un “otro”, estoy refiriéndome al hecho del imaginario colectivo citado anteriormente y que con frecuencia, la Afrodescendencia se encuentra en una categoría social de otredad, en donde el migrante afrodescendiente en este caso, viene con tradiciones que no se ocupan en Chile, dotadas de salvajismo, y nula capacidad intelectual.

La propuesta que hoy planteo es entrar a un diálogo de orígenes a partir del mestizaje, Afrodescendencia y lo indígena, donde los niños más que observar desde afuera “otra” cultura, puedan en principio entender cómo se desarrolla la historia de América Latina, y con ello los orígenes a los que pertenecemos, es decir, crear su propia política identitaria. La conversación entre estas tres identidades debe partir de la base con que lo afro e indígena no es ni fue esclavo, sino esclavizado, y que claramente surgen amplios procesos de reivindicación, que hasta hoy perduran. Con ello estamos haciendo cara frente al racismo sistemático que tiene como punto de partida en lo social la colonialidad mental a través de la educación primaria. Y es que, ¿qué persona negra no quiso ser negro cuando le informaron en el colegio que el negro fue esclavo, y nunca pensó?

La educación antirracista, debe construir un diálogo entre identidades, observándonos todos como sujetos de Derecho y personas con capacidades intelectuales. Esta servirá para reconstruir la pérdida de identidad al que muchos niños afrodescendientes e indígenas se someten con la migración.  Y al niño receptor entender que este cuerpo que migra es un ser íntegro, con historia, memorias, y saberes propios, así mismo, aceptando y abrazando las suyas. Recuerdo que realizando una actividad en la que leía el cuento “niña bonita” pregunté a los niños si creían que ella era bonita, si su pelo y piel les parecía lindo. A lo que una de ellas respondió:

… “No me gusta su piel ni su pelo, no sé parece a mí. Mi mamá dice que la gente así viene a quitar el trabajo” …

A lo que respondí:

… Bueno, pero no importa que no se parezca a ti, ella es diferente porque viene de otro lugar, y tiene otra historia. ¿Sabes de dónde vienes? Y ella me contesta no.

Esta respuesta, es la falta de conversación entre identidades, nos muestra la reproducción de estereotipos derivados de la esclavitud y claramente un rechazo al migrante de clase trabajadora afrodescendiente. Por ello la importancia de conversar y desarrollar identidades, de categorizar lo afro e indígena como algo extranjero, salvaje y no pensante. Insistiré hoy y siempre en desarrollar la historia verdadera de América Latina, de comentar que la actual migración afrodescendiente no es el origen de la Afrodescendencia en Chile, y compartir las diferentes luchas afro que llevan a tener una consciencia y a abrazar la negritud. Hoy el país tiene una deuda con abrazar su mestizaje, y hacer frente a la historicidad de los niños afrodescendiente e indígenas que están en el colegio.  Por ello invito a que construyamos diálogos identitarios antirracistas. 


Juliette Micolta

Representante de Afroféminas en Chile Activista, modelo, emprendedora.

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