¿Por qué no ha habido grandes artistas mujeres diversas?

Las categorías sexo, raza y clase, en sus múltiples combinaciones, juegan un papel fundamental para poder entender en qué medida unos sujetos únicos pueden tener más oportunidades de ser catalogades como «buen artista” bajo los prismas de las lógicas racistas y heteropatriarcales.

Tomando como referencia la lectura del ensayo de Linda Nochlin ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?  https://www.vitoria-gasteiz.org/wb021/http/contenidosEstaticos/adjuntos/es/87/78/48778.pdf aporto una serie de reflexiones desde la Interseccionalidad. 

¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?

En este ensayo Nochlin hace una revisión desde la crítica feminista para encontrar respuestas a esta pregunta. Al leer algunas de las exposiciones que aporta, coincido con Linda en cuanto a señalar una de las razones principales la limitación de la formación, experimentación y largo aprendizaje de las técnicas y procesos que han sufrido las mujeres y que les han impedido crear grandes obras de arte; determinados sujetos políticos han sido sometidos a la exclusión estructural de todos los sistemas que conforman el camino de un gran artista. 

Sin embargo, no hay milagros que hacen que una mujer pueda ser una gran artista. Es más interesante poder analizarlo desde la Interseccionalidad, enfoque que nos permite entender por qué, aunque la categoría mujer es una línea de opresión, algunas mujeres pueden llegar a conseguir un grado de excelencia elevado en el arte y otras no, por qué algunas personas negras han conseguido traspasar esos límites y otras no. Estas incógnitas las podemos resolver sin necesidad de acudir a milagros u otras causas místicas, si entendemos que cada sujeto se posiciona en las estructuras de poder social de forma interseccional y que, pertenecer a una categoría oprimida, no nos exime de pertenecer a la vez a una categoría privilegiada, de forma que aquellas mujeres o aquellas personas negras que consiguen algo de éxito en los sistemas patriarcales y racistas es porque ostentan otras categorías intersectas que le permiten acceder a privilegios. Esto por supuesto no significa que puedan llegar a alcanzar los éxitos máximos del hombre blanco en la estructura de poder. 

Bajo este análisis, podemos entender entonces por qué todas las mujeres que consiguieron un espacio en el mundo del arte contaban con padres ya artistas que las apoyaron tanto económica como socialmente en su carrera. Así, habitualmente las categorías sexo, raza y clase, en sus múltiples combinaciones, juegan un papel fundamental para poder entender en qué medida unos sujetos únicos pueden tener más oportunidades de ser catalogades como «buen artista” bajo los prismas de las lógicas racistas y heteropatriarcales. De esta forma, si pensamos en un sujeto político al que le atraviesen todas las identidades oprimidas del sistema multidimensional, mujer trans, lgtbq, negra/racializada, pobre, discapacitada, sin apoyo social, sin acceso cultural, religión minoritaria (entre otras), es probable que haya muy pocas probabilidades de que acceda a oportunidades materiales para desarrollar este tipo de manifestaciones artísticas.

Estas cualidades de «heroína” o «rebelde” no hace más que apoyar la tesis meritocrática de ilusión de igualdad que nos venden los neo-machismos, en el que todas las mujeres, como si éste fuera un grupo homogéneo, podemos tener la posibilidad de acceder a las altas esferas de las profesiones, arte incluido, si somos «lo suficientemente valientes”, poniendo de ejemplo a mujeres con éxito artístico contemporáneo. Nada más lejos de la realidad, la única forma de conseguir que todas las mujeres podamos tener la oportunidad material y estructural de ser grandes artistas pasa por una organización colectiva feminista, que subvierta los cánones de arte que son apoyados por las grandes maquinarias de la cultura del arte, y que pueda crear espacios para sostener a cualquier mujer que, independientemente de sus intersecciones de poder, pueda encontrar un reflejo en la autorrepresentación artística y en el éxito social, cultural y económico de ser reconocida como gran artista. 


*Foto de portada departures.com: Billie zangewa. Nació en Malawi, creció en Botswana y ahora vive en Johannesburgo. Ha llegado al camino a la prominencia gracias a su enfoque único de la creación artística: en lugar de pintura, cose cuadros de seda cruda con exquisitos detalles.


Doris Otis Mohand

Afroandaluza. Psicóloga Sanitaria. Cursando Máster en género.
Feminista e inquieta sobre las relaciones de poder interseccional. Puedes consultar su trabajo  AQUÍ

Un comentario

  1. las categorías sexo, raza y clase que describes, en su entrecruzarse, dificultan de un modo fortísimo el acceso a la cultura, que es el terreno del arte. Esto desde el sujeto que lo produce, las mujeres. Luego además la cultura cargada de esos prejuicios no valora sus producciones, combinando ambos elementos un coctel mortal para la producción y valoración del arte por la mujer y más si es negra. Hay que tener en cuenta además que históricamente en occidente el arte ha sido tema de élites, que proporcionan la promoción y la base económica. Occidente es la cultura dominante y la que hasta hoy marca qué es arte. Por tanto, conseguir alguien que sea mujer, de raza negra y pertenezca a las élites… una aguja en un pajar. No tendrá acceso a los medios culturales y económicos para producir arte y si lo hace ese arte no será valorado.

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