Todos somos alguien

Saben bien los que defensores de las políticas de odio que es más difícil odiarse entre iguales. Por eso hablan de inmigración como la responsable de todos los males de España

“Cuando los odios andan sueltos uno ama en defensa propia.” Esta frase de Benedetti ha rondando mi cabeza las últimas semanas. Desde la anterior campaña hasta el comienzo de esta segunda cita con las urnas.

En parte, por la deshumanización contra inmigrantes. Un argumento construido en base a distinguir, a separar, a inventar un “OTRO” que ayude a poner distancia entre seres humanos. Convertir la diversidad en diferencia. Con todas las connotaciones negativas que puede llevar esta palabra en el peor de los contextos. Es esta idea del otro la que anula la empatía que haría imposible votar a partidos políticos que atacan tan de frente (y diría que hasta con orgullo) los derechos humanos. Sin rubor.

Lo que resulta curioso es como esta idea ha calado en la sociedad, blanqueando un mensaje profundamente peligroso. Han construido una suerte de realidad paralela y la fe del carbonero ha hecho el resto.

En esta España multirracial en la que vivimos, es raro quien no tiene en su círculo vital (sea más o menos cercano) algún migrante o  descendiente. Es algo que se ha naturalizado de tal manera que ha perdido esa etiqueta para muchos. De ahí que se haya creado esa disociación entre los migrantes de los que hablan las noticias o criminalizan los partidos racistas y los que forman parte de sus vidas.

Cuando les señalas que ese discurso racista de quien habla es de sus vecinos, amigos, familia y/o compañeros de trabajo lo rechazan frontalmente. Que ellos no son de esos. Que son los “otros”.

Saben bien los que defensores de las políticas de odio que es más difícil odiarse entre iguales. Que poner nombres y apellidos, conocer su historia y su vida desmonta las mentiras sobre las que están construyendo una España retrógrada. Por eso hablan de inmigración como concepto abstracto, la amenaza fantasma erigida como dueña y señora de la responsabilidad de todos los males de España (explotación de los recursos, delincuencia, pérdida de identidad, falta de integración…) convirtiendo la inmigración en un delito en sí. El delito de existir en un país que no es el tuyo.

Pero esa inmigración real son tus vecinos, tus amigos, tus familiares. Y ese debe ser el referente. Personas sin etiqueta. Gente con la que convives en tus rutinas, en una normalidad que te ha hecho olvidar que lo son porque no cuadran con los prejuicios que te han vendido. Recuerda esto cuando votes, cuando te replantees tus principios, cuando reflexiones. No estás luchando contra los “otros”. No existen. Todos somos alguien.


Amavi Akakpo

Periodista.Redactora de Afroféminas. Presenta el programa Soultown en Unika Fm.

Instagram:@aatinajero

Twitter:@AmaviAkakpo

2 comentarios

  1. Buenos días:

    Muy buen post. En Lavapiés, donde vivo, ese partido político infame puso un stand. Me acerqué a ellos (todos hombres blancos de, como mínimo, metro ochenta de estatura) y les dije dos cosas: Que no nos iban a quitar la Ley Integral contra la Violencia de Género y que no van a deportar ni a quitarles la sanidad a nuestros/as vecinos/as.

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