Afroperuanos, invisibles desde hace siglos

Afroperuanos, invisibles desde hace siglos
Foto ANDINA

“¿De dónde eres? ¿De Cuba?”. Ésta es la pregunta que han tenido que escuchar muchas veces mi familia materna en el Perú, un país en el que un 4% de la población se identifica como afroperuano según censo realizado en 2017 por el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática).

Aunque pueda parecer asombroso – e incluso ofensivo- que determinadas personas desconozcan que existe población afrodescendiente en Perú, lo cierto es que durante muchos siglos hemos sido invisibilizados. De hecho, la representación de los peruanos continúa basándose en el Machu Picchu, su imperio incaico, y se transmite la idea de que la población es el mestizaje resultante de un español y un indio nativo, lo cual genera que los grupos minoritarios como los afroperuanos permanezcamos ocultos en el imaginario colectivo. Las historias de nuestros antepasados fueron eliminadas, y por ello, ni siquiera en los colegios se nos cuenta las grandes aportaciones de los afroperuanos tanto en el proceso de la independencia como posteriormente. Pero la eliminación de la historia de los afrodescendientes no es algo anecdótico, se lleva produciendo durante siglos en América Latina desde la época de la colonial y, por supuesto, Perú no es la excepción.

Personalmente, soy de madre afroperuana y padre blanco mestizo. Nací en Colombia pero al poco tiempo me fui a vivir a Perú con mis padres, y fue tal vez la primera vez que pude apreciar el racismo sin tener aun consciencia de ello. Éste racismo es producto de la ocultación del pueblo afroperuano, que ha conllevado su exclusión y que la mayoría vivan en situación de pobreza (un 23% frente al 14% nacional según EPA, 2015). Recuerdo que cuando era niña me gustaba ir al teatro con mi madre, habían niñas que se me acercaban y me preguntaban: “¿Quién es esa señora? ¿Tu cuidadora?”. Yo decía que era mi madre y ellas simplemente nos quedaban mirando porque se sorprendían que yo tuviera la piel más clara que ella y porque pensaban que las personas afrodescendientes no disponían de recursos para ir ese lugar. Esta situación no era anecdótica, sino que formaba parte de los estereotipos que se han creado en torno a la población afroperuana durante mucho tiempo.

analí gómez
La tablista peruana Analí Gómez, la primera tricampeona sudamericana de surf de la WSL.

Ya lo hacía evidente Victoria de Santa Cruz en su poema “me gritaron negra” que surgió a raíz de una situación que vivió durante su niñez cuando otras niñas blanco mestizas no la dejaron jugar por su color piel. Una situación similar la viví en mi infancia cuando una mi prima vino a visitarme para jugar conmigo en la urbanización donde vivía. Una de las niñas me dijo que no jugaría con ella, y yo le pregunté por qué y le comenté que era mi prima, ante lo que ella respondió: “¿En serio son primas? ¿Y por qué ella es negra y tú no?”. Respondí que no lo sabía, yo veía normal que una misma familia existieran distintos tonos de piel aunque al parecer otras personas no. Por supuesto que no dejé que aquella niña hiciera de lado a mi prima, y jugamos juntas. Las niñas suelen imitar lo que ven en los padres y, muy probablemente sus padres hubieran influido en sus percepciones sobre los afrodescendientes. Pero esta educación se puede traducir en violencia, que se puede dar desde negar a un niño/a que juegue con el resto del grupo hasta en la adultez tener escuchar que te gritan “negra/o” de manera despectiva en la calle, lo cual sin duda socava la moral.

Y si pudiera parecer que por ser afrodescendiente de piel más clara te libras de sufrir racismo, no es así, aunque bien es cierto que el privilegio de la piel más clara está ahí y no pasas las mismas situaciones ni tan frecuentes que tus familiares que tienen la piel más oscura. Yo lo sufrí en mi adolescencia, sin ser consciente de ello, cuando estudiaba en Madrid con unas compañeras peruanas. Ellas siempre se reían de mi cabello porque decían que estaban muy desordenado, que no me había peinado o directamente me llamaban “bruja”. Les parecía muy novedoso que tuviera el cabello ondulado y con frizz ya que ellas lo tenían completamente liso. Debido a esto, hubo un tiempo que mi cabello no me gustaba para nada y empecé a abusar de tintes y planchas. Y aun así con el cabello alisado me decían que seguía pareciendo “despeinada” porque el cabello no estaba “completamente liso”. Debido a esto, me estropee el cabello hasta el punto que ya no tengo las ondas que tenía antes. Cuando se lo comenté a mi madre me contó que su familia tenía hermanas que les había pasado lo mismo. Mis tías que tenían la piel más clara intentaron alisar de todas las maneras posibles su cabello para no sufrir discriminación por parte de otras personas e intentar ocultar su negritud. Esto suele suceder con algunos afrodescendientes de piel clara en Latinoamérica que intentan ocultarse a sí mismos para no sufrir racismo.

Probablemente si nos preguntan a cada uno de los afrodescendientes todos y todas podríamos contar alguna racistada que hemos vivido en alguna parte del mundo. Pero esto no es algo anecdótico, sino parte de un sistema estructuralmente racista. Es hora de cambiar esta situación, somos más que una etiqueta, alcemos nuestras voces para empoderarnos. ¡Aquí estamos y juntxs somos más fuertes!

fotodianaDiana Sierra
Periodista especializada en comunicación, cultura y ciudadanía digitales.
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