Testimonio de una joven afro

Mis padres son de Gambia. Cuando era pequeña mi madre nos rapaba la cabeza a mi y a mi gemela. Supongo que era para ahorrarse el trabajo de peinarnos a las dos todos los días. Cuando fuimos creciendo, nosotras y nuestro pelo, mi madre nos hacia las típicas trenzas arrapadas: cuatro trenzas, dos a cada lado. ¡Y yo las odiaba! Quería ir con el pelo suelto como el resto de niñas, sin darme cuenta que yo no tenía el mismo pelo que ellas.Pero quería a mi pelo igualmente.

Con los años, un día decidí dejarme el afro, sin más, estaba harta de trenzas y trenzas. Mis amigas se burlaron de mi y de mi pelo. Me sentía extraña, ellas me hacían sentirme así. Pero a mi me gustaba, me gustaba como me quedaba. Me sentía identificada con mi pelo, no quería odiarlo.

¿Porque a ellas les gustaba su pelo, y a mi no me podía gustar el mío? Decidí que no me harían daño sus palabras y sus burlas. Seguiría queriendo a mis rizos, y seguiria luciendo mi pelo, todos los días.

Porque para mí AFRO es…

Afro, negra.

Afro, cultura.

Afro, amor.

Afro, confianza.

Afro, conciencia.

Afro, rebeldía.

Afro, lucha.

Afro, historia.

Afro, política.

Afro, orígenes.

Afro, revolución.

Afro, resistencia.

Afro, MamÁfrica.

La revolución será afro o no será!!!!

 

 

10 comentarios

  1. Estupenda decisión Gisela, no tienes nada que envidiar a nadie por tu pelo, por desgracia al vivir en occidente, nos dan solo una versión de belleza femenina, la del pelo lacio y la tez clara. No te dejes engañar, la belleza es tan diversa como colores hay en el arcoíris, se orgullosa de ti y el entorno te aceptara tal como eres.

    Mira, Esto lo escribió el ya fallecido expresidente de Senegal y poeta, sobre la mujer negra:

    ¡Mujer desnuda, mujer negra
    Vestida de tu color que es vida,
    de tu forma que es belleza!
    He crecido a tu sombra;
    la suavidad de tus manos vendaba mis ojos
    Y en el corazón del Verano y del Mediodía te descubro,
    Tierra prometida, desde lo alto de un puerto calcinado
    Y tu belleza me fulmina en pleno corazón, como el relampagueo de un águila.
    Mujer desnuda, mujer oscura
    Fruto maduro de carne firme,
    éxtasis umbríos del vino negro,
    boca que hace lírica mi boca
    Sabana de horizontes puros, sabana que se estremece bajo las caricias ardientes del viento del Este
    Tam-tam esculpido, tan-tam tenso que retumba bajo los dedos del vencedor
    Tu voz grave de contralto es el canto espiritual de la Amada.
    Mujer desnuda, mujer oscura
    Óleo que ningún soplo ondea, óleo calmo a los flancos del atleta, a los flancos de los príncipes de Malí
    Gacela de riendas celestiales, las perlas son estrellas sobre la noche de tu piel
    Delicias de los juegos del espíritu los reflejos del oro rojo sobre tu piel en tornasol
    A la sombra de tu cabellera se aclara mi angustia bajo los soles próximos de tus ojos.
    Mujer desnuda, mujer negra
    Le canto a tu belleza que pasa, forma que fijo en lo Eterno
    Antes de que el Destino envidioso te reduzca a cenizas para alimentar las raíces de la vida.

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