En la peluquería
Casi no puedo recordar un período de tiempo en que no haya llevado trenzas. Bueno sí, pienso en una vez en que casi se me cae el pelo a trozos (literalmente) y mi mamá se pensó que me lo había cortado con unas tijeras cualquiera. Fue un tiempo breve, en el que yo me negué a volver a pasar por el calvario de las trenzas, que no y que no. Fue un experimento fallido así que decidí quitarme la “tontería” y empezar de nuevo, aunque supusiera unos días importantes de mentalización al sufrimiento futuro que suponía lucir mi peinado estrella que, dejado el drama de la realización a un lado, adoraba.
El proceso me lo conozco de “p a pa” dado que era y es siempre el mismo. Primero quitar las trenzas con paciencia, luego alisar el cabello para facilitar el trenzado y ahorrarme más tirones, trenzar...




















