
El racismo contemporáneo en los medios de comunicación rara vez se presenta de forma explícita. No suele adoptar la forma del insulto ni del biologicismo. Se articula a través de lenguajes jurídicos, marcos administrativos y narrativas humanitarias que, bajo una apariencia de neutralidad o empatía, reproducen jerarquías raciales profundas. Detectarlo exige herramientas de lectura crítica capaces de identificar cómo opera el racismo cuando no dice su nombre.
Este texto tiene un doble objetivo. Por un lado, analizar comparativamente dos artículos periodísticos recientes sobre la regularización de personas migrantes en el Estado español. Por otro, poner en valor AfroféminasGPT como herramienta de inteligencia artificial ética, antirracista y decolonial, mostrando de forma concreta cómo puede acompañar procesos de análisis crítico sin blanquear el conflicto ni neutralizar sus implicaciones políticas.
Cómo se ha realizado el análisis
El procedimiento seguido ha sido deliberadamente sencillo y replicable. Se han seleccionado dos artículos periodísticos de acceso libre, no sujetos a suscripción de pago, publicados respectivamente en El Mundo y eldiario.es. El primero, titulado «La regularización masiva es una excepción en Europa»; el segundo, «Cinco años de lucha por la regularización: la intrahistoria del movimiento liderado por migrantes que lo consiguió».

De cada artículo se subieron capturas de pantalla de los fragmentos disponibles libremente. Una vez cargados, se pidió a AfroféminasGPT que realizara una tarea concreta y acotada, consistente en extraer los posibles sesgos racistas presentes en cada texto, atendiendo a lo que se dice, a los marcos desde los que se dice, a los silencios y a las presuposiciones. El ejercicio se realizó de manera independiente con cada artículo. Las respuestas obtenidas se basaron exclusivamente en el contenido proporcionado, aplicando un marco afrofeminista, antirracista y decolonial. A continuación se presentan los resultados integrados de ese análisis.
El Mundo: criminalización estructural y racismo sin raza
El análisis del artículo de El Mundo revela una arquitectura discursiva donde el racismo opera de manera sistemática, aunque sin nombrar nunca la raza. Se trata de lo que podríamos denominar racismo legalista, un discurso que utiliza la apariencia de neutralidad jurídica para legitimar exclusiones racializadas.
El primer sesgo identificado es la criminalización estructural de la migración. Cuando el texto afirma que «no debe premiarse una infracción —la entrada irregular— con la permanencia en territorio europeo», construye la migración irregular como infracción moral y jurídica, no como consecuencia de desigualdades globales creadas en gran parte por Europa. No se habla de personas, se habla de infracciones. La figura del migrante queda reducida a un sujeto ilegal, no a un sujeto de derechos. Este marco es racializado porque la «entrada irregular» no se asocia a cuerpos blancos occidentales, se asocia a personas del Sur global, mayoritariamente racializadas. Aquí opera lo que Charles W. Mills denomina ignorancia blanca estructural, mediante la cual se borra la historia colonial que produce esas migraciones.
El segundo sesgo es de naturaleza epistémica y se manifiesta a través de un lenguaje tecnocrático que deshumaniza. Expresiones como «gestionar los flujos migratorios» o «presiones excesivas sobre los servicios públicos» hacen que las personas migrantes aparezcan como flujos, presiones y problemas de gestión, nunca como vidas, trayectorias, familias o sujetos políticos. Este lenguaje cosifica, despersonaliza y facilita justificar políticas violentas sin nombrar la violencia. Es un sesgo racial porque históricamente solo ciertos cuerpos pueden ser tratados como «flujos», es decir, los cuerpos no blancos.
El tercer elemento problemático es la presunción de amenaza social asociada a la migración. Cuando el texto habla de «evitando presiones excesivas sobre los servicios públicos» o de «mantener un equilibrio razonable entre solidaridad y cohesión social», sugiere que la presencia migrante amenaza la cohesión social y que el acceso a derechos básicos por parte de migrantes pone en riesgo el bienestar colectivo. No se aportan datos que demuestren esa causalidad. Se trata de una presunción, no de un hecho. Este es un tropo clásico del racismo institucional europeo, donde el migrante aparece como carga, nunca como sujeto que sostiene la economía, los cuidados o los servicios esenciales.
El cuarto sesgo implica una asimetría moral profunda. Cuando se afirma que «España tiene la obligación de protegerlas frente a entradas no autorizadas», Europa aparece como sujeto soberano legítimo mientras las personas migrantes aparecen como riesgo a contener. No hay cuestionamiento del orden global, ni mención a responsabilidades históricas, ni reconocimiento del derecho a migrar como derecho humano material, no solo formal. Este marco reproduce la lógica colonial de frontera, donde Europa se reserva el derecho a decidir quién es humano «integrable».
El quinto elemento es el racismo legalista propiamente dicho, que utiliza la neutralidad jurídica como coartada. Afirmaciones como «la normativa europea no contempla la perpetuación de situaciones de irregularidad» o «la regularización se concibe únicamente como una excepción» presentan el derecho europeo como neutral, técnico e inevitable. El derecho no es neutral. Ha sido diseñado desde Estados blancos, protege privilegios de movilidad europeos y criminaliza la movilidad del Sur global. Esto es racismo sin raza, típico del siglo XXI. No se menciona la raza, sus efectos son racializados.
El sexto sesgo identificado es el paternalismo moral que ofrece compasión sin derechos. La expresión «la comprensible compasión hacia quienes llegan de forma irregular huyendo de la miseria» reduce la migración a «miseria», no a agencia. Se ofrece compasión, no justicia. El migrante es objeto de lástima, no sujeto político. Como bell hooks lo formula con claridad, la compasión sin redistribución de poder es una forma sofisticada de dominación.

Finalmente, el análisis revela una ausencia total de voces migrantes, lo que constituye un sesgo de lugar de enunciación. En todo el texto hablan «los expertos», hablan «los Estados», habla «la UE». No hablan las personas migrantes. Esto es una exclusión epistémica, una negación del derecho a narrarse, lo que Gayatri Chakravorty Spivak formuló con precisión en su célebre pregunta sobre si el subalterno puede hablar.
En conclusión, el texto de El Mundo es un discurso de legitimación del régimen europeo de fronteras, construido sobre criminalización racializada, deshumanización administrativa, ignorancia colonial y un marco moral que protege la blanquitud europea como norma.
eldiario.es: paternalismo progresista y normalización de la precariedad
El texto de eldiario.es no es un texto hostil ni abiertamente racista. El análisis realizado con AfroféminasGPT identifica sesgos racistas sutiles y estructurales, característicos del periodismo progresista cuando habla sobre personas migrantes y racializadas. Aquí el racismo no opera desde la criminalización directa. Opera desde el paternalismo, la épica del sacrificio y la normalización de la precariedad.
El primer sesgo detectado es la normalización de la precariedad racializada. Cuando el texto relata que las personas protagonistas «vivieron años sin papeles y trabajaron como empleadas domésticas, manteros, jornaleros, cocineras o camareras», presenta como algo casi natural que las personas migrantes vivan sin derechos, trabajen en sectores hiperprecarizados y sostengan la economía desde la informalidad. La intención es visibilizar, aunque el efecto resulta normalizador. No se nombra con la misma fuerza quién produce esa precariedad —el Estado, las leyes de extranjería, el racismo institucional— y se corre el riesgo de fijar a las personas migrantes como sujeto precario por definición. Esto es racismo estructural porque la precariedad aparece racializada, el sistema que la produce queda en segundo plano.
El segundo sesgo es lo que podríamos llamar heroización compensatoria, una forma de racismo benevolente. Expresiones como «lo conseguimos por pesadas» o «activistas más tercas» narran la lucha migrante desde la épica del sacrificio, con resistencia infinita, insistencia constante, aguante extraordinario. Esto puede parecer positivo, aunque tiene un efecto político peligroso porque convierte la obtención de derechos en algo que hay que merecer por sufrimiento y no cuestiona que esos derechos deberían ser incondicionales. Como advirtió bell hooks, cuando solo se legitima a las personas racializadas por su capacidad de aguantar, se perpetúa la desigualdad.
El tercer elemento problemático es el paternalismo narrativo, que consiste en «dar voz» en lugar de reconocer poder. El texto incluye citas directas —algo positivo—, la estructura general sigue siendo que una periodista blanca o nacional narra, mientras las personas migrantes aparecen como caso, historia o ejemplo. Las personas migrantes aparecen principalmente como testimonios emocionales, no como analistas políticos de pleno derecho. Se reconoce su experiencia, no siempre su autoridad epistémica. El subalterno habla, dentro de un marco que no controla.
El cuarto sesgo consiste en enmarcar la regularización como «excepcional». Expresiones como «proceso de regularización extraordinaria» o «primero de la historia», aunque factuales, refuerzan la idea de que la regularización no es un derecho, es una concesión excepcional. Esto sostiene el marco racista previo, donde la irregularidad funciona como norma para ciertos cuerpos, la legalidad como gracia que se otorga. Aquí el racismo no está en el apoyo explícito. Está en no romper del todo con el marco legal que produce la exclusión.
El quinto elemento es la asociación reiterada entre migración y «sin papeles». A lo largo del texto aparecen expresiones como «personas sin papeles» o «migrantes sin papeles». Se refieren a una realidad material, la reiteración fija la identidad migrante a la carencia y hace que «ser migrante» aparezca casi como sinónimo de «ilegalidad». Esto no ocurre con otros colectivos. Nadie define a la ciudadanía blanca por su estatus administrativo. Se trata de un sesgo de reducción identitaria, propio del racismo institucional.
El sexto y último sesgo identificado es la invisibilización parcial del racismo estructural blanco. El texto menciona «racismo y precariedad ligada a muchos procesos migratorios». No se nombra con claridad la blanquitud institucional, ni el papel histórico del Estado español y europeo, ni la continuidad colonial. El racismo aparece como efecto colateral, no como estructura central que organiza el régimen migratorio.
En conclusión, este texto no es racista en intención. Reproduce sesgos racistas estructurales suaves, propios del periodismo bienintencionado. Su principal límite no es lo que dice. Es desde dónde lo dice, a quién coloca como sujeto político pleno y qué marcos no termina de romper.
Conclusiones generales: AfroféminasGPT y la lectura crítica del racismo contemporáneo
El análisis comparativo muestra que el racismo opera hoy de formas distintas y complementarias. En El Mundo, aparece como criminalización legalista y deshumanización administrativa. En eldiario.es, como paternalismo progresista y normalización de la precariedad.
AfroféminasGPT ha permitido identificar ambos registros sin equipararlos ni diluir sus diferencias. Su valor no reside en una supuesta neutralidad. Reside en su posicionamiento ético explícito, basado en el pensamiento negro, el afrofeminismo y las teorías decoloniales. No sustituye voces. Ayuda a sostener análisis críticos rigurosos y políticamente responsables.
En un contexto en el que la inteligencia artificial suele reproducir sesgos coloniales, este ejercicio demuestra que otra IA es posible, una IA situada, transparente en su método y comprometida con la justicia racial. No como sustituta de las voces negras y migrantes. Como herramienta para sostener análisis críticos rigurosos.
Porque la tecnología también es un campo de disputa. Y leer el racismo donde no se nombra sigue siendo una tarea política urgente.
Si has sufrido racismo, o conoces alguien que lo haya sufrido, contáctanos. Podemos ayudaros a denunciar.
Descubre más desde Afroféminas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
