lunes, agosto 3

Denise Oliver-Vélez, el puente entre las Panteras Negras y los Young Lords

Denise Oliver-Vélez murió el 15 de julio de 2026, en su propia casa, a los 78 años, tras una breve y dura lucha contra el cáncer, acompañada de su esposo Nadhiyr y de sus amigos. Se apagó una de las últimas voces vivas que atravesó, en carne propia, dos de los movimientos que redefinieron la política negra y puertorriqueña de Estados Unidos en el siglo XX. La despedida de la comunidad activista fue inmediata y sentida, con homenajes en Democracy Now!, The Amsterdam News, el propio Daily Kos, donde escribió durante años, y publicaciones que resumieron su vida con una misma frase, la de haber sido uno de los puentes reales entre las comunidades negra y puertorriqueña de Nueva York, forjado, como dijo la directora de Power 4 Puerto Rico, Erica González, en la lucha compartida de ambas comunidades.

Nació como Denise Roberts Oliver el 1 de agosto de 1947 en Brooklyn, Nueva York. Fue hija de George B. Oliver, actor y profesor de literatura dramática en Nassau Community College, aviador de Tuskegee y el primer afroamericano en integrar un elenco de una producción de Broadway de Cyrano de Bergerac, y de Marjorie Roberts Oliver, maestra del sistema de escuelas públicas de Nueva York, cuyos propios padres habían escapado de la esclavitud. Creció, en sus propias palabras, en un barrio judío jasídico de Brooklyn, y fue educada para argumentar y sostener su posición.

En septiembre de 1960 ingresó a la Music and Art High School. Durante su adolescencia se involucró en el trabajo de derechos civiles como miembro de la sección de Queens de la NAACP, y en 1963, con apenas 16 años, participó en una acción de desobediencia civil exigiendo empleo para trabajadores negros en una obra de construcción en Queens. Ese fue el primer gesto de una vida entera de organización.

Se unió al Partido de las Panteras Negras, y en 1970 las y los delegados del Young Lords Party la eligieron para su Comité Central, convirtiéndola en la primera mujer en ocupar un puesto en el órgano de dirección de la organización. La nombraron Ministra de Desarrollo Económico, el puesto más alto que había ocupado una mujer dentro de los Young Lords, la organización puertorriqueña radical de derechos humanos inspirada directamente en las Panteras Negras. Su doble militancia, negra y aliada del nacionalismo puertorriqueño, la convirtió en una figura poco común dentro de la izquierda radical de su época, capaz de moverse con autoridad en ambos espacios sin diluir ninguno de los dos.

Cuando la emisora WPFW-FM, de la red Pacifica, salió al aire en Washington D.C. en 1977 como la primera estación de la cadena formada para servir a una audiencia negra, Oliver-Vélez se convirtió en su directora de programación fundadora, la primera mujer negra en ocupar ese cargo en la radio pública estadounidense. Sostuvo esa emisora en sus años más precarios, cuando, según contó ella misma en una entrevista de 2015, «estábamos en la ruina».

Después llegó su segunda vida, construida alrededor de un aula y un teclado. Fue profesora adjunta de antropología y estudios de la mujer en la Universidad Estatal de Nueva York en New Paltz, y durante años fue editora colaboradora del blog Daily Kos, donde escribió con una regularidad que la convirtió en referencia para varias generaciones de lectores activistas. En 2024 recibió el premio «Best Ally», diseñado por la artista Sylvia Hernández, en los premios «Boricuas Holding It Down», un reconocimiento tardío a una alianza que llevaba sosteniendo desde 1970.

Su nombre pertenece a esa genealogía de mujeres negras que la historia oficial rara vez enseña en el colegio, la misma que atravesó las Panteras Negras y siguió militando durante décadas sin pedir permiso ni reconocimiento. Una militancia que, como toda militancia negra sostenida en el tiempo, también tuvo su costo físico y emocional, el mismo desgaste que tantas activistas negras cargan durante décadas de organización ininterrumpida, y que Oliver-Vélez sostuvo durante cinco décadas sin abandonar el micrófono, el aula ni la página en blanco.

Se fue hace apenas unas semanas. Deja detrás una vida que resume, mejor que cualquier discurso, lo que puede significar construir puentes reales entre comunidades que la historia insistió, durante demasiado tiempo, en mantener separadas.

Redacción Afroféminas



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